Cuando dejaba de llover en Coruña, Jose todavía no había entrado con el taper de ensaladilla, mi compañera marta y el siciliano se metían en negocios extraños o no quedaba nada en la nevera, solía importar tapas de la Bombilla y preguntarme en el paseo si aguantaré sin todo esto, cuando es el cumpleaños de mi padre y quien ha puesto ahí el millenium. Puede que el jubilado de mi derecha tuviera mas respuestas que yo.
Desde que no veo películas en el sofá de casa tengo mas claro las fechas familiares, quizás empiezo a echar de menos bajar el volumen de la tele cuando mi madre acababa la infinita paciencia de mi padre, es el que mejor sabía disfrutar el concepto de hogar leyendo en la galería o fumando un purito en el porche, y aunque hoy pasen los años que mas pesan, a él no le importa hacerse viejo con tal de dejar las maletas bien cerradas y hacer rutina de sus costumbres mas campechanas.
Todas sus virtudes se fueron por los rizos de mi hermano porque a mi si que me importa dejar de tapar diez sillas con un culo. Ahora, después de sentarme en una mesa de algún italiano a cenar sin guardar el protocolo con esta francesa que suele perder la compostura parisina muy a menudo, en lugar de cavilar de vez en cuando cerca del mar a la izquierda del jubilado, corro por los Campos Elíseos persiguiéndola por empaparme con una botella de agua, burlándonos de Aladín encima de un banco, haciendo de John Travolta enfrente de disco Queen o probándome el traje de Buzzlightyear en la tienda de Disney. Una película totalmente alejada de la proyección que había imaginado en el banco del paseo.
A lo mejor ya puedo ir contestando la primera pregunta ahora que no me pierdo demasiado en la gran ciudad y encontré a alguien que sin hablar nuestro idioma puede engullir platos a mi velocidad o hacer el absurdo constantemente. La fecha de hoy en el calendario responde la segunda, y dejo la última respuesta en el aire para que el jubilado siga discurriendo en ese banco por si algún día tengo que volver por allí a reflexionar.

