Esta vez me dejo vacilar por el sol la mañana que no debe y necesito una ducha para limpiar los restos que arrastré anoche cuando encendían la línea 1 y mi amiga llevaba la risa floja abierta hace un par de horas. Cuando quise darme cuenta ya se había quedado sin avisarme por las malas artes de la noche picando a la luna y parece que nadie le aconsejo sobre desconocidos.
Desde la última tarde que abracé a la única persona por la que tiré lagrimas en el paseo marítimo me cuesta compartir sábanas, es temprano para sentarse al borde de la cama, papel de tabaco en el suelo, apuntes de economía y pájaros mojados en las chimeneas de París.
Sin dejar huellas, en otro vagón y hasta luego por planes de viajes locos con mochila y veinte euros, empiezo el día por 2,90 desayunando verduras en Crous. La compañía no tiene precio y llenamos una mesa de bandejas Erasmus para pensar en aventuras y pulir tardes de la mejor manera.
Echo en falta compartir estas historias con mi hermano sobre 6 cuerdas sin tener que quemar el teléfono, y ahora me río hablando con la plancha y camisetas calientes siguiendo lecciones de “escuche y repita” que me dejó Ana, echándome un cable para no perder demasiado el tiempo.
Todo fluye y se conecta como las líneas de metro o la televisión que me ha regalado mi vecina brasileña, no va a enseñarme a bailar samba pero tiene treinta canales de todos los colores, y aunque no soy muy aficionado a las cajas negras puede hacerme compañía en desayunos de huevos con salchichas cuando no me quede dormido en el circular, tenga visitas espontáneas o el tiempo justo a clase.
Son tiempos enfermos de egoísmo, se rompen familias, la avaricia ya rompió el saco, las plantillas se reducen, tus amigas te critican y dejarás de hacerle gracia a tu pareja. Entusiasmo optimista y estos días en París trato de reforzar amistades que reservan buenos momentos y si todos estos chinos aprendieron francés, alguna mañana conseguiré mantenerle la conversación al carnicero.
Levanta la cabeza de los chicles del metro, mira el perro de esos callejeros que se fugaron de casa, las chicas en moto apoyan la pierna esperando que zapatos de punta crucen calles con trazos de película llenas de rostros forasteros, la ropa moderna contrasta en paredes de estilo gótico, una mujer abraza la ciudad mas asombrosa y elegante del mundo, esto es París.


maruxiña said
Octubre 8 2009 @ 19:09
como siempre… sublime!
un besito petit suisse!
Maria (la de paris) said
Octubre 8 2009 @ 19:56
sabes? me encanta como escribes, creo que me vas a tener por aki enganchada