Un suçon de París

 Se movía provocando, apretaba los dientes detrás del micrófono y rayaba su pelo con los dedos. Intrigándonos a todos, soltando la melena de todas. Llevaba un tatuaje, besaba al guitarrista, sonreía al batería y cantaba una garra que desgarraba el bar. Un guiño al público bailaba esta noche, bailaba el espíritu de International bar.

Poco antes de conocer este lugar daba el último repaso en Chez Justine, la añosa cafetería, primicia como biblioteca. Y un café au lait caliente sin pedir nada por entrar para quedarme un par de veces al día.

Estamos en una época para decir no a los planes y en tiempos dulces para ir contra las reglas, por lo que aceptamos las noches como animal de compañía. Buscando las llaves de la ciudad rodeamos las mesas de madera, con un descuidado juicio en los bares mas agrios del quartier.

Doblando la esquina de mi calle, en el International solo se quedan los altavoces a dormir después de que pasen por el bajo los grupos que no suenan en la radio, el ambiente rebuscado francés va rotando como los músicos, vuelves a tu casa con tres nuevas melodías y cerveza en la barriga. Esta noche me acuesto con el ambiente del International, por lo menos esta vez seguro de que mañana volverá a llamarme.

Al día siguiente, pelando patatas como un soldado español castigado para una francesa,  mirando por la ventana, me ví en lo mas alto que podía darme una ciudad que solo deja moverte en los extremos. Caminando por una cuerda tan frágil como comer fondue en algún bar de St Michel, pues cuando estas apunto de saborearlo todo, este se descuelga y vuelve a hundirse en el queso fundido, cayendo sobre el suelo frío del carácter de una mujer. Es por eso que vuelvo en noctilien pensando en pasarme mas por la International para perder  la parte de mi personalidad que le da demasiada importancia a como ha salido la tortilla de patata, o que habrán cenado hoy en casa.

La marca que le pueda dejar a París en el cuello se borra como arena de orilla o con dentífrico. Pero la que va a dejarme a mi va a necesitar muchas horas de mar en La Coruña, sabiendo que es París lo que se nos está yendo de las manos.

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