Si has cerrado el último bar Erasmus o la mayoría desde hace unos meses, tienes un problema. Cuando te ha dejado los apuntes la chinita de la primera fila y quedan un par de días para el examen, entonces tienes otro problema. Descendiendo por las hojas sin pararme en detalles, se van cerrando las paredes como  en una trampa. No puedo evitar irme por las ramas, pensar cualquier otro plan B o escaparme por la línea dos. 

Subiendo hasta el final de la calle Oberkampf, escondido en los cuellos de una chaqueta francesa porque las camareras comentan con su cigarro que no se recuerda tanto frío, puedes entrar en Ménilmontant a la línea azul que peina la rive droite de París por la mitad en un imperfecto semicírculo. Una de las pocas que te deja respirar por fuera para que sepas en la ciudad que estás, y te vuelve a enterrar para que te lo pienses mejor. Esperando en el andén, puedes ver debajo de la brocha del chino agarrando un cubo como Google no se conforma, o se estrena el día veinte la película de Gainsbourg, que resonó en mi habitación durante los mejores momentos que puede darte una ciudad sucia.

 Durante las primeras paradas repaso lo reciente, la primera cerveza de ayer en un pequeño bar de Montmartre, donde las francesas en pareja son mas mironas que las solteras, las paredes están empapeladas con caras en blanco y negro hasta el bajo techo soportando el fuerte murmullo del suave francés, dejándome llevar por los gritos españoles desde Champs Elysees hasta el final de las breves pero intensas noches de París. En unas paradas llego todavía mas lejos, hasta que por la ventana de mi cuarto entraba neblina cargada de salitre, entonces se escuchaba la puerta corrediza de Jose y sus zapatillas arrastrando otra noche coruñesa que terminó cuando ya era mañana, sonaba en la habitación de Alessio “I´m only sleeping” de los Beatles.

En el momento que mas hundido estás en la distancia, es la línea 2 que sale a flote. Te enseña desde arriba lo que vas pasando, alguien tirando piedras al canal de St Martin, el principio de un camino desde Gare du Nord donde corrí con mi hermano detrás de un tren o sólo y todas las mañanas a ninguna parte, las calles con fruterías en las aceras llenas de gente y luces que se pierden de vista. Vuelve a enterrarse la línea 2, dentro se queda el ruido en tu cabeza y fuera una mezcla de idiomas. De Anvers a Blanche pasando por Pigalle, cruzas por debajo de souvenirs, sex shops y cabarets, el final de las cuestas del quartier por donde bajaban los viejos artistas  para gastarse los francos que daban cuadros o  acordes.

La ruta que sigo acaba en Place de Clichy, para morder los restos de un costillar sin futuro, que no importa si yo tampoco te quiero, y es suficiente con pedir la cuenta por favor después de que me detalles la vida de Gainsbourg en francés. Puede ser porque mis abuelos no me contaron esta historia ya que Jane Birkin tenía los labios censurados en España a final de los sesenta, o ahora me hace gracia tu acento.

De todas formas, solo me bajé en esta parada para dejar atrás unos apuntes que para mi están en chino, no contaba con abrir el portal con la espalda, perder el equilibrio especulativo después del postre como hiciste con la conversación durante toda la cena, o hablar de Gainsbourg y Sabina. Ahora tengo otro problema. Sólo dejar claro desde la línea dos que estoy mas perdido que cuando llegué, a ver cómo te explico que yo he venido para decirte que me voy a ir.

gainsbarre.jpg

1 comentario so far »

  1.  

    helena said

    Enero 19 2010 @ 0:32

    he caído aquí por casualidad, y me encanta cómo describes tu experiencia erasmus parisina. Vivo en París también, en calidad de no-erasmus ,ergo, puteada por la universidad francesa y su método cruel. Te leo pues con cierta envidia de lo que no vivo y nostalgia de lo que no viviré en esta ciudad… :)

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