Archivo para Junio, 2009

La idea no es mía, es de BorjaMARI. Ahora que la Torre de Hércules, emblema del potencial coruñés, es patrimonio de todos, mi buen amigo BM propone que la gente comente sus correrías sexuales a los pies de tan fálico faro, entrañable lugar de encuentros gays durante décadas. Todos los mensajes enviados antes del próximo viernes serán publicados en forma de post en este blog. De momento, empiezo yo…

Una noche conocí en Marítimo a un chico de Santiago que frecuentaba (y frecuenta) el ambiente coruñés. Sus iniciales, P.L. De profesión, carnicero (con grandes manos y brazos musculados). Como ni él ni (por aquel entonces) yo teníamos casa, acabamos en mi coche, un pequeño Ford Fiesta rojo que durante años utilicé más como habitación (tipo Motel Jardín) que como medio de transporte. Fuimos, cómo no, al aparcamiento de la Torre, aunque yo, personalmente, siempre preferí el del Acuario, menos concurrido y con vistas a la bahía. Una vez allí, y dadas las reducidas dimensiones del vehículo (los asientos apenas se reclinaban) decidimos bajar y perdernos por la ladera…

A pesar de que la noche, de luna llena, estaba tan fría como la piedra, me convenció para que me tumbase desnudo sobre la roca que hay junto a una escultura con forma de barco vikingo. Y allí, con el faro como testigo, mantuve mi primer encuentro sexual en un espacio público y abierto (digo el primero, porque luego vendrían más, pero ése es otro tema). Tras el arranque exhibicionista, me vestí a toda prisa y volví corriendo al coche. Mis expectativas festivas ya estaban más que cubiertas aquella noche. Las de mi partener no. Me comentó su afición a observar culos ajenos y me propuso espiar el interior de los otros coches aparcados junto a la Torre. Me negué en rotundo. Él no desistió. Con la camisa desabrochada y los pantalones todavía medio bajados acercó su nariz a la ventanilla trasera de un Seat Ibiza negro, tuneado, con alerón y llantas de aleación.

Mientras arrancaba mi Fiesta para marcharme, vi a través del retrovisor como uno de los ocupantes del Ibiza salía del interior medio en pelotas y le metía un puñetazo en plena cara a P.L. Con razón, claro. Por mirón.

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Ocurrió en Nueva York (¿dónde, si no?) hace exacatamente 40 años. Un 28 de junio de 1969 la clientela del Stonewall Inn (mítico bar de Greenwich Village y uno de los pocos que, de forma discreta y bajo sus luces de neón, acogía por aquel entonces a buena parte de la comunidad gay de la ciudad) se enfrentó violentamente con la Policía, empeñada en llevar a cabo una redada en el local.

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Aquel enfrentamiento transformó la conciencia de los activistas por los derechos de los homosexuales, que se unieron, se hicieron visibles y lucharon por su integración definitiva en la sociedad. Así, de manera espontánea, diversas formaciones organizaron una protesta de varios días de duración contra la acción de las autoridades, contra el Partido Republicano del entonces gobernador Nelson Rockefeller y contra la (entonces considerada) homofóbica revista Times.

La misma manifestación volvería a repetirse un año después, convocada ya como la Primera Marcha por el Orgullo Gay, que reunió en las calles de Manhattan a más de 2.000 personas y que marcó el inicio de la liberación homosexual.

Ay, Cantón, que te veo muy depre y no se puede andar por la vida con unos puntos de vista tan nihilistas, hombre… Por cierto, hay una canción que no recuerdo si era de José Guardiola o de Bonet de San Pedro (auténticos hits marico-vintages) que decía “ay, amor ya no me quieras tanto, ay, amor no sufras más por mi…). Ya te la pasaré.

Pues bueno, sobran las excusas por mis prolongadas ausencias. Simplemente te diré que no sabes lo que es el estrés. Y hazme caso cuando hablo de estrés porque sé de lo que hablo. Si tú supieras, oh Cantón, el sacrificio que para mi supone el sentarme una vez cada una o dos semanas a dedicarte mi ya clásica epístola, valorarías en su justa medida la valía de mi amistad y de mi entrega a tu proyecto divulgativo-bloguero que tanto bien nos aporta a todos los que vivimos nuestra sexualidad conforme a las normas dictadas en la noche de los tiempos por el legendario príncipe Cosmólitei… (vale, vale, si no sabes quien es ya te lo explico un poco más abajo).

Y al grano:

Me he despertado con la noticia de dos óbitos trascendentales para la historia contemporánea, Michael Jackson y Farrah Fawcett-Majors. De “Jako” poco tengo que decir, nunca he sido fan y reconozco que sus delirios poperos no han pasado a la historia de mi juventud como lo hicieron, por ejemplo, los de Daniela Romo, Bertice Reading (una estrella olvidada) o Engelbert Humperdick. Eso sí, huevos sí que le echó a la vida el pavo, porque sus “flirts” con el bisturí y el mariconeo extravagante (siempre fiscalizado por la comunidad hetero bienpensante, todo sea dicho) dejan en el más espantoso de los ridículos al “affaire” de Johnny y Vienna (estos no hará falta que explique quienes eran, ¿no?). Así que como me gusta ir contra corriente y sé que casi toda la corrección politico-marica va a denostar al ídolo infartado, aquí va mi recuerdo y reconocimiento para su grotesca figura. Y es que los jovenzuelos de hoy en día ignoran que, en mis tiempos, los JACKSON FIVE lucieron los primeros paquetes televisivos que inauguraron la conveniente irrigación sanguínea de mis cuerpos cavernosos. Bueno, es que los jovenzuelos de hoy en día ignoran que existieron los JACKSON FIVE. Y a Janet y a La Toya que les den, que los guays eran los chicos. Un kiss, Michael, directo al heaven.

Pero Farrah…
(oh, Farrah…)

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Perdón por no escribir antes. Estaba tratando de digerir mi fracasada noche de San Juan y su posterior resaca. Me explico:

Resulta que hace dos semanas, cuando me encontré a C. a las puertas de Marítimo tal y como ya relaté aquí, le di mi nuevo número de teléfono sin ser muy consciente de lo que hacía (es lo que me pasa cuando dejo que el señor Johnnie Walker piense y actúe por mí). Pues bien, C. me llamó el martes para invitarme a bajar con él al Orzán y saltar alguna hoguera (como si él solito no me tuviese ya bastante quemado). Le digo que no, que trabajo al día siguiente y que no me quiero acostar tarde. Me propone entonces que le acompañe el próximo sábado a la Marcha del Orgullo (recordatorio para despistados: sale a las 20.30 de la plaza de España, la organiza el colectivo Maribolheras Precarias bajo el lema “Dale placer al cuerpo, su moral nos da igual” y cuanta con el apoyo de una veintena de entidades cívicas). Le vuelvo a responder con una negativa, pero el insiste y miente: “¿Estás seguro de que no quieres que nos veamos? Pero si yo te quiero mucho…”

- “Pues no me quieras tanto, pero quiéreme mejor”, le respondo (con una frase que parece sacada de una canción de María del Monte, lo admito) y cuelgo.

Al día siguiente (ayer), con el olor a chamusquina y a sardina todavía en el aire y con C. aún rondando por mi cabeza, decido conectarme al canal gay del IRC en busca de distracción (sexo fugaz). Chateo con benemérito24, que se describe (1′80, ojos azules, 75kg y pelo corto) y me cuenta que oposita para Guardia Civil. Uff. Quedo con él sin necesidad de verlo antes por cam (craso error, claro). Al llegar espero que me abra la puerta la versión con porra y tricornio de Cristiano Ronaldo. Nada que ver

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(CR7 de vacaciones)

Me recibe un tipo cuarentón en calcetines blancos, slip ajustado y camiseta sin mangas (¿por qué coño tododios se cree modelo de Calvin Klein y piensa que tal pinta le sienta bien?) Pesa 75 kilos, sí, pero los tiene casi todos concentrados en la barriga. Medir, medirá 1′80 en Inglaterra o en cualquier otro país que utilice un sistema métrico diferente al decimal. Y no lleva el pelo rapado. Es que directamente está calvo. En fin… “Me parece que en el chat no fuiste muy sincero”, le digo. “Ya, pero beso muy bien”, se justifica en un intento de retenerme (y en realidad no fue besar, precisamente, lo que dijo que se le daba muy bien).

- “Mira, me da igual tu virtuosismo con la lengua. Estoy harto de engaños. Adiós”.