Bueno, pues ya basta de profundidades y vamos a lo guarro, que te lo había prometido.

Voy a contarte una cosa, Cantón. Pocas veces tengo la necesidad de relatar públicamente determinados episodios mundanos en los que suelo verme envuelto como consecuencia de mi díscola disposición ante el sexo y los hombres. Pero hoy, sí. Porque he revivido aquellos calores y aquellos morbos de la adolescencia que yo tenía por enterrados para siempre bajo las brumas de la desgana y la falta de inocencia.

Sólo una aclaración antes de empezar con mi historia: mi señor está al tanto de todo. Porque si bien es cierto que a un marido se le pueden ocultar cierto tipo de historias, también lo es que todas aquellas relacionadas con la promiscuidad y los goces carnales improvisados, debieran ser compartidas. Y mi marido y yo nos conocemos hace ya los años suficientes como para habernos perdido el respeto para siempre, cosa que no hemos hecho porque siempre nos hemos aplicado la sabia máxima de que a puta, puta y media. Y procedo.

Sucedió hace algunos meses en el gimnasio. De pronto lo vi en la ducha de enfrente. Veintipocos años, moreno, estatura media, complexión fuerte en la que se adivinaba un cierto punto de musculación muy inteligentemente trabajada, dada la armonía general de todo su cuerpo. Y no puedo limitar a tan pocas palabras la descripción de tan bello efebo. Hay, básicamente, tres cosas que debo resaltar. La primera de ellas, lo guapo que era; boca firme y prometedora, ojos negros y con un cierto punto de miopía que le daban un aire de misterio y hacían que tu imaginación materializase lo que sería un éxtasis eyaculatorio en aquella cara a medias entre el punto bruto de Matt Damon y la belleza diabólica de Montgomery Clift. La segunda y la tercera las voy a mencionar sin temor a caer en la vulgaridad, porque sería un pecado y una falta de consideración con el blog no hacerlo: SUS GLÚTEOS Y SU MIEMBRO. El culo más firme, más redondo y más acogedor que he visto en mi vida. Ni las fotos de chulazos que puedas pillar por internet, ni los traseros más lascivos que te vengan a la mente se le podrían comparar, Cantón. Un culo importante. Macizo, desafiante ante la fuerza de la gravedad. De tono moreno, sin marcas de traje de baño. La delicatessen de los traseros más selectos de todas las duchas de todos los gimnasios del mundo…

Y su miembro. Su pene. Su falo. Su sexo. Su polla. Grande, morena también, pero de un tono más claro que el resto de su piel. Completa. Orgullosa. Segura de si misma, “uncut”, amistosa, suave. No puede ser vulgar ni obsceno alabar una polla así, Cantón, por eso uso esta palabra, “polla”. Porque es la única que hace justicia a aquel trozo de belleza que se movía con energía mientras su dueño y señor la enjabonaba. Una polla.

Y, no. No fue un espejismo. El propietario de aquel cuerpo magnífico, joven, provocativo y sexual, ME MIRÓ. Y me siguió mirando mientras se secaba, mientras se aplicaba desodorante, mientras se ponía los calzoncillos de forma que si lo pillaran en Sloggi o Aussiebum, le ofrecerían una fortuna por dejarse fotografiar en tan sugerente pose.

Siguió mirando mientras se peinaba, devolviéndome la lujuria de sus ojos desde el espejo del lavabo. Y luego, desapareció. Nunca supe si por timidez, miedo o, simplemente porque yo no le resulté apetecible, adecuado o merecedor de sus caricias o de su boca. Desapareció, pero no así su hechizo ni su recuerdo, que me cautivaron durante días, quizá semanas, hasta el punto de que sentí la necesidad imperiosa de poner mis deseos carnales en conocimiento de mi marido (sabiendo como sé, además, de su predisposición natural a adorar esa alucinación efímera denominada “juventud”).

Y tan grande era mi arrebato por aquel ser superior, que siempre supe que el destino, más tarde o más temprano, iba a colocarlo de nuevo ante mis ojos. Y esta misma mañana lo hizo.

Tren A Coruña-Vigo, 6:50 de la mañana (sí, a esas horas comienza BorjaMARI su combate diario con el devenir de lo incierto). El tren sale de Coruña ya renqueando y presagiando un retraso considerable. Y, confirmando mis malos augurios, se para definitivamente en la estación de Ordes a eso de las 7:20 h. Media hora parados mientras un par de técnicos intentan arreglar la avería y el revisor nos dice amablemente que el que quiera descender al andén a fumar un pitillo, puede hacerlo. Y bajo (sí, fumo. Y negro). Y es al aspirar mi primera bocanada de humo cuando veo que él también desciende del tren. Y me mira. Y lo miro. Y lo admiro. Americana negra, camisa blanca, pantalón y zapatos negros. Y lo miro más y más. Y vestido está igual de sicalíptico que desnudo. Y su culo dentro de los vaqueros negros es más bonito todavía que al natural, en las duchas. Y su sexo -perdón, su polla- se adivina alegre bajo sus vestiduras. Tiene una pose que resultaría chula y descarada si no fuese por esa mirada a medias entre el miedo a lo desconocido y la ternura de quién no hace demasiado tiempo que tenía que estar a las diez en casa. Y me mira y le aguanto la mirada. Y con paso interrogante me alejo de la gente y me doy cuenta de que él viene detrás y, sí, quisiera arrastrarlo hacia mi terreno y mis sábanas, compartirlo con mi marido. Besarlo, acariciarlo, follar. Y creo que estoy en un tris de conseguirlo.

Pero el revisor anuncia que llega el tren sustituto y al mismo tiempo aparece un conocido de nuestro protagonista que lo lía de conversación y rompe todo el encanto y el morbo de la situación. Y yo me quedo mirando cómo se sube al tren en compañía de su conocido, me pongo las ray-ban y me paso la mano por el pelo para hacerme el interesante y hacer ver que me da igual que se largue e intentar aparentar que mi miembro (”polla” era la suya) no ha sobrepasado ya un par de grados de lo que se conoce como “morcillona”. Poco después, él se apea en Santiago, yo continúo hacia Vigo y un aire como de calor y deseo se pierde entre las nubes del Salnés…

Pero el destino no va a dejar las cosas así, ¿sabes, Cantón? No, no, no. Porque será en el tren, en el gimnasio, en la calle, en donde sea. Nos vamos a reencontrar. Y me lo voy a llevar a casa, conmigo y con mi marido. Lo juro. Y también juro que luego os cuento todo paso a paso y sin pudores imbéciles.

O, quién sabe, quizá ahora mismo esté leyendo este blog y se haya reconocido en el mismo, con lo cual yo podría, desde aquí, enviarle un beso y hacerle partícipe de mis más poderosos instintos…

Pues eso, Cantón. Que si consigo llevármelo a cenar a casa -que lo conseguiré- te doy un toque y ese día vienes tú también. Vienes mudado y convenientemente depiladito, se entiende.

P.D: Al llegar a Vigo me dirijo a las oficinas de RENFE con intención de poner una reclamación por el retraso. En la cola que se forma, justo detrás de mí se pone un chaval muy guapo de cara, morenazo, barba de dos días, chándal, zapas y bolsa de deportes. La verdad es que está muy pero que muy bueno. Y aseguro que éste también me mira. E incluso sonríe. Así que en un plisplás se me vuelve a poner tiesa la cuestión y me voy a trabajar en pleno apogeo eréctil.

Es que hay días que… ¡¡Ay marido, lo que yo te quiero!! (Pero, en fin. Que nunca es tarde para volver a andar pinocho por la vida).

Bicoss.

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10 Respuestas

  1. 1 David
    2009 Oct 30

    ¿A que hora has dicho que sale el tren de Coruña?
    Jajajajajajaja
    jajajaja

    ays dios :D

  2. 2 GABACHO
    2009 Nov 01

    Francamente encuentro las entradas en este blog de una simpleza sin lìmites; si en el transcurso de quince dìas no veo entradas màs inteligentes e interesantes que todo lo que se lee aquì, no vuelvo a aparecer por este “postaccio”

  3. 3 Mario
    2009 Nov 02

    Pues a mi sinceramente esta entrada me ha encantado (la justamente anterior ya ni te cuento, digna de una columna en el periódico). Hacía muchísimo que no me reía tanto. Ahora, lo de fumar negro, me ha matado :p

    Salu2!

  4. 4 GMA
    2009 Nov 02

    Gabacho. Sin duda has planteado un reto muy pero que muy suculento e irresistible a los chicos de este blog. Tirarse quince días de entradas de lo más simples y vulgares. Qué impaciencia!!!

  5. 5 GABACHO
    2009 Nov 02

    Pues mira Mario, me he vuelto a leer esa entrada y sigo sin encontrarle ni gracia ni inerés; pero en fin, es es mi apreciaciòn, si a ti te gusta pues nada: “bon apetit”

  6. 6 lula
    2009 Nov 03

    Gabacho, visitaste el antuguo Marítimo? creo que te va a gustar, es divino de la muerte.
    A los simples, nos gusta mas como escribe Borjiña.
    Continua asi Borjamari, ata eu me excito leendo jajajaja.

  7. 7 Marge.
    2009 Nov 03

    Tanta altura intelectual, tanta altura intelectual ¡Pues colaborad y contad alguna cosa interesante, que el chico se lo curra! (yo lo intento) Besiños, cantón y borja, corazones.

  8. 8 Jose Carlos Alonso Sánchez
    2009 Nov 04

    Esta es otra historia de esos mismos vestuarios (la ducha no sé, que son cuatro en total y a saber). También difiere la edad, los dos implicados, un servidor y el adonis podíamos ser padres de tu idolatrado efebo.
    Las miradas fueron discretas, yo tasaba la elegancia de un cuerpo hecho y derecho cuarentón quizás rayante ya con los 50. Con todos los pelos en su lugar (como a tí te gusta, Catón Oscuro) pero lejos de ser Matogrosos. Ni un michelín, percha y moreno el suficiente, nada estridente.
    Nos seguimos con las miradas allá por donde nos movíamos, ya digo, duchas, taquillas, el último espejo enfilando la salida del vestuario. Portazo a San Diego por la misma “exit” y premeditadamente cada uno toma una dirección (rampa y escalera, a izquierda y derecha) para, más adelante, provocar el reencuentro en el paseo del jardín. Parecía que los pasos se medían para que todo saliera bien y, de repente, me interpela una mujer de mediana edad (amiga de una amiga). No soy ágil en los imprevistos y no me zafé de su saludo con cortesía, por lo que entablamos una larga conversación que supuso ir viendo como mi “presa” (a la que yo estaba rendido) se perdía en la distancia, rebasando, uno tras otro, los jalones que cada cien metros tiene el parque de San Diego.
    Como tú pienso: nos volveremos a ver.
    La vida merece la pena contarse. No hagas caso de quien tilda de simpleza tus comentarios. Un acontecimiento a veces tan irrelevante como el que narras y el que narro, sucede que te acompaña toda la vida. Yo, por ejemplo, no olvido el aspecto de un joven de infarto subiendo por una calle principal de Vigo. No lo olvido y eso que aconteció hace unos 20 años y no fue más que eso, la emoción de una presencia arrolladora.

  9. 9 BorjaMARI.
    2009 Nov 06

    ¡Olé tu salero serrano, Jose Carlos! ¡Si es que no cuesta ningún trabajo contar nuestras batallitas y quitarle espinas a la vida, hombre! Que lo cortés no quita lo valiente y el hecho de tontear con estas cosas no implica que no podamos comprometernos con temas más serios y que nos incumben e importan a tod@s. Solo una cosa que me tiene intrigado… Si cuando estamos tomando unas copas o charlando en casita en confianza todas mis amigas bollo contais historias que harían enrojecer a cualquiera, ¿por que no os animais y nos alegrais también un poco el careto en el blog? No asumais la tradicional invisibilidad lésbica en un punto de encuentro abierto a todo el colectivo LGTB. Que aquí no pasa nada… Un bico, chicas. BorjaMARI.

  10. 10 GABACHO
    2009 Nov 08

    Pues a ver como oso (no bear) yo ahora narrar algo en este blog después de la granizada de crìticas que me ha caìdo por haberme atrevido a tachar de simplezas algunas de las entradas que llevo leìdo aquì. Desde luego no voy a contar nada que me pueda ocurrir en la màs glauca de las saunas (San Diego) que he frecuentado a lo largo y ancho de mi dilatada existencia Pero si sois buenos, y no me sacais las uñas al mìnimo comentario a contracorriente que haga, os contaré mi relaciòn muy, pero que muy particular con un chico francés que frecuenta como yo el Key West en esta ciudad.
    A propòsito no quisiera irme para la cama sin darles un tiròn de orejas al colectivo gay de A Coruña por no haberse involucrado en absoluto en el drama que estàn viviendo nuestros marineros en el Indico; el hecho de que sean, o eso creo, heteros no quiere decir que no sea una causa justa por la que movilizarse. A ver si alguien recoje el reto y organiza una manifestaciòn en nuestra ciudad en favor de la liberaciòn dos nosos mariñeiros. Si no lo hacemos nosostros estoy seguro que los chicos de Vigo nos cortaràn la hierba bajo los piés.


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