
PIEZAS - 8
“Recuerdo a los profesores de nuestra escuela pública. Teníamos un dicho: los que no saben enseñan, y los que saben enseñar dan clases de gimnasia”.
Annie Hall (1977) - Woody Allen

PIEZAS - 8
“Recuerdo a los profesores de nuestra escuela pública. Teníamos un dicho: los que no saben enseñan, y los que saben enseñar dan clases de gimnasia”.
Annie Hall (1977) - Woody Allen

LA VIDA IRREMEDIABLEMENTE VACÍA
Como en Titanic (1997), la película que catapultó hacia el éxito las carreras de Kate Winslet y Leonardo DiCaprio, en Revolutionary Road también asistimos a un viaje que comienza esplendoroso y cargado de esperanzas. Y, también en esta ocasión, el barco que surca la distancia que separa ese luminoso comienzo de los sueños rotos, termina hundiéndose desazonadora e irremisiblemente. Frank y April conforman la joven pareja americana de los años cincuenta que ve como las promesas de una vida feliz se ahogan lentamente en la estrechez y vulgaridad de una rutina diaria que, como dice el personaje interpretado por Leonardo DiCaprio, es irremediablemente vacía. “Nuestro futuro no era esto”, le dice April a su atractivo, débil y penosamente anodino marido en un momento del filme, antes de que el desmoronamiento sea una realidad, cuando todavía creen ser dueños de su destino, cuando aún les queda París.

ADIÓS LISBETH
Este espectador concluía la crítica escrita en estas mismas páginas sobre Millennium 2 asegurando que únicamente acudiría a la sala para ver la tercera entrega empujado por una hambrienta curiosidad: descubrir que le deparaba el destino a esa chica que soñaba con una cerilla y un bidón de gasolina, a Lisbeth Salander. Y, en ese sentido, la cinta que cierra la adaptación fílmica de la exitosa trilogía literaria no defrauda en absoluto. Todas esas pequeñas subtramas que habían sido propuestas o simplemente visitadas de forma residual y con cierta confusión narrativa en el anterior episodio, son ahora cerradas de forma medianamente coherente en Millennium 3: La reina en el palacio de las corrientes de aire. Y sí, terminan por desvelarse todos los misterios que rodean a ese colosal personaje que ya se había apropiado de la historia hasta hacerla suya desde las primeras páginas del manuscrito escrito por Stieg Larsson y, también, desde los primeros fotogramas de Millennium 1.

LOS LOCOS TAMBIÉN SUEÑAN
Aseguraba Martin Scorsese (Shine a light) en una reciente entrevista que se sintió atraído de inmediato por Shutter Island, la novela de Dennis Lehane que adapta de forma magistral en su nueva película. Un relato en el que conviven hasta confundirse géneros clásicos que van desde un sombrío cine negro hasta el terror psicológico. “Este es el tipo de película que me gusta mirar, el tipo de historia que me gusta leer. A lo largo de los años, he tratado de evitar cierta clase de películas que imitan un estilo que, en cierto sentido, encuentro educativo; sin embargo, estas son las películas que siempre vuelvo a ver, una y otra vez. Lo que a mí me parece interesante es el modo en que la historia y la realidad de lo que sucede van cambiando todo el tiempo y el hecho de que, hasta la última escena, todo gira en torno a la forma en que se percibe la verdad”.

LICÁNTROPOS
El hombre lobo es una de las figuras mitológicas más populares que existen. Estas criaturas de apariencia humana pero capaces de transformarse en un lobo debido a ciertas maldiciones o embrujos son, con permiso de los vampiros, uno de los mitos más extendidos alrededor del mundo. Los licántropos han arraigado, además, en muy diferentes culturas a lo largo del tiempo y de forma independiente en cada una de ellas. Fue un escritor medieval, Gervase de Tilbury, quien asoció por primera vez la catarsis de hombre en lobo a la aparición de la luna llena. Una idea que fue retomada por la narrativa moderna y adornada con nuevos conceptos, como la necesidad de usar balas de plata para acabar con estas poderosas bestias.
PREMIOS
El premio es la recompensa que se recibe por algún mérito, por algún logro, una de las metas finales de casi cualquier proyecto. En el mundo del cine ese reconocimiento puede llegar en forma de galardón o bien ser la asistencia masiva del público a las salas de proyección lo que premie un trabajo. Aunque hace ya mucho tiempo que una cosa suele llevar a la otra y la influencia de los premios en la carrera comercial de cualquier filme suele ser decisiva.

SUPERVIVIENTES
“Al despertar en el bosque en medio del frío y la oscuridad nocturnos había alargado la mano para tocar al niño que dormía a su lado. Noches más tenebrosas que las tinieblas y cada uno de los días más gris que el día anterior. Como el primer síntoma de un glaucoma frío empañando el mundo. Su mano subía y bajaba al compás de la preciada respiración. Retiró la lona de plástico y se puso de pie envuelto en aquellas prendas y mantas pestilentes y busco algún atisbo de luz en el este pero no lo había”. Así comienza la novela con la que Cormac McCarthy ganó el premio Pulitzer 2007, una obra mayúscula que nos cuenta el viaje épico de un padre y un hijo a través del paisaje baldío y muerto de un mundo apocalíptico. “El frío y despiadado girar de la tierra intestada. Oscuridad implacable. Los perros ciegos del sol en su carrera. El aplastante vacío negro del universo. Y en alguna parte dos animales perseguidos temblando como zorros escondidos en su madriguera. Tiempo prestado y mundo prestado y ojos prestados con que llorarlo”, escribe más adelante McCarthy.

APOCALIPSIS EN EL PÁRAMO
3 días constata de nuevo la existencia de una brillante y fecunda cantera de jóvenes realizadores que no dejan de sorprendernos con propuestas rebosantes de osadía estética y narrativa. Es una generación de cineastas que bebe del propio cine, que ha crecido rodeada de pantallas y que ha absorbido los secretos de la narración cinematográfica con la naturalidad que surge del simple hecho de pertenecer a un tiempo en el que el lenguaje audiovisual predomina sobre los demás. Esto no siempre es bueno y en muchas ocasiones desemboca en vacíos y petulantes excesos, en gratuitos montajes sin alma. Porque de nada sirve conocer al dedillo los mecanismos del cine o ser un virtuoso manejando todos los innumerables recursos técnicos que, hoy en día, están al alcance de cualquiera, si no hay detrás un buen argumento y la sensibilidad para transmitírselo al espectador. Y, además, uno confiesa tener cierta debilidad por aquellos directores clásicos que bebían de la propia vida y de la experiencia (que hasta que no se demuestre lo contrario es la mejor escuela conocida) para contar sus historias, tipos de cuyas biografías se podrían extraer argumentos para unas cuantas buenas películas.

¿QUIÉN DICE QUE EL LIMBO NO EXISTE?
Tenemos a un chaval incomprendido que desea ir a Londres para hacer un curso de escritura. Es el clásico chico empollón y responsable cuya máxima aspiración es pasar desapercibido durante la adolescencia, hasta que lleguen tiempos mejores. Por otro lado está una chica que es lo contrario de él y que representa a otra de las figuras típicas de cualquier instituto que se precie: la estudiante problemática y rebelde. Pues bien, el caso es que, debido a un equivoco, acaban teniendo un encontronazo y ella lo mata accidentalmente. Como ya habrán imaginado, nuestro desafortunado chaval no llega nunca a Londres. Pero no se crean, sigue con nosotros, aunque eso sí, de forma incorpórea y atrapado en un lugar más lejano e intangible, en una especie de limbo. A partir de ese momento vaga por el mundo con su naturaleza espectral y se comunica con la chica para intentar convencerla de que confiese a la policía y se arrepienta, para que así él pueda recuperar sus huesitos y vísceras. Por si esto fuera poco, ella resulta no ser tan mala chica y surge el amor. Delirante, ¿verdad?, uno se pregunta de donde diablos sacará las ideas esta gente. Aunque en este caso ni siquiera son responsables de la dudosísima originalidad de la historia, ya que estamos ante la versión americana de un filme sueco, Den Osynlige (2002).

MADIBA
La nueva película de Clint Eastwood enfoca su mirada sobre la que, posiblemente, es la figura más respetada y admirada del mundo contemporáneo: Nelson Mandela. Y lo hace centrando su atención en un momento muy concreto de la historia más reciente de Sudáfrica: la celebración del campeonato mundial de rugby, en 1995. Madiba, así es como se le conoce en su país, utilizó un símbolo de la división racista como los Springboks (la selección de rugby sudafricana era querida por los blancos y odiada por los negros) para transfórmalo, con un visionario y generoso sentido de la oportunidad política, en todo lo contrario, en un instrumento de unidad y reconciliación.