
LA CUADRATURA DEL CÍRCULO
La cuadratura del círculo es un problema geométrico irresoluble que consiste en hallar, únicamente pertrechados con regla y compás, un cuadrado que posea un área igual a la de un círculo dado. Vamos, como lo del huevo y la gallina pero en versión ilustrada. En sentido metafórico, solemos decir que algo es la “cuadratura del círculo” cuando queremos referirnos a un asunto de muy complicada o imposible resolución. Alejandro Amenábar afronta con este ambicioso filme una cuestión para la que, como en ese enigma matemático que ha intentando abordarse sin éxito desde la antigüedad hasta nuestros días, la humanidad tampoco ha encontrado respuesta: la eterna colisión entre ciencia y religión. “Como en la Alejandría del siglo IV, nuestra sociedad vive una crisis de valores, no sabemos donde vamos”, asegura el director.

Un simple vistazo a la corta y brillante carrera de Amenábar sirve para corroborar la certeza de que estamos ante un realizador cuyas inquietudes creadoras le han llevado a asumir nuevos y mayores retos en cada proyecto emprendido. Pero, además de su osadía, lo que le ha convertido en uno de los cineastas más talentosos de su generación es la versatilidad que ha demostrado poseer para moverse con solvencia en distintos géneros, saltando de un thriller como Tesis (1996) al cine fantástico de Abre los ojos (1997), al terror de Los otros (2001) y al realismo dramático de Mar adentro (2004). Ahora cambia nuevamente de registro y aborda la aventura de rodar esta superproducción histórica que nos traslada a la Alejandría del siglo IV para contarnos la vida de Hipatia, la primera mujer matemática, astrónoma y filosofa de la que tenemos conocimiento detallado. En una reciente entrevista explicaba como el germen de la idea que terminaría materializándose en Ágora, le sobrevino observando el cielo: “Vi las estrellas una noche sin luna desde un barco en Ibiza y sentí una conexión muy especial. Me empecé a interesar mucho por la astronomía. Fui siguiendo hacia atrás casi todo el pensamiento astronómico de estos 2.000 años, de Einstein a Newton, Kepler, Copérnico, Galileo…”. Hasta que descubrió a Hipatia, una mujer que alcanzó extraordinarios progresos en la ciencia y cuya figura, oscurecida durante más de un milenio por el cristianismo medieval y redimida en el siglo XVIII por la ilustración, le sedujo hasta el punto de decidir situarla en el centro de su nueva película. Tanto él como Mateo Gil, guionista con el que ya trabajó en sus dos primeros filmes, se dieron cuenta enseguida de su enorme potencial dramático. Porque, sin duda, estamos ante un gran personaje. Hipatia simboliza la luz, la razón y la libertad frente al oscurantismo. Entonces, la sinrazón se ocultaba bajo la sombra del fundamentalismo religioso. Pero, cambiando o no de disfraz a lo largo del tiempo, los iluminados fanáticos a los que tuvo que enfrentarse nuestra erudita heroína siguen estando entre nosotros. En este sentido, Ágora es una película absolutamente contemporánea.

Amenábar asegura que Steven Spielberg es el director con el que más se identifica. Su forma de entender el cine se nutre de una convicción: el espectáculo y el entretenimiento no sólo no te distancian de la calidad, son una aspiración innegociable. Como el realizador americano, Amenábar también hace sus películas pensando en todo momento en el espectador, jugando con los resortes narrativos y visuales del lenguaje cinematográfico hasta encontrar la manera de embaucarle con sus cuentos, de emocionarle. Básicamente, a ese cosquilleo sordo y diminuto que brota en nuestro interior es a lo que llamamos “la magia del cine”. Pero, precisamente, la ausencia de emoción o de una cierta intensidad es la mayor carencia que lastra su último filme.
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Ágora está espléndidamente armada y conjuga con precisión de artesano su discurso narrativo, luminoso y audaz, con un poderoso sentido visual. Se ve con placer, pero desde la distancia. Le sobra elegancia académica y le falta garra. Nunca consigue despojarse de sus ropajes excesivamente fríos y didácticos. Parece como si a Amenábar le hubieran abrumado las exigencias que conlleva rodar una superproducción épica: mucha pasta, ambiciosos escenarios, estrellas internacionales… Como si, ese obsesivo afán por vigilar cada pequeño detalle para no salirse del renglón, hubiera encorsetado su película hasta impedirla volar. En Ágora la razón termina eclipsando a la emoción. Pero esto es cine, no una clase de historia. Amenábar tampoco halló la cuadratura del círculo.


alberto said
Octubre 17 2009 @ 13:43
Curiosa la división de opiniones con esta película. Mucha gente opina como tú y la ve plana y fría. Yo no. A mí me pareció emotiva y ejemplarizante. Creo que la clave puede estar en que comprendas y compartas el discurso ideológico que rezuma el film, de condena de las religiones como aniquiladoras del racionalismo y en definitiva del progreso. Por otro lado a mi no me desagradó el estilo un poco “de documental”. La hace más veraz. Pero quizás por ello le resulta menos cinematográfica a algunos. Para entendernos, no es una peli de romanos al uso. Pero a mí, sinceramente, me pareció magnífica.
conde said
Octubre 17 2009 @ 17:53
a mi también me gustó mucho… pero leyendo tu artículo sí que me doy cuenta que pasé un rato divertido pero que quizás le faltó “sentimiento”. de todos modos, si tuviésemos tres o cuatro amenabars en este país… qué bonito sería!
Foxo said
Octubre 19 2009 @ 12:25
“Le sobra elegancia académica y le falta garra. Nunca consigue despojarse de sus ropajes excesivamente fríos y didácticos” _Ha escrito el maestro Boñar…
Pues a mi, si me apuras aún me parece poco, yo, viendo la película esta, me aburrí tanto como creo que me podría aburrir en un concierto de la “duerme vacas” Russian Red (al que, by the way, ni se me ocurriría ni entrar…)
Apertas
Calina said
Octubre 31 2009 @ 0:23
A mí me faltó algo. Para mí va de menos a más, te va metiendo hacia ya el final en los sentimientos.
Me faltó más fuerza en los dos personajes secudarios. Ella sí me gustó mucho. Da sensación de que hay 6 actores y el resto no existe
Me pareció tener un sentido poético, que casi, pero no llega
Aún así, me parece una gran película. Salí haciendo la misma reflexión sobre la intolerancia de ser humano, y las religiones, pensando no hemos aprendido nada.
mua
yo said
Octubre 31 2009 @ 22:29
agora?? una paparruchada pretenciosa….de una vacuidad absoluta…el director demuestra una vez más no saber salir de la adolescencia y es incapaz de generar un discurso tanto plástico como narrativo con un mínimo de profundidad reflexiva…lo dicho..una película vacía, de discurso obvio y pretencioso, un ejercicio de onanismo…lo mejor que le va es el archicitado comentario del señor lobo en pulp fiction..sí, aquel de dejarse de chuparse…..
un poco de humildad isempre es buena consejera
Jou said
Noviembre 6 2009 @ 11:14
¡Qué agresividad!
Cuando te refieres a onanismo, supongo que será mental… No me imagino al bueno de Alejandro tocándose entre secuencia y secuencia…
No he visto la película (y tampoco tengo especial interés). En cualquier caso, creo que este tipo merece un respeto; no ya por sus capacidades en lo que a la técnica se refiere (los hay que me parecen impecables en ese sentido y que, sin embargo, hacen un cine que, salvo contadas excepciones, no me interesa lo más mínimo; por ejemplo, Almodóvar -aunque éste es un caso aparte- o el mismísimo Jarmusch, cuya última película me aburrió hasta límites insospechados) sino porque es capaz de tocar todos los palos alcanzando, en mayor o menor medida, uno de los objetivos para mí primordiales -y desprestigiado por muchos culturetas de pacotilla- del cine (por no mentar el caso de la literatura): el entretenimiento…
Ojo, no sostengo que ésta deba ser la única característica de un filme (estaría renegando de películas y directores que me entusiasman y en las que el entretenimiento pasa a un segundo plano y algunos aprovecharían para tildarme de defensor acérrimo de películas como “Los Locos de Canomball” o “Los Albóndigas en Remojo”), pero sí considero que en muchas ocasiones esto se obvia, cuando es -o debería ser- una de las esencias del séptimo arte…
Tras esta paja mental de viernes resacoso en el currele, pongo ambas mejillas para quien considere oportuno obsequiarme con sendos cachetes…
Salud…
María said
Noviembre 6 2009 @ 12:55
La vi ayer.
Iba con mi expectativa deprimida. A mi círculo “le había defraudado”, “esperaban más”
Puede que por llevar la contraria, entre otras cosas, a mí me haya gustado.
Me gusta que Amenábar no hay hecho concesiones al gran público. Que haya hecho la peli que le ha dado la gana. Me gusta el tema. El humanismo. Eso tan cursi para muchos y tan en desuso para todos.
Me gusta que haya elegido la figura de una mujer sobrasliente y sobresaliendo en esa época, tan parecida a la de hoy y a la de mañana, ¿Será porque soy una tía? Será. Me gustaron algunos pequeños detalles en una peli tan grande: la mosca que revolotea en el sacerdote muerto. El suelo de piedra sobre el que ruedan carros con cadáveres. Que se haya evitado, premeditadamente, (y tanto, la Weisz quería sexo) el rollete entre los protas.
Lo que no:
Me chirriaron algunas interpretaciones.
Le falta cierta fuerza emocional.
El doblaje, como siempre (Cada vez que voy al cine echo de menos Madrid)
Y nada, me gusta Amenabar.
Besos
manuel boñar said
Noviembre 8 2009 @ 13:27
A mi en algunos momentos se me pareció a las grandes superproducciones con temática romana o egipcia. Me tuvo más como espectador, que como “actor”, entre otras cosas porque me pareció un discurso ideológico de Abenámar, que no comparto.
Lo lleva todo muy atado; tiene muy claro quienes son los “buenos y los malos”.
La historia no es tan sencilla como para meterla en una cinta de dos horas y no se pueden forzar los hechos , ni los personajes, a veces acaban siendo “caricaturas”. Es la pega que pongo a la película, que por otra parte me gustó y la seguí con atención.
EN EL CINE NO LLUEVE » PREMIOS GOYA 2010 said
Febrero 12 2010 @ 22:50
[…] ahora se postula al premio gordo con su recreación histórica de la vieja Alejandría que vemos en Ágora (13 candidaturas). Nada más, únicamente recordar que no siempre los premios están estrechamente […]
EN EL CINE NO LLUEVE » EL ORFANATO said
Enero 26 2012 @ 20:30
[…] en cambio, cuando enfrentamos de manera global esta película a la magistral obra de Amenábar - Ágora (2009) […]