Sólo imaginar la expresión de mi abuela ha merecido la pena del título.
Todo empezó en un cine independiente, de esos que no ponen palomitas, cuando Brigitte Bardot envuelta en una sábana blanca, sentada sobre un piano de cola, puso sus dos piernas en los hombros de Gainsbourg y los ojos en ninguna parte. El tocaba con largos dedos… cualquier acorde sonaría bien.
Esa mañana en alguna clase, leía en el periódico que seis de cada diez hombres con canas y anillo no hacen ascos a un flirteo en el parque mientras su hijo está a punto de necesitar entre seis y diez puntos en la cabeza o ahogarse en la fuente. Por cualquiera de las tres su mujer apretaría el cuello con la misma fuerza.
El caso es que mas tarde y al fondo, un poco mas al fondo del matrimonio que teníamos delante con una mano en la pierna de su señora y la vista en las de otra, un poco mas todavía que la pantalla y la voz ácida de Serge en la entrepierna de Bardot: un ventanal tan atractivo como la rubia muestra una panorámica de esta ciudad, a la que por accidente nos hemos malacostumbrado.
Salimos corriendo del cine, antes de que el viento procedente directamente desde Siberia haga que hasta Brigitte se tape. Seas el tipo de Erasmus que seas, cuando doblas las esquinas que has visto en el cine, las noches cogen aires de película, aunque no sea Brigitte otra vez quien te espere en un ático de doscientos metros cuadrados, o desde tu habitación no puedas escupirle al monaguillo de Notre Damm.
Así es como me di cuenta, de perdidos al río y en el meollo de mi pelicula, por las calles que suenan a acordeón; parándonos por el frío en las salidas de aire caliente del metro, que huele a mierda, de vagón en vagón; comiendo la mierda que sabe a gloria; que a pesar de lo que nos contaron en el colegio, ser joven es suficiente razón para salir de tu habitación, aunque sea a un cine independiente sin palomitas o haga un frío de cojones, y acostarte todas las noches con esta ciudad,conectada por puentes, llena de hoteles llenos por el amor y sus excesos, de bares a rebosar por la ausencia de este.
Y si bien en ningún lado se pilla mas que en mi pueblo, pues “ou foden todos, ou a puta ó río”, las calles de París se hinchan de historias que cuentan amigos, a los amigos de mis amigos. Y mi habitación, además de horquillas y trozos de pizza debajo de la cama, de recuerdos y canciones del viejo canalla.


cata said
Marzo 15 2010 @ 23:59
Encontre hoy tu blog y me lo he leido enterito!! me gusta muchísimo, quizá porque yo tb estudio en Coruña…y el año que viene en París

seguidora incondicional a partir d ahora! has escrito alguna otra cosa?
un saludo