
EL BUFÓN DE LA CORTE
El gamberro y cáustico bufón de la corte no es otro que el cómico inglés Sacha Baron Cohen. Después de triunfar en el aclamado programa televisivo The 11 O´Clock Show, trasladó el provocador humor de sus estrambóticos personajes a la gran pantalla. Primero llegó Ali G anda suelto (2002), un filme que cosechó malas críticas pero un enorme éxito de taquilla en su país, y en el que ya se insinuaban sus intenciones de ridiculizar a cualquier autonombrado e hipócrita representante de esa doble moral que se esconde en el pensamiento único.

La repercusión internacional, además del simbólico y discutible honor de ser considerado persona non grata en Estados Unidos, le llegó con Borat: Lecciones culturales de América para beneficio de la gloriosa nación de Kazajistán (2006), una película de nombre tan largo como el morro de su protagonista para pasarse cuatro pueblos y convertirse en el certero azote de los fundamentalistas, bochornosamente iluminados, que habitan ese lugar que llamamos la América profunda.

Y ahora regresa de nuevo en su faceta de peligro público número uno con Brüno, filme que ahonda en el mismo estilo formal que desplegó en Borat, jugando a despistar a un espectador que nunca llega a saber del todo si lo que está viendo es ficción o realidad. Un soporte cercano al falso documental en el que abundan las imágenes grabadas con cámara oculta o de forma confusa (semejantes a las que vemos en esos programas televisivos presentados pomposamente como reportajes de investigación). Un formato que ya demostró ser absolutamente eficaz para canalizar las corrosivas gansadas que perpetró caracterizado de Borat y que, ahora, vuelve ser igual de válido para Brüno, el imposible y mega-gay presentador de un programa de moda austriaco que protagoniza este nuevo filme. Cambia el disfraz escogido para descolocar al personal, pero la temeraria desfachatez con la que este tipo destroza y desordena la simpleza mental de sus víctimas sigue siendo la misma.

El esperpéntico Brüno se encarga en esta ocasión de desnudar la realidad que se oculta tras esas falsas y vacuas apariencias que rigen el mundo de la moda, la estupidez inherente al circo que se monta alrededor de todos esos tipos que imponen caprichosamente lo que está “in o out”, los prescindibles gurús de las tendencias. Pero sus dardos van más allá y también apuntan, por ejemplo, hacia la absurda cultura que vende la idea de alcanzar la fama a costa de cualquier precio, o hacia la frívola e inmoral utilización de las causas benéficas por parte de las celebridades.

Lo que nos encontramos en Brüno es, en definitiva, una brutal caricatura de gran parte de todas esas gilipolleces que abundan en nuestra sociedad del bienestar y que, en los casos más delirantes, han llegado a alcanzar el rango de dogmas. Y, aunque los instantes de brillante comicidad aparezcan de forma irregular en la cinta, sólo por eso ya merece la pena aplaudir a este payaso grosero y revoltoso, a este bufón de la corte que responde al nombre de Sasha Baron Cohen.

