LAS ERINIAS

El reto de los 30 libros: 16. Uno ruso que sí haya leído

Escrito por Sonia Seijas el Miércoles, 16 de mayo , 2012 a las 5:01

Tengo que reconocer que de literatura rusa no ando muy sobrada, a diferencia de otras literaturas, como la japonesa, que por mis gustos devoro con pasión, los escritores rusos nunca me han llamado demasiado. No quiero decir que no me parezcan buenos, sino que no despertaron mi interés en demasía. Dicho esto, creo que el autor que más he leído ha sido León Tolstói, porque me comí enteros Guerra y Paz y Anna Karénina y los disfruté. Fueron largos, muy, muy largos para mí, pero he de reconocer que los personajes me parecieron tan reales, tan cercanos, que no pude menos que entender todo lo que les iba pasando durante la novela.

Sin embargo, no voy a escoger esta, mi libro ruso es “Eugenio Oneguin”, ¿por qué? Para ser sincera, todo fue culpa de Chaikovski (del cual me confieso devota). Hace bastantes años, tuve el privilegio de poder ver su ópera basada en el libro de Pushkin y me dejó tan trastocada el final que no pude resistir la tentación de leer la novela por si había sido una licencia que se había tomado el músico. La ópera me encanta y sobre todo cuando la puesta en escena es tan bonita como la que pude ver, así que como un mes o dos después, me embarqué en la lectura de la novela, para ver si podía reprocharle a Chaikovski que hubiese dejado un final como aquel. Y no, realmente, la novela acababa así. Con lo que es un libro ruso, que no sólo he leído, sino que tengo asociado a un recuerdo muy claro. En lugar de dejaros un fragmento del mismo, ya que mi lectura vino propiciada por ella, os dejo un trozo de la ópera. Advierto que es la escena final, si no habéis leído el libro, igual es mejor que no le deis al play. :)

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Categoría: 30 libros

Nudos

Escrito por Sonia Seijas el Lunes, 14 de mayo , 2012 a las 12:36

Llevaba días dándole vueltas a aquel trozo de cuerda y no era capaz de sacárselo de la cabeza. Por mucho que intentase que su mente se ocupase en otras cosas, siempre volvía a aquel nudo.

Lo había encontrado por casualidad en el bolsillo de un abrigo. Ahora se preguntaba si lo habría hecho ella misma tiempo atrás o si, por el contrario, alguna extraña casualidad lo había llevado allí. Tal vez lo hubiese dejado alguien… Más allá de su procedencia, lo extraño de aquel trozo de cuerda retorcido era lo hermoso que parecía al colocarlo en la palma de la mano, como si cada torsión estuviese en el lugar que debería, formando un todo uniforme y armónico. Durante esa tarde le dio vueltas en la mano, jugueteó con él con los dedos en el bolsillo del abrigo, lo sacó y lo cambió de lado, lo contempló mientras se sentaba en el asiento del autobús camino a casa… pero al final, como todo nudo que se precie, sólo cabe una posibilidad, como si de un acertijo se tratase, tenía que deshacerlo.

Y en eso había gastado los dos últimos días. Al principio, lo intentó con un poco de desidia, seguramente pensando que sería una tarea más bien rutinaria, pero al no conseguirlo en el primer par de intentos, centró toda su atención en los entresijos de la pequeña cuerda y en cómo se retorcían hasta formar esa pequeña pelotita en el medio. Poco a poco empezó a entender la “esencia” del nudo, el recorrido a través de cada nueva vuelta y la torsión que implicaba. Así que, armándose de paciencia, comenzó poco a poco y con mucho cuidado a aflojar algunos trozos aquí y allá. Aunque al principio pensó que no cederían a su presión, después de unos cuantos intentos fallidos parecía que iban aflojando.

Durante semanas, con constancia y empeño, fue dando pequeños tirones y desenmarañando el nudo en cada una de sus partes, hasta que al final, allí estaba, frente a ella. Un trozo de cuerda retorcido y un poco gastado, pero sin ningún nudo que entorpeciera su paso. Allí estaba, después de tanto esfuerzo y tantos días de tirar y aflojar, de desandar el camino a través de las vueltas… allí estaba. Y entonces llegó la pregunta… “¿Qué narices hago yo ahora con esto?

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Categoría: Historias de folletín,Palabras más o menos

El reto de las 30 canciones: 14. Una canción que nadie espera que te guste

Escrito por Sonia Seijas el Martes, 8 de mayo , 2012 a las 3:36

Me imagino que hay un montón de canciones que nadie espera que me gusten, sobre todo porque, aunque soy más bien tirando a rockera, reconozco que cuando  una canción me gusta, no importa el estilo que tenga, se me pega y ya no hay nada que hacer. Es el caso de esta canción en concreto, desde que la escuché no sale de mi cabeza, así que supongo que merece estar en esta lista. No es mi estilo, no es un artista que conozca demasiado (sé que eso a mucha gente le parecerá raro, porque luego he visto que es bastante conocido), pero se ha pegado a mi cabeza como el chicle, así que aquí está Bruno Mars y su “Just the way you are”

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Categoría: 30 canciones

El reto de los 30 libros: 15. Uno que amé hace años y que hoy repudio

Escrito por Sonia Seijas el Domingo, 6 de mayo , 2012 a las 6:15

Esta también creo que será fácil. Recuerdo que en una época de mi vida, cuando era niña, estuve totalmente fascinada por la colección de Los Hollister. Que eran una familia de cinco hermanos que se enfrentaban a misterios y aventuras que a mí me parecían de lo más fascinante y que siempre resolvían a pesar de todas las trabas que se les presentaban. Como eran niños de muchas edades, creo que resultaba muy fácil identificarse con ellos y que, en parte por eso, enganchaban al leerlos.

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Además de esta colección, estuve absorta también en la de Los Cinco, porque estaba total y absolutamente fascinada por una de las protagonistas, Jorgina (o Jo, como quería que la llamasen todos), que era muy masculina y resuelta para una chica y que, para mí, en aquel momento en el que todos mis juegos estaban dentro de los juegos de mis primos porque me pasaba todo el día con ellos, era como mirarse en un espejo. Reconozco que leía, no, devoraba, todos los que caían en mis manos y cuantos más leía más quería leer las aventuras de aquella chica que era un poco testaruda y que adoraba a su perro.

Os diré que no hace mucho, cometí el error de intentar releer uno de estos libros. En un alarde de nostalgia, pensando que sería bonito volver a rememorar aquellos sentimientos, me senté e intenté leer uno. Craso error. ¡Qué horror de libros! Sólo puedo imaginarme que, en mi mente infantil, esto parecía mucho más coherente. En fin, que hay cosas que hay que dejar en la nostalgia, está claro.

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Categoría: 30 libros

El reto de los 30 libros: 14. Uno que odié hace años y hoy admiro

Escrito por Sonia Seijas el Miércoles, 28 de marzo , 2012 a las 11:30

La verdad es que libros que haya odiado, no recuerdo demasiados. Le cogí bastante manía a muchos que me obligaron a leer en cierto momento de mi vida estudiantil, pero creo que tenía más que ver con el hecho de que tuviese que hacerlo obligatoriamente que con las bondades de los propios libros.

Uno que recuerdo especialmente con amargura es “Cinco horas con Mario” de Miguel Delibes. A mí, en el momento que lo leí, me parecieron cinco millones, la verdad. Sobre todo porque de Delibes hay otras obras, como por ejemplo “El camino” que, además de gustarme mucho, creo que podría haber sido un mejor acercamiento a la obra de este maravilloso autor para el momento vital en el que me lo mandaron leer.

También he de decir, sin embargo y a propósito del título del post, que muchos años después lo releí y me pareció un libro mucho más rico de lo que había podido percibir en esa primera lectura. El oír cómo la protagonista va desgranando toda su vida, sus frustraciones y todo aquello que había callado poco a poco, me pareció sublime. Pero ya digo, era un momento diferente y mi visión de la vida también.

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Categoría: 30 libros

El reto de las 30 canciones: 12. Una canción de una banda que odie

Escrito por Sonia Seijas el Sábado, 24 de marzo , 2012 a las 12:03

La verdad es que hay muchas bandas que no me gustan, pero una que me repatea el hígado especialmente es Camela. No me gustan nada de nada, no sé si es por que todas las canciones me parecen iguales o si tiene algo que ver con que uno de mis primos estuvo durante años castigándome el oído con sus canciones. Así que no voy a hacerlo con vosotros, por la contra os voy a dejar algo para que, si tenéis curiosidad, buceéis un poco. En el año 2000 este grupo hizo una colaboración estelar con Enrique del Pozo versionando una canción que, seguro que no os imaginaríais en todos los días de vuestra vida. Como no hay vídeo de ella, os dejo la versión antigua y ya vosotros le ponéis imaginación y la pasáis al estilo “Camela“.

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Categoría: 30 canciones

El reto de los 30 libros: 13. El primer libro que leí en mi vida

Escrito por Sonia Seijas el Lunes, 19 de marzo , 2012 a las 16:28

Retomando los retos literarios y musicales, empiezo primero por el de los libros, que me gusta mucho :)

Lo cierto es que pensar en el primer libro que leí en mi vida es dificilísimo, porque no tengo un recuerdo claro de cuál ha podido ser. Sí tengo en mente algunos de los que leí cuando era bastante pequeña, que me regalaban cuando me cansaba de pedirlos, así que esta casi va a ser una entrada de esas de nostalgia más que otra cosa.

Recuerdo que unas de los primeros libros que tuve era una colección de Miniclásicos, una especie de adaptación de los cuentos, recogida en varios tomos y con unas ilustraciones bastante comunes en la época. Recuerdo especialmente el cuento de Blancanieves y Rosa Roja, que ahora me viene a la mente muchísimas veces cuando leo los libros de Fábulas.

Mini Clasicos,Tomo 12,adaptaciones de Eugenio Sotillos, Ilustraciones Maria Pascual,y el - (Libros de Lance - Literatura Infantil y Juvenil - Cuentos)

Tengo también leí mucho de la Biblioteca de Jóvenes Castores. ¡Cuántos recuerdos intentando hacer algunas cosas que venían con mis primos!. Queríamos convertirnos en exploradores y descubrir algo que sólo nosotros podíamos descubrir, porque como niños que éramos, creíamos que había cosas que sólo nosotros podíamos ver.

Luego, ya empecé a ahorrar para comprar mis propios libros  y cómics y descubrí el maravilloso mundo de las bibliotecas, pero eso ya es otra historia.

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Categoría: 30 libros

Moebius, ese gran soñador

Escrito por Sonia Seijas el Domingo, 11 de marzo , 2012 a las 22:20

Y entonces, ¿qué?, hace unos días fue el grandioso Ralph McQuarrie y ayer el insuperable Moebius (o Jean Giraud, como le conocían muchos). Creo que no me quedo corta cuando os digo, que tanto el cómic como la ciencia-ficción están de luto esta semana. Porque, al igual que Ralph, Moebius no sólo era un dibujante de cómic, que lo era (y uno de los grandes), sino que era uno de esos artistas que hacían que una película de ciencia-ficción no pareciese un montón de cachivaches unidos con pegamento. Sólo hay que ver sus diseños para El quinto elemento o Tron, para darse cuenta de esto. Para mí, Moebius es uno de esos artistas que dan forma a los sueños, a veces incomprendido y a veces tachado de genio, lo cierto es que su manera de ilustrar nunca ha pasado inadvertida.

Creo que, como casi todo el mundo, una de las primeras cosas que leí de él fue Blueberry, por supuesto. También he de reconocer que, como no me gustan demasiado los cómics de vaqueros (hasta que descubrí Predicador), no le hice demasiado caso en su momento. Pero más tarde, cuando descubrí también a Jodorowsky, vi una faceta totalmente distinta de este dibujante. Lo cierto es que sus dibujos siempre tienen algo de onírico que me dejan un poco pensativa y creo, realmente que es una gran pérdida para el mundo del cómic. Lo cierto es que su estilo nunca pasará desapercibido, sobre todo porque es como entrar en la mente de alguien, a través de esos trazos finos que siempre rodeaban sus ilustraciones, las pinceladas de color, tenue a veces y fuerte otras. No sé cómo explicarlo, a pesar de que todo lo demás no tuviese sentido, sólo el placer de poder admirar alguno de ellos ya es un lujo para cualquiera. Es una lástima que no pueda regalarnos más sueños, aunque sí podemos seguir disfrutando de los que ya nos ha ido regalando a lo largo de su vida.

Os dejo con una de sus ilustraciones que más me gusta, a pesar de que no sea la más típica. Elektra es un personaje que siempre me ha fascinado, creo que tiene que ver con el contraste negro-rojo que siempre la rodea, así que, después de la Elektra de Sienkiewicz , esta es la que más me gusta sin duda alguna. Y también, con una frase, que él mismo dejó para la posteridad  y que creo que resume muy bien su forma de hacer las cosas: “El talento es un regalo de los dioses, pero siempre tengo que correr detrás de él para poder estar a la altura”. Seguramente ahora, ya sueña todo el tiempo.

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Categoría: De letras y viñetas

Retazos

Escrito por Sonia Seijas el Martes, 6 de marzo , 2012 a las 21:10

La soledad es una amiga injusta, lo cierto es que casi nunca te acompaña cuando la deseas vehementemente y, sin embargo, en ocasiones se empeña en instalarse en tu casa a pesar de que intentes echarla con todas las indirectas del mundo. Y, luego, hay ocasiones en las que te susurra al oído y se te acerca justo cuando lo necesitas. En esos momentos la percibes como un trozo de hielo pegado a tu piel durante un día de calor sofocante. Sientes cómo se derrite a tu alrededor y va calmando tu alterado corazón.

Así, eres capaz de adentrarte en una calle llena de gente y sentir cómo eres una mera observadora, como si sus historias fuesen una película en 8 mm. que se proyectase a saltos a tu alrededor, entremezclándose entre ellas y dejando apenas unas pocas imágenes impresas en tu retina. Una multitud de cortos que tan sólo entienden sus creadores y que sólo te dejan una ligera idea y un montón de material para que la imaginación, prolífica, cree todo un universo que los contenga.

Me sorprendo, en soledad, observando a la gente que me rodea, en un restaurante cualquiera, en una ciudad cualquiera.

Una madre, preciosa, con su pareja y dos niños muy pequeños. Intenta por todos los medios parecer despreocupada y distraída, un poco acorde con la vestimenta que lleva, pero de reojo, no pierde ni un sólo movimiento de los pequeños, hasta el más breve giro despierta su atención. Sonríe y se atusa el enmarañado cabello cuando la camarera le ofrece llevarse los niños a su casa y, un poco en broma, contesta que sería su primer descanso en los últimos 5 años. Su voz suena triste, pero su mirada parece satisfecha y la caricia que le dedica el hombre sentado frente a ella contiene más complicidad que todos los textos de poesía del mundo.

Al lado, otra madre, con su hija que suenan a brasileñas por sus expresiones, susurran secretos entre ellas y se ríen, con esa risa espontánea que te da ganas de capturar en un bote, para poder recuperar más tarde cuando la necesitas realmente. La adolescente intenta que su madre aprenda a pronunciar en correcto español “Yo soy” y cada vez que esta no es capaz, estallan de nuevo las risas. Me quedo a un impulso de unirme a ellas. La hija dirige de vez en cuando furtivas miradas a su alrededor, para comprobar si están siendo observadas, como si ese pequeño placer madre-hija, fuese algo que preferiría vivir en la intimidad. Me gusta observarlas, el brasileño se me antoja un idioma musical y un poco sensual, como si te tatareasen una melodía al oído que no terminas de reconocer y tuvieses que agudizar el oído porque, por momentos, pareces hacerlo.

Un poco más allá, lo que parecen tres compañeros de trabajo, a juzgar por la conversación que están teniendo. Temas del día. La mesa parece una prolongación de la de su propio despacho. Cifras. Órdenes. Derechos. Deberes. Algún cotilleo entremezclado. Asienten unos a otros y creo que, en el fondo, sienten como si estuviesen en un submundo de la realidad, donde sólo ellos pueden entender ese juego de miradas y gestos. Aunque él no se ha dado cuenta de que una de ellas lo mira un poco distinto.

En el otro extremo del comedor, una joven pareja. Muy arreglados los dos, tal vez en algún tipo de celebración personal. Él no deja de hablar de ordenadores, mientras ella asiente, esperando que centre su atención en ella. Mimosa, coloca su cabeza en el hombro del él y suspira fingiendo cansancio. Espera que él repare en su propia soledad y simplemente la mire y sonría.

Y, al fondo, dos mesas solitarias. En una yo misma, que me entretengo en mis ejercicios de observación. En la otra, una mujer madura, que pide una comida frugal y se absorbe en sus propios pensamientos. Al teléfono, cancela una cita con una excusa nacida en el mismo instante en el que contesta. Evita mirar a su alrededor, creo que teme encontrarse miradas inquisidoras y se concentra en lo exiguo de su plato. Zapato cómodo, sin maquillaje, pero con cierto atractivo natural. La soledad parece muy fuerte en ella y, sin embargo, parece sentirse incómoda transportándola en un lugar tan lleno de gente.

Eso me hace dar vueltas una vez más a algo… ¿Por qué nos hace sentirnos tan incómodos el sentarnos solos en medio de un montón de gente? Es curioso cómo reaccionamos los seres humanos. Cuando vamos a pasear, a comer, a tomar un café… en definitiva, cuando nos encaminamos en soledad hacia sitios transitados, lo hacemos un poco para acallar esa soledad interior con los gritos de las vidas que nos rodean por un instante. Y sin embargo, el grito interior prevalece. Curioso.

Se levanta y se despide. Por un segundo, ante la franca sonrisa de la camarera, su semblante cambia y se la devuelve. Aferrándose a ese último instante, sale del restaurante y comienza a caminar. La veo pasar frente al ventanal, como mirándose los zapatos y, os lo juro, en ese instante, en un restaurante de Santander, alguien puso de fondo “Negra Sombra”.

 

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Categoría: Historias de folletín

Y si hablamos de amor…

Escrito por Sonia Seijas el Domingo, 5 de febrero , 2012 a las 14:11

La miró, extrañado, cuando ella le sonrió con aquella expresión condescendiente con la que solía obsequiarle cuando estaba segura de tener la razón en algo y él no. Después de tantos años, ya conocía cada arruga de su expresivo rostro. “No creo que sea amor -le dijo simplemente“. Y luego se quedó callada, mirando a las caras que, durante unos segundos, se veían a través de la vidriera de la cafetería. Parecía como si esperase a que él le contestase algo definitivo, una especie de verdad universal que la desarmase por completo. Sin embargo, permanecía en silencio, por un instante se había quedado sin argumentos y no tenía muy claro cuál se suponía que tenía que ser su siguiente paso con ella. Sólo se atrevió a decir un breve “¿Por qué?“. Y entonces, ella empezó a hablar:

-”No creas que es que dude de tus sentimientos, simplemente no creo en ese concepto que todos parecéis tener del amor. Sé que puede sonar extraño pero no puedo entender que puedas decir que amas a alguien sin haber pasado por las dificultades de la vida. Sí creo que puedes querer a alguien, hay muchas maneras de hacerlo, incluso desear a alguien con todas tus fuerzas, la pasión es algo que nos arrastra sin que podamos detenerlo, pero hace mucho que la vida me enseñó que el concepto de amor romántico normalmente no tiene nada que ver con la realidad a la que nos enfrentamos. Creo, más bien, en la necesidades: la necesidad de cercanía, de sentirse necesitado, de saber que cuando te sientes perdido hay una mano que alguien te tenderá para encontrar el camino de nuevo y, sobre todo la necesidad de contacto humano, que nos hace sentir por un instante que no vamos a irnos solos cuando todo termine. Todos necesitamos que alguien nos haga sentir de vez en cuando que estamos vivos, que nos recuerde que nuestros sentidos pueden llevarnos al éxtasis infinito en apenas un par de segundos. Creo, sinceramente, que si no soy yo, aunque ahora pienses lo contrario, será cualquier otra. Tenemos tendencia a pensar que te enamoras porque alguien superior lo decide así, cuando en realidad estamos en todo momento buscando la aprobación de otro ser humano, buscamos en la mirada de otro aquello que creemos que nos hará sentir especial. Y no es cierto. No necesitas que nadie te haga sentir que lo que haces está bien, ni que eres especial en algo, en realidad tan sólo necesitas sentirlo tú mismo. Supongo que la mayoría de las relaciones fracasan por esto, están tan enfrascados buscando las proyecciones de sí mismo en la persona que tienen al lado, buscando una mirada de asentimiento, que se olvidan de que lo que nos hace especiales y únicos está dentro de nosotros y de nadie más. Culpan a quien tienen delante de no proyectarlo, de no sentirlo lo suficiente y lo acusan de no amarlos, cuando en realidad, el que debe enseñarlo es uno mismo. Por eso no creo que alguien a quien apenas llegas a conocer en unos meses pueda decir un “te amo” y sentirlo realmente. Cuando es así, lo que queda patente es la necesidad inmediata de un “Y yo” para no sentir esa soledad que nos carcome por dentro. Puedes decirle a alguien que te gusta, que te apetecería intentar ver en qué puede acabar una relación, pero eso requiere trabajo y no todo el mundo está dispuesto a hacerlo. La mayoría, prefiere lo inmediato y la apatía, que finalmente rompe los sueños de romanticismo y solo crea personas tristes y solitarias. Yo creo que el amor sólo puede verse a través de los años, de la vida y sólo cuando realmente eres capaz de apostarlo todo y enseñar todo lo que tienes dentro.

Él  la miraba en silencio, mientras cada una de las palabras iban surgiendo de su boca. Ella miraba a la calle mientras hablaba, como si pretendiera crear una barrera invisible entre ellos, de vez en cuando le lanzaba una mirada furtiva y él le sonreía y asentía. No podía dejar de pensar cuál era la razón de tanto escepticismo, ni quién podía haber sido el causante. Ahora, que ella había hecho una especie de pausa dramática, bebiendo un par de sorbos del café que los separaba, se sintió preparado para contestar.

-”Y, sin embargo, aquí estamos, hablando de amor. Sólo porque me gusta verme reflejado en tus ojos, que me hacen ver cosas de mi mismo que ni siquiera yo puedo ver. Porque sólo con caminar a tu lado me hace olvidarme de todos lo que me preocupa y ni siquiera necesito contarte nada. Porque soy capaz de hacer el tonto una tarde entera sólo para ver una sonrisa tuya y porque, definitivamente, creo que todo eso que dices es sólo una excusa para no arriesgarte, que, al fin y al cabo es de lo que estamos hablando. Realmente el amor no es algo maravilloso que surge por arte de magia, el amor es un riesgo, como una lotería, que puedes estar jugando toda la vida sin tocarte, o vislumbrar pequeños pellizcos que te hacen sentir cosquillas en el estómago. Y a veces, sólo a veces, te toca el premio gordo y puedes disfrutarlo siempre.

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Categoría: Historias de folletín,Palabras más o menos

Autor

"Estamos hechos de la materia
de la que están hechos los sueños,
y nuestra corta vida se cierra con un sueño"

William Shakespeare