“Aquí sólo falta un poco de funky”, dice mi hermano apretando las cuerdas a punto de perder la piel de cangrejo antes de que nos avisen el cierre del chiringuito Baby Gouda tras no controlar el corazón en conversaciones cortas estas noches de buen sabor y termómetros calientes a altas horas, tratando de encontrar soluciones alternativas para el futuro escrito de cualquiera sabiendo que no es recomendable decir de este ron no beberé y este cura no es mi padre.

De noche encontramos algunas respuestas poniéndole banda sonora a días de calor entre un invierno, donde pasamos las horas en el agua buscando sensaciones fuertes o en la arena escapando de ellas. Los locales nos tratan dándonos bola con esa buena confianza hacia los desconocidos que tanto escasea por vieja Europa, y ahora que nos vamos es inevitable echar en falta la gracia con la que nos servían esos Chivitos cargados de carne, huevo, queso, pan y tomate que marcaron un antes y un después en mi estómago, la buena onda de “Juan el dormido” siempre que le despertábamos de la siesta en su tienda de surf o aceptaba nuestros regates alquilando un par de viejas tablas, los consejos de Sebastián “El Chano melenudo” por si algún día volvemos a escaparnos a estas playas y el perro callejero “Tuerti” que sin un ojo vigilaba nuestras mochilas mejor que nadie cuando nos perdíamos de vista en el agua.

Nunca sabré si se llamaba José Ignacio, Pedro Javier o Jorge Juan, pero grabé bien la conversación con este empresario que arriesgó aquí en los ochenta y cuenta mientras nos acerca al aeropuerto las tres crisis diferentes y cronológicas de las que aprendió su negocio donde encontramos techo hace unos días, las curiosidades uruguayas pasando por la fea política hasta las oportunidades mas sencillas y rentables de este suelo, desde La Barra cruzando de este a oeste, de vuelta hacia el camino a casa..

Mi hermano a Coruña y yo a París con la misma expresión de haber visto una buena película, nos basta con levantar la mirada para saber que volveremos o que en el mundo que tenemos delante hay mas caminos de los que aparecen en la tele sin ser del todo necesario estudiar una carrera, casarte y hacer cola los domingos en el cine por falta de emociones.

A la vuelta la ciudad parece mas acogedora amaneciendo que no es poco, voy a quedar con ella solamente para explicar como pueda lo bien que me siento por saber que aunque se me caiga el mundo encima tendré un hueco para burlarme de él con mi hermano brindando por llevar la misma sangre, y no importa si es en el chiringuito de La Barra, en rue Oberkampf o en las callejas de mi pueblo.

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