Después de un mes exiliado en la Francia y con un par de tallas menos en los vaqueros empiezo a llegar a las primeras conclusiones.
Cuando aterricé en Charles de Gaulle escuchando manías de mi hermano, con The Hives me quería comer el mundo en cuanto salió mi maleta, siempre se hacen de rogar cuando mas las necesitas, me sentí perdido y regado en el momento que el bus me tiró quien sabe dónde y se apagó el coraje que quedaba cuando la luz de mon chambre no se encendía por problemas burocráticos. Lo único que podía comerme ahora es un poco de queso que siempre llevo en la reserva, por suerte soy un hombre de recursos y tenía la solución en mi mano, por lo que me tiré sobre la cama sin sábanas ni pijama, inclinándome a dejar la mente en blanco y rascarme la barriga, dos tareas de las que soy muy diestro.
Pasan los días, se solucionan y aparecen nuevos imprevistos pero la armonía de París consigue mantenerme en mis carriles y cabales, pues después del largo camino de raíles a la universidad he aprendido a mantener la calma y explotar al máximo los tiempos muertos en vagones, dándome cuenta que sacarle miradas a las niñas no era del todo productivo.
El nivel no es superior al de la Universidad de la Coruña, académicamente me refiero, y mas bien me he cultivado en el diálogo, como reitera Zapatero. Después de numerosos discursos Erasmus y el instinto de supervivencia social tengo la lengua mas entrenada…para hablar insisto.
Dios los cría y la beca Erasmus los junta hasta que la gripe A se propague en este grupo de alto riesgo por la facilidad de combinarse entre ellos o el año los separe. La noche parisina me enseña un par de cosas: un picnic no es lo que parecía y no debo dormirme en nocturnos circulares. Pero si hay algo mas evidente todavía, es que este mes suben las acciones de la cerveza 1664 y alguna empresa de vino rosado.
Cuando por fin mi cabeza se habitúa al nuevo hábitat, empiezo a olvidarme del nombre de mi perro y mis “erres” suenan mas a “egges”, mi madre aprende a utilizar el skype y a mi exnovia le apetece escuchar mis desvaríos. A pesar de estos momentos de morriña, París consigue cargarme la energía y las mejores aventuras aparecen en cuanto pisas la acera, cada calle es un libro abierto llena de locos bohemios, vuelan los días y sube la marea del Sena sacando el pájaro que algunos libertarios llevamos dentro, regando el meandro del destino mas popular del mundo.
Es el momento de hacer balances, si consiguieron salir de la crisis será sugestivo escuchar sus teorías económicas y aprender un poco de estos ásperos vecinos. En mi agenda un cúmulo de nuevos amigos con difícil pronunciación para llamarlos en caso de ayuda, un par de billetes temerarios a viajes imprudentes y aunque viva como el correcaminos de vez en cuando me gusta pararme en los puentes a pensar de que va esta película, entre Coruña y París, es mi guerra.


Ceci said
Octubre 20 2009 @ 17:30
Ya va un meees???Como pasa el tiempo!!!
Deja la morriña en uno de esos armarios que debes tener!aqui las cosas ya sabes que no cambian!
Sigue disfrutando con tu mochila kiplin.
Besiñooo