Como te comas el día de hoy depende de todos los detalles que te han llevado hasta ahí. Han pasado tan rápido que no dejan darte cuenta del momento, y la velocidad es directamente proporcional a los años que has sumado. Ahora acaba la primera temporada para los Erasmus que seguiremos desaprovechando el tiempo de manera eficaz el año que viene.

  Por la carretera de mi casa paseaban las vacas a última hora de la tarde, allí un buen amigo me enseñó que es igual de fácil hacer amistades como perderlas. Solía irse de jugar a la Play cuando se encendían las farolas, creo que hace mas de diez años que no le veo.

 Dentro, en el salón, eran habituales un par de despedidas por semana, se perdió la tensión de hacer las maletas. Ahí cayeron las torres gemelas, ardieron coches en las afueras de París y pasábamos los domingos de helada.

En el colegio aprendí lo que no quería ser de mayor, en el pueblo a liar cigarrillos.

Algunos o sus padres, eligieron una universidad privada, puede que por miedo al futuro, que no es insano, pero los náuticos no eran nada cómodos, y el golf no es mi deporte favorito para pasar los próximos fines de semana.

Todavía no encontraba mi sitio cuando en el pueblo había problemas de drogas, Ozú murió en un accidente de coche, éramos los reyes quemando horas en una caseta, se bailaba siempre en el mismo antro entre saludos y un ambiente familiar. Ahora los que no perdí de vista hacen rock n roll en un garaje. Me gustaba tomar cervezas con mi hermano en el bar de Chicho.

De novato coruñés, en mí primer piso de estudiantes, tres músicos me enseñaron nuevos discos y a fregar platos sucios, hablaban de su Erasmus en un pueblo de Francia, fumaban hierba porque todavía tenían secuelas en su último año de carrera. Estaba cómodo cuando me preguntaban si me molestaba la guitarra cuando estudiaba vectores.

Del piso de Montealto solamente aprendí que el hombre se puede habituar a cualquier entorno como una rata, hice dos enemigas portuguesas por destrozar la casa los fines de semana. Mi otro compañero salió del armario dos años después sin haber hecho sospechas y sin decirmelo, sólo se hablaba de mujeres en la cocina.

Durante ese tiempo, entre mil historias de amor y odio, mi ex novia me iba educando en lo correcto. Estudié un capítulo difícil de olvidar, lo bueno y lo malo que podía llegar a ser, los límites de la bondad o maldad que puede comparecer una mujer, esa complejidad e inestabilidad que la hace tan atractiva. Hasta ahora, del resto de ellas no he escuchado palabras relevantes.

Los años siguientes mis nuevos vecinos de la Plaza de Pontevedra prestaron oídos inevitablemente al desenfreno y desorden organizado, nunca fallaba nada cuando acababa el día en el cuarto derecha, una de las mejores consecuencias universitarias desde la aparición de la Tuna. Fueron influyentes en mis estúpidas decisiones que lo cambian todo mi eterno compañero Jose y un siciliano que se perdió en la pequeña ciudad. El resto lo aprendí de mi hermano y La Coruña.

Mis primos mayores dieron buen juego y ejemplo chamusando en Argentina. Mi padre me mostró la perspectiva de las situaciones desde la gran manzana. En Boston tropecé con Quique, que me hizo sentir como en casa cuando París parecía extraña, y comprobamos que nos movíamos por la misma parte del pañuelo. En ciudades como Chicago corre el viento helado y la gente, aunque las escaleras sean mecánicas. Si vives en Brasil, sólo lo harás delante de una pelota, Santiago de Chile se desmarcó en un buen lugar y al este de Uruguay fluyen mejor las ideas. Además de sacarle brillo a los vasos en un restaurante y manejar mapas, Londres fue como acostarse con una mujer casada siendo adolescente.

Se enlazaron todos los detalles, llegué al aeropuerto de Orly, voló un intenso periquete, y ahora termina la primera temporada para los Erasmus jugando al yo nunca. Algunos sólo se llevan un par de álbumes de fotos en facebook y un vídeo montado, otros robaron un pato, muchos se encontraron a si mismos, los que se quieren ir han perdido el espíritu, y los que quieren volver antes de irse sabemos que este capítulo ha dado el giro a una película de risa e intriga.

Si me pregunto qué me ha enseñado París leeré despacio las líneas de los últimos seis meses. Y ahora sé que voy a quedarme por aquí unos días mas para asimilar que por suerte, a la vuelta de las navidades, seguiré siendo un Erasmus sin futuro, perdido en medio de esta calle…

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2 comentarios so far »

  1.  

    maruxiña said

    Diciembre 16 2009 @ 21:43

    genial… como siempre!! eres un hacha!!
    besitos petit suisse!!!

  2.  

    SM said

    Enero 3 2010 @ 23:59

    eh

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