HÉRCULES
29 Jun 2009
La idea no es mía, es de BorjaMARI. Ahora que la Torre de Hércules, emblema del potencial coruñés, es patrimonio de todos, mi buen amigo BM propone que la gente comente sus correrías sexuales a los pies de tan fálico faro, entrañable lugar de encuentros gays durante décadas. Todos los mensajes enviados antes del próximo viernes serán publicados en forma de post en este blog. De momento, empiezo yo…
Una noche conocí en Marítimo a un chico de Santiago que frecuentaba (y frecuenta) el ambiente coruñés. Sus iniciales, P.L. De profesión, carnicero (con grandes manos y brazos musculados). Como ni él ni (por aquel entonces) yo teníamos casa, acabamos en mi coche, un pequeño Ford Fiesta rojo que durante años utilicé más como habitación (tipo Motel Jardín) que como medio de transporte. Fuimos, cómo no, al aparcamiento de la Torre, aunque yo, personalmente, siempre preferí el del Acuario, menos concurrido y con vistas a la bahía. Una vez allí, y dadas las reducidas dimensiones del vehículo (los asientos apenas se reclinaban) decidimos bajar y perdernos por la ladera…
A pesar de que la noche, de luna llena, estaba tan fría como la piedra, me convenció para que me tumbase desnudo sobre la roca que hay junto a una escultura con forma de barco vikingo. Y allí, con el faro como testigo, mantuve mi primer encuentro sexual en un espacio público y abierto (digo el primero, porque luego vendrían más, pero ése es otro tema). Tras el arranque exhibicionista, me vestí a toda prisa y volví corriendo al coche. Mis expectativas festivas ya estaban más que cubiertas aquella noche. Las de mi partener no. Me comentó su afición a observar culos ajenos y me propuso espiar el interior de los otros coches aparcados junto a la Torre. Me negué en rotundo. Él no desistió. Con la camisa desabrochada y los pantalones todavía medio bajados acercó su nariz a la ventanilla trasera de un Seat Ibiza negro, tuneado, con alerón y llantas de aleación.
Mientras arrancaba mi Fiesta para marcharme, vi a través del retrovisor como uno de los ocupantes del Ibiza salía del interior medio en pelotas y le metía un puñetazo en plena cara a P.L. Con razón, claro. Por mirón.




