Era cierto, las camas están ardiendo en París, suelo quedarme dormido en los pasillos y la agenda se ha multiplicado. Por la noche la música acaudilla las maneras y cambia la hora cuando mi reloj ya llevaba cuarenta y dos de retraso en un mes sin horarios. Perdí la pista de los días que pasan, las historias de amor y a viejos amigos al verme en París, tropezando con farolas por ojear las pupilas de niñas con gorro.

Abuelo, ya no venden teléfonos de rueda y mi madre puede notarme la fiebre a mas de mil kms echando un vistazo a la pantalla de Skype, hablo mas con mi exnovia que en nuestras mejores épocas y organizo imprudencias con mi amigo siciliano para no perder el contacto del todo.

Después de trabajar la inestabilidad de los mercados financieros el Pont des Arts cuelga de acústicas y el viento sopla las faldas de mujeres inestables que hablan de ropa, malas caras pidiendo tabaco y el vino rosado que sentencia el estallido de la burbuja estomacal en el baño al día siguiente. La noche es eficiente cuando vuelvo a casa cantando sólo, en el bar colgaban carteles del Che Guevara y hablé de libertad con Edgar el chileno mientras los clientes perdían su equilibrio corporal y financiero.

Pero antes de tanta revolución y dialogar mas de dos minutos con el carnicero trato de encontrar los métodos del idioma en los puestos del Sena comprando el libro adecuado para sacar provecho al tiempo en vagones. Las personas mas interesantes que he conocido eran profesores de matemáticas, peregrinos, extranjeros que limpiaban vasos en bares, gente que no sabe qué hacer con su futuro y libreros. A este último pequeño empresario le negocio “Mort ou Vif, J.Morrison”, una vida por descifrar alejada de la realidad y el equilibrio, con final sin perdices en el 17 Rue Beautreillis, Paris 4eme.

A las 18:45, un arrondissement mas abajo en el mapa, este cura puede estar platicando en la homilía que han visto al Papá en una fiesta de Berlusconi y no me entero del todo, sin embargo la Iglesia de Saint Étienne du Mont consigue obstaculizar el tiempo una hora descansando la prisa de las semanas fugaces.

“El futuro es incierto y el final está siempre cerca” dice Jim…supongo que lo contrario haría todo mas aburrido. Una vez escribí con mi hermano una lista de cosas que hacer antes de morir en una oficina y por lo pronto hasta el 29 de marzo tenemos sesenta minutos mas para romper un escaparate, saltar entre dos edificios, nadar delante de un tiburón o vivir en París.

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