Archivo para Febrero 3, 2010

Continúo, muy a mi pesar, con la crónica de mi quinto aniversario de boda. Habiendo los temas interesantes que hay por el mundo y yo hablando de estas cosas… Rubén, corazón, la gente como tú y como yo tenemos que entender las bajas pasiones de este populacho que, vacías sus vidas y carentes de colorido, han de reflejarse forzosamente en estos ficticios devaneos que nosotros tenemos con el liviano hálito de la superficialidad. Qué le vamos a hacer.

Creo que me había quedado en que con lo calien…, o sea, contento que salí del “The Paso”, recurrí a los interneses para ver que fiestas o lugares de interés social estrellaban la capital en su devenir hacia el amanecer. Y, como siempre, el Hell ofrecía una interesantísima noche para tomarse unas copas prescindiendo de ese lastre cultural que suponen las vestiduras y prescindiendo de ese lastre espiritual y mental que supone el pudor. Claro que no sólo el Hell ofrecía una noche así de despelotamiento sicalíptico; también estaban las no menos interesantes ofertas del Copper y del Paw. Para acabar de liar nuestro indecente sentido de la nocturnidad, sabíamos que teníamos cerca el acogedor y laberíntico cuarto oscuro del STRONG, a mi modo de ver el sitio más guarro y pervertido del mundo, así de claro.

Bien, la oferta estaba difícil y nos pusimos a pensar… Veamos, el Hell es para gente de espíritu más bien nudista y cuerpos serranos dignos de dejarse ver, copas más bien carillas y un cierto aire distante como de desinterés en las miradas. Eso sí, tiene la mazmorra más morbosa y bonita de todas las mazmorras psicosexuales que he conocido (bueno, quiero decir que eso me han contado). Y carece de cuarto oscuro, ya que una de las cosas que les va es lo del exhibicionismo puro y duro. Como además en la puerta llevan muy a rajatabla lo del horario y nos quedaba un poco lejos, decidimos excluir a nuestro infierno capitalino de los planes nocturnos y nos dispusimos a evaluar las posibilidades restantes. Y nos quedaban el Copper, el Paw y el Strong. El Copper… Primero, que también quedaba un poco lejos. Y que, aunque mi marido y yo hace algún tiempo que pasamos de la edad de merecer (independientemente de que merezcamos lo que nos merecemos y eso incluye que sabemos dar su merecido a quien lo necesita y si nos ponemos en plan receptivo también sabemos agradecer que nos den nuestro merecido cuando la ocasión lo requiere), tampoco es cuestión de ir a exhibir la gloria de nuestros encantos por sitios capitaneados por guiris de la tercera edad en bolas. Y con las copas más carillas aún que en el Hell (es decir, eso también me lo han contado). O sea que nos planteamos lo del Paw, pero que quieres que te diga, Cantón… en Madrid, tomar la decisión de ir al Paw es como en Coruña cuando finalmente dices “vale, vamos al Glamour”. Y como todavía nos faltaban unas copas para el grado de desesperación necesario e imprescindible para dejarnos caer por allí, decidimos ir al Strong. Eso si, si alguna vez vas por los madriles en busca de emociones fuertes, acude sin dudarlo a THE PAW. Y luego me cuentas. Porque yo todos estos datos que te doy es porque me los han contado, que conste.

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