
DETERMINISMO Y ALEATORIEDAD
La corriente filosófica determinista postula, a grandes rasgos, que cualquier acontecimiento, mental o físico, siempre responde a una causa. De este modo, todos los sucesos que escriben nuestras vidas responderían a un guión predeterminado e inalterable. La teoría de la aleatoriedad defiende todo lo contrario: nada es previsible y el presente siempre estaría condicionado por la intervención del azar. Son dos doctrinas que enfrentan la complejidad del mundo desde ópticas absolutamente contrapuestas, e igual de limitadas en su afán por esclarecer los infinitos porqués que mueven nuestros actos y, con ellos, la realidad que habitamos.

Hace tiempo escuché una anécdota sobre Jorge Luis Borges, una peripecia aparentemente intrascendente que le sucedió durante un viaje a Egipto y que el propio escritor argentino recoge entre las crónicas mundanas de su libro Atlas. Así lo cuenta: “A unos trescientos o cuatrocientos metros de la Pirámide me incliné, tomé un puñado de arena, lo dejé caer silenciosamente un poco más lejos y dije en voz baja: estoy modificando el Sahara”. A continuación, reflexiona sobre el papel y escribe: “El hecho era mínimo, pero las no ingeniosas palabras eran exactas y pensé que había sido necesaria toda mi vida para que yo pudiera decirlas…”.
Como ese hecho minúsculo que Borges atrapó dentro de unas cuantas no ingeniosas pero exactas palabras, todas las acciones que ejecutamos, las más de las veces de forma inconsciente, transforman constante e inexorablemente el presente en pasado y terminan transcendiendo el universo que habitamos. Las respuestas a cómo y porqué lo hacen se antojan demasiado inabarcables para caber dentro de un dogma o en la naturaleza quieta de un teorema. Necesitan el infinito espacio de los grises, ese territorio vasto e inexplorado que se encuentra entre determinismo y aleatoriedad.
En los primeros minutos de metraje de Señales del futuro vemos como el profesor de astronomía John Koestler expone a sus alumnos estas dos formulaciones filosóficas. Cuando termina, uno de los estudiantes le pregunta: ¿Y usted, en cuál de ellas cree? Después de quedarse ensimismado durante unos segundos, este hombre que ha perdido recientemente a su mujer en un trágico accidente responde con tristeza algo parecido a esto: “nada es predecible, no tenemos ni idea de porque suceden las cosas”. A medida que avanza la trama, nuestro protagonista recorrerá la enorme distancia que separa lo contingente de lo predeterminado.
Lo malo del nuevo filme de Alex Proyas es que su interesante premisa argumental se desinfla poco a poco, dispersándose y alejándose de los personajes y sus potenciales conflictos interiores para transformarles en meras y planas marionetas que corren de un lado a otro o descubren el terrible secreto que se esconde en un jeroglífico numérico como quién se lava los dientes, se mesa el cabello o bebe un vaso de agua: sin saber porque lo hacen y, sobre todo, sin llegar nunca a planteárselo. La trama de Señales del futuro abandona las innegables posibilidades de una buena idea para desvanecerse entre una maraña de numerosas y prescindibles referencias que van desde la numerología a la profecía bíblica o la ciencia ficción de extraterrestres. Ese tortuoso y atolondrado trayecto finaliza con una grotesca secuencia que parece extraída de uno de aquellos antiguos libros de religión que representaban un cielo azul con angelitos sentados en esponjosas nubes y un infierno rojo bajo las llamas y con otros angelitos que, en lugar de alas blancas, lucían cuernos y rabo. Antes de llegar a ese glorioso e infantil epílogo lo que vemos son unas cuantas escenas de catástrofes y explosiones que incluyen, como no y por enésima vez, la destrucción de la ciudad de Nueva York.

Y luego está Nicolas Cage, un actor justito y definitivamente limitado cuando se le exige que, más allá de pegar a los malos o disparar una metralleta, aguante un primer plano y transmita tristeza, compasión, desconcierto o felicidad desde los ojos o la levedad de un pequeño gesto.


EN EL CINE NO LLUEVE » EL SEÑOR DE LA GUERRA said
Octubre 19 2011 @ 18:22
[…] cloacas del planeta, se imbuyó de las peripecias de cinco traficantes reales. Nicolas Cage - Señales del futuro (2009) - es el encargado de poner rostro al cínico Yuri, y su trabajo es sin duda lo mejor de este […]