Escrito por Sonia Seijas el Miércoles, 16 de mayo , 2012 a las 5:01
Tengo que reconocer que de literatura rusa no ando muy sobrada, a diferencia de otras literaturas, como la japonesa, que por mis gustos devoro con pasión, los escritores rusos nunca me han llamado demasiado. No quiero decir que no me parezcan buenos, sino que no despertaron mi interés en demasía. Dicho esto, creo que el autor que más he leído ha sido León Tolstói, porque me comí enteros Guerra y Paz y Anna Karénina y los disfruté. Fueron largos, muy, muy largos para mí, pero he de reconocer que los personajes me parecieron tan reales, tan cercanos, que no pude menos que entender todo lo que les iba pasando durante la novela.
Sin embargo, no voy a escoger esta, mi libro ruso es “Eugenio Oneguin”, ¿por qué? Para ser sincera, todo fue culpa de Chaikovski (del cual me confieso devota). Hace bastantes años, tuve el privilegio de poder ver su ópera basada en el libro de Pushkin y me dejó tan trastocada el final que no pude resistir la tentación de leer la novela por si había sido una licencia que se había tomado el músico. La ópera me encanta y sobre todo cuando la puesta en escena es tan bonita como la que pude ver, así que como un mes o dos después, me embarqué en la lectura de la novela, para ver si podía reprocharle a Chaikovski que hubiese dejado un final como aquel. Y no, realmente, la novela acababa así. Con lo que es un libro ruso, que no sólo he leído, sino que tengo asociado a un recuerdo muy claro. En lugar de dejaros un fragmento del mismo, ya que mi lectura vino propiciada por ella, os dejo un trozo de la ópera. Advierto que es la escena final, si no habéis leído el libro, igual es mejor que no le deis al play.
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Escrito por Sonia Seijas el Domingo, 6 de mayo , 2012 a las 6:15
Esta también creo que será fácil. Recuerdo que en una época de mi vida, cuando era niña, estuve totalmente fascinada por la colección de Los Hollister. Que eran una familia de cinco hermanos que se enfrentaban a misterios y aventuras que a mí me parecían de lo más fascinante y que siempre resolvían a pesar de todas las trabas que se les presentaban. Como eran niños de muchas edades, creo que resultaba muy fácil identificarse con ellos y que, en parte por eso, enganchaban al leerlos.

Además de esta colección, estuve absorta también en la de Los Cinco, porque estaba total y absolutamente fascinada por una de las protagonistas, Jorgina (o Jo, como quería que la llamasen todos), que era muy masculina y resuelta para una chica y que, para mí, en aquel momento en el que todos mis juegos estaban dentro de los juegos de mis primos porque me pasaba todo el día con ellos, era como mirarse en un espejo. Reconozco que leía, no, devoraba, todos los que caían en mis manos y cuantos más leía más quería leer las aventuras de aquella chica que era un poco testaruda y que adoraba a su perro.

Os diré que no hace mucho, cometí el error de intentar releer uno de estos libros. En un alarde de nostalgia, pensando que sería bonito volver a rememorar aquellos sentimientos, me senté e intenté leer uno. Craso error. ¡Qué horror de libros! Sólo puedo imaginarme que, en mi mente infantil, esto parecía mucho más coherente. En fin, que hay cosas que hay que dejar en la nostalgia, está claro.
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Escrito por Sonia Seijas el Miércoles, 28 de marzo , 2012 a las 11:30
La verdad es que libros que haya odiado, no recuerdo demasiados. Le cogí bastante manía a muchos que me obligaron a leer en cierto momento de mi vida estudiantil, pero creo que tenía más que ver con el hecho de que tuviese que hacerlo obligatoriamente que con las bondades de los propios libros.
Uno que recuerdo especialmente con amargura es “Cinco horas con Mario” de Miguel Delibes. A mí, en el momento que lo leí, me parecieron cinco millones, la verdad. Sobre todo porque de Delibes hay otras obras, como por ejemplo “El camino” que, además de gustarme mucho, creo que podría haber sido un mejor acercamiento a la obra de este maravilloso autor para el momento vital en el que me lo mandaron leer.
También he de decir, sin embargo y a propósito del título del post, que muchos años después lo releí y me pareció un libro mucho más rico de lo que había podido percibir en esa primera lectura. El oír cómo la protagonista va desgranando toda su vida, sus frustraciones y todo aquello que había callado poco a poco, me pareció sublime. Pero ya digo, era un momento diferente y mi visión de la vida también.

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Escrito por Sonia Seijas el Lunes, 19 de marzo , 2012 a las 16:28
Retomando los retos literarios y musicales, empiezo primero por el de los libros, que me gusta mucho
Lo cierto es que pensar en el primer libro que leí en mi vida es dificilísimo, porque no tengo un recuerdo claro de cuál ha podido ser. Sí tengo en mente algunos de los que leí cuando era bastante pequeña, que me regalaban cuando me cansaba de pedirlos, así que esta casi va a ser una entrada de esas de nostalgia más que otra cosa.
Recuerdo que unas de los primeros libros que tuve era una colección de Miniclásicos, una especie de adaptación de los cuentos, recogida en varios tomos y con unas ilustraciones bastante comunes en la época. Recuerdo especialmente el cuento de Blancanieves y Rosa Roja, que ahora me viene a la mente muchísimas veces cuando leo los libros de Fábulas.


Tengo también leí mucho de la Biblioteca de Jóvenes Castores. ¡Cuántos recuerdos intentando hacer algunas cosas que venían con mis primos!. Queríamos convertirnos en exploradores y descubrir algo que sólo nosotros podíamos descubrir, porque como niños que éramos, creíamos que había cosas que sólo nosotros podíamos ver.


Luego, ya empecé a ahorrar para comprar mis propios libros y cómics y descubrí el maravilloso mundo de las bibliotecas, pero eso ya es otra historia.
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Escrito por Sonia Seijas el Martes, 13 de diciembre , 2011 a las 15:12
No sé si se puede decir que se trata de una biografía propiamente dicha, pero creo que servirá para lo que se entiende como tal, aunque en lugar de libro, sea un cómic, bueno, más bien una serie de cómics. Lo cierto es que hasta no hace mucho, con la película, tampoco se conocía demasiado de este cómic, al fin y al cabo, en los setenta en España generaban más impacto los superheroes y otro tipo de cómics que uno que retrataba la realidad de la clase obrera de Estados Unidos. No es que el dibujo de Crum me emocione como dibujante, sé que esto puede hacerme parecer menos “indie” o “underground”, pero es que realmente su estilo de dibujo no me transmite nada en concreto, aunque no por ello digo que sea mejor o peor, simplemente que a mi no me gusta. Como decía, aunque el dibujo de Crum no me entusiasma especialmente, tengo que reconocer el mérito de la obra, y sobre todo, abrir la rabia, la impotencia, el sarcasmo que llevas dentro en tu vida diaria de esta manera.

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Escrito por Sonia Seijas el Martes, 6 de diciembre , 2011 a las 5:28
Aquí lo tengo claro, desde que leí “El pabellón de oro” de Yukio Mishima, estuve obsesionada con poder ver en algún momento el Pabellón Dorado de Kioto. Soñé tantas veces con verlo que el momento en el que lo tuve delante me pareció totalmente irreal, como si realmente no fuese de verdad, sino parte de una vieja fotografía. Recordé brevemente el momento en el que el personaje de Mishima veía por primera vea el pabellón y creo que tuve una sensación parecida.
Allí estaba yo de pie, junto al “Espejo de Agua”, mientras él, en la otra orilla, exponía su fachada al sol poniente. El Pabellón de pesca, a la izquierda, se hallaba semioculto. En el estanque, en donde, dispersas, flotaban algunas algas y otras plantas, se reflejaba la imagen perfecta del Pabellón de Oro, y había más belleza en el reflejo. El sol poniente paseaba por el reverso de los aleros sus fulgores, devueltos por el estanque. Estos reflejos, comparados con la luz que nos rodeaba, eran demasiado fuertes, demasiado brillantes; y, cual un cuadro que exagerase los efectos de perspectiva, el Pabellón de Oro me daba la impresión de estar enderezándose en toda su altura y arquearse ligeramente hacia atrás.
Realmente, después de leer algo como esto, alguien tan fascinado como yo por la cultura y la historia japonesa, no podría más que querer poder ver esto en directo:

Así que sí, para mí, “El pabellón de Oro” fue una puerta que me hizo desear aún más visitar una cultura que apenas alcanzo a comprender pero que siempre me reserva preciosidades como esta. Lo cierto es que muchas veces me sorprende el pensar que algunos de sus escritores pudiesen ser tan intimistas en una sociedad tan encorsetada en ciertos aspectos como la que envuelve a toda su literatura.

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Escrito por Sonia Seijas el Miércoles, 23 de noviembre , 2011 a las 1:35
En este habría un sinfín de libros y de cómics, tantos, que no me llegaría un post de varias páginas para completarlo, pero me imagino que he de elegir uno, sea cual sea. Podría empezar por cualquiera de las versiones de Corman sobre libros de Poe, que en muchísimos casos sólo tienen en común el título y poco más. Pero en realidad, a pesar de ser una pésima adaptación, tienen el plus de que en la mayoría de ellas, el maravilloso Vincent Price, convierte una película de serie ZZ en un clásico o una película de culto. Así que no podría quedarme con ninguna de ellas. Luego están las adaptaciones de algunas grandes sagas, como la terrible “El oso cavernario” o cualquiera de las adaptaciones de “La vuelta al mundo en 80 días” que son horribles en comparación con los libros homónimos (no quiero ni acordarme de aquella en la que Jackie Chan hacía del mayordomo, porque el señor Chan me encanta, pero la película no había por donde verla).
Pero sin duda alguna, el que se lleva la palma en cuanto a las peores adaptaciones al cine, no es alguien que se dedicase a la acción real, sino al mundo de la animación, porque aunque alguna de sus creaciones me gusta, hay que reconocer que lo que hizo con los cuentos el señor Walt Disney es una aberración. Su forma de reinventar la animación fue increíble, pero realmente muchas de sus adaptaciones poco tienen que ver con los cuentos a los que hacen referencia. En particular la recientemente estrenada Rapunzel (personaje por el que tengo un gusto especial) que, a excepción de los largos cabellos de la protagonista, no tiene nada que ver con el cuento de los hermanos Grimm al que se refiere. Así que me quedo con este.

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Escrito por Sonia Seijas el Miércoles, 16 de noviembre , 2011 a las 16:40
Ya sé que esta es, de momento, la entrada de los martes, pero os prometo que ayer debí cumplir por lo menos la mitad de las eventualidades que se recogen en el manual del Sr. Murphy, menos la tostada y supongo que porque no la desayuné, que si no seguramente también.
Sin duda alguna, al pensar en un libro con una buena adaptación cinematográfica, casi instantáneamente viene a mi mente el maravilloso “¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas?” de Philip K. Dick y su adaptación en Blade Runner, pero inmediatamente recuerdo el libro y la libre, aunque maravillosa, adaptación que hizo Ridley Scott y tengo que deshechar la idea porque realmente, aunque la película me encanta, no es que sea tampoco demasiado fiel a la novela. Luego, empiezo a recordar las adaptaciones de los libros de Jeane Austen (“Sentido y sensibilidad” o “Orgullo y prejuicio”) y sus maravillosas interpretaciones, pero también tengo que descartarlas, porque en ellas siempre me falta algo de esa cotidianeidad que me transmiten las obras de esta mujer. Me doy un paseo por Truman Capote y sus libros, llevados a la gran pantalla en “Desayuno con diamantes” (basada en “Desayuno en Tiffany’s” y que me hizo amar todavía más a la exquisita Audrey Hepburn) o “A sangre fría”, pero tampoco, hay también algo en las novelas de este hombre que no acaba de plasmarse en el cine.
No, yo voy a quedarme con una de Stephen King, tal vez porque como escritor tiene algunas cosas buenas y otras malas, pero hay que reconocer que es capaz de escribir con ese estilo cinematográfico que es capaz de parir cosas como “El resplandor”, con una imagen de Jack Nicholson mirando a través de una puerta destrozada a hachazos que no pudo hacerme borrar de la memoria ni la voz de Verónica Forqué. Grandes películas como “La milla verde”, “Cadena Perpetua”, “Eclipse Total” o “Verano de corrupción”, aunque también ha dado lugar al horroroso final de “Cazador de sueños” y algunas otras aberraciones. Pero tampoco, yo me quedo con una película basada en realidad en un relato suyo titulado “El cuerpo” y que dio lugar a “Cuenta conmigo”, que para mi gusto contiene toda la esencia del relato y es una de las mejores adaptaciones que he visto.

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Escrito por Sonia Seijas el Jueves, 10 de noviembre , 2011 a las 23:25
Bueno, el quiz sigue sin acertarse, no es de los más difíciles, así que añado una nueva pista y doy por supuesto que lleváis una semana parecida a la mía, con trabajo a destajo y sin tiempo para descansar. La verdad es que ha sido una semana complicadísima por múltiples motivos y eso, en parte, afecta a todo lo que hago, incluido el blog, que al fin y al cabo es casi un reflejo de mi estado de ánimo muchas veces.
Y de paso aprovecho, ya que el martes no tuve tiempo, poneros el libro del reto de esta semana. En esta ocasión se trata de un libro para leer por fragmentos. A pesar de que he estado tentada de poner el Simarillion de Tolkien o Humo y Espejos de Neil Gaiman, el primero principalmente por la cantidad de tiempo que me llevó leerlo y que tuve efectivamente que hacerlo por fragmentos y, el segundo, porque es una colección maravillosa de relatos que van desde una página a varias y que en algunos es verso, en otros prosa… vamos, muy recomendable. También he estado pensando en poner El Profeta, de Khalil Gibrán, que contiene pasajes absolutamente grandiosos sobre cosas que nos preocupan a todos en la vida y otros que no me gustan tanto, aunque tengo siempre presente en mi mente esa frase suya: “Vuestra alegría es vuestro dolor sin máscara” que me fascina. Y, sin embargo, tampoco es con el que me quedo.
Me quedo con Benedetti, como no podía ser de otra forma y su “El porvenir de mi pasado“. Un libro de relatos que abarca toda una vida, no de una sola persona, sino una vida en sí misma. La inocencia de los infantes y las añoranzas de la vejez, pasando por las cábalas de todas las edades que oscilan en el medio. Es un libro en el que encuentras amor, ilusión, un poco de misterio, algo de tristeza, nostalgia y, sobre todo, muchísima humanidad. Eso es lo que más me gusta, que en muchos pequeños rincones, entre sus palabras, nos encontraremos a nosotros mismos en algún punto de nuestra vida, como el nombre indica, una especie de puente entre lo que nos ha pasado y lo que nos depara el futuro, de cómo lo que dejamos atrás muchas veces conforma lo que nos espera a la vuelta de la siguiente esquina y otras veces simplemente se diluye entre nuestros recuerdos. Os dejo un extracto para abriros boca, estoy segura de que después, no podréis dejar de leerlo.
Eso fui. Una suerte de botella echada al mar. Botella sin mensaje. Menos
nada. Nada menos. O tal vez una primavera que avanzaba a destiempo. O un
suplicante desde el Más Acá. Ateo de aburridos sermones y supuestos
martirios.
Eso fui y muchas cosas más. Un niño que se prometía amaneceres con
torres de sol. Y aunque el cielo viniera encapotado, seguía mirando hacia
delante, hacia después, a renglón seguido. Eso fui, ya menos niño, esperando
la cita reveladora, el parto de las nuevas imágenes, las flechas que transcurren
y se pierden, más bien se borran en lo que vendrá. Luego la adolescencia
convulsiva, burbuja de esperanzas, hiedra trepadora que quisiera alcanzar la
cresta y aún no puede, viento que nos lleva desnudos desde el suelo y quién
sabe hasta (y hacia) dónde.
Eso fui. Trabajé como una mula, pero solamente allí, en eso que era
presente y desapareció como un despegue, convirtiéndose mágicamente en
huella. Aprendí definitivamente los colores, me adueñé del insomnio, lo llené
de memoria y puse amor en cada parpadeo.
Eso fui en los umbrales del futuro, inventándolo todo, lustrando los
deseos, creyendo que servían, y claro que servían, y me puse a soñar lo que se
sueña cuando el olor a lluvia nos limpia la conciencia.
Eso fui, castigado y sin clemencia, laureado y sin excusas, de peor a
mejor y viceversa. Desierto sin oasis. Albufera.
Y pensar que todo estaba allí, lo que vendría, lo que se negaba a
concurrir, los angustiosos lapsos de la espera, el desengaño en cuotas, la
alegría ficticia, el regocijo a prueba, lo que iba a ser verdad, la riqueza virtual
de mi pretérito.
Resumiendo: el porvenir de mi pasado tiene mucho a gozar, a sufrir, a
corregir, a mejorar, a olvidar, a descifrar, y sobre todo a guardarlo en el alma
como reducto de última confianza.
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Escrito por Sonia Seijas el Martes, 25 de octubre , 2011 a las 15:57
Bueno, este lo tengo claro, clarísimo, porque fue uno de los libros más divertidos que he leído. Tengo que reconocer que, probablemente, cualquiera de los de la saga de Mundodisco esté a la altura de éste que voy a comentar, pero también es cierto que la mezcla Pratchett-Gaiman tenía que dar lugar a algo grandioso, y así fue, sin duda alguna. Y así se creó Buenos Presagios, que, como ellos mismos dicen es una especie de mezcolanza de ambos y del que ya no están seguros de quién escribió cada parte.

Estoy casi segura de que el hecho de que Gaiman sea uno de los cuentacuentos más grandes que existen y que Pratchett tenga ese humor retorcido que es capaz de sacar de tí una sonrisa casi de cualquier cosa y que fue capaz de conseguir que la fantasía medieval adquiriese cotas irónicas que jamás había alcanzado. Como decía, estoy casi segura de que estos dos hechos hicieron que comprase este libro sin apenas pensármelo. Pero es que además, todo esto encierra una historia. He comprado este libro tres veces, la última es el que poseo ahora y, aunque creo que posteriormente lo debería enlazar como “el libro que jamás prestaré”, le voy a ceder ese dudoso honor a algún otro. ¿Y por qué? Porque realmente no sé donde están los dos anteriores. Estoy segura de que los presté, pero no recuerdo ni a cuando ni a quién y, en el largo período en que era prácticamente imposible conseguir una edición en castellano, maldije mentalmente en arameo al portador/a de alguno de mis dos ejemplares. Gracias a los duendecillos que viven en la cabeza de algunos editores, sacaron una nueva edición y por fin pude comprarlo de nuevo. Ahora no sale de casa ni para ir de paseo.
En fin, es un libro que habla sobre el fin del mundo, que tan de moda está ahora. Un fin del mundo en el que intervienen las profecías de una bruja chalada y que nadie entiende, un ángel y un demonio que se han hecho amigos y que no quieren que la vida en la tierra cambie, un anticristo que se ha criado con la familia equivocada y ahora es un niño adorable, un perro del averno que es una mascota dulce y fiel y cuatro jinetes del apocalipsis que realizan trabajos muy peculiares en su versión terrenal.
Un libro, que de verdad no os dejará indiferentes, estoy segura y, para demostrároslo, aquí os dejo con el capítulo introductorio….
Hacía un día estupendo.
Como todos los anteriores. Habían pasado bastantes más de siete hasta entonces y la lluvia no se había inventado aún. Pero las nubes que acechaban al este del Edén insinuaban que la primera tormenta estaba de camino, y que menuda iba a ser.
El ángel de la Puerta del Este se cubrió la cabeza con las alas para protegerse de las primeras gotas.
-Perdón -se disculpó amablemente-. ¿Qué decías?
-Decía que uno cayó con todo el equipo -contestó la serpiente.
-Ah, sí-dijo el ángel, que se llamaba Azirafel.
-A mí me parece un poco exagerado, la verdad -opinó la serpiente-. O sea, con eso de la primera ofensa y demás. Es que no veo qué tiene de malo saber qué diferencia hay entre el bien y el mal.
-Algo malo ha de tener -razonó Azirafel, con ese tono ligeramente preocupado de quien tampoco lo ve y sigue cavilando-, porque de lo contrario tú no habrías tomado parte en ello.
-A mí sólo me dijeron “Sube allá arriba y crea problemas” -protestó la serpiente, que se llamaba Crawly, aunque estaba pensando cambiarse el nombre. Y es que Crawly, ese nombre de reptil adulador, no era él; lo tenía decidido.
-Sí, pero eres un demonio. No creo que te sea posible hacer el bien -dijo Azirafel-. Por naturaleza, vamos. Instinto. No es nada personal, de verdad.
-Pero no negarás que algo de teatro sí que tiene -replicó Crawly -. O sea, señalar el Árbol y decir “No lo toques” en mayúsculas. Muy sutil no es, ¿verdad? O sea, ¿por qué no lo pone en la cima de una montaña o un poco alejado? Para mí que Éste se trae algo entre manos.
-Más nos valdría no especular -dijo Azirafel-. Como siempre digo, no se puede anticipar lo inefable. Lo que está bien es Bueno y lo que está mal es Malo, y punto. Si uno hace algo Malo cuando se le ha mandado hacer algo Bueno, se merece un castigo. Ehm…
Se quedaron sentados en un incómodo silencio, mirando las gotas caer hiriendo las flores tempranas.
Por fin Crawly tomó la palabra. -¿No tenías una espada flameante?
-Ehm… -una expresión de culpabilidad pasó por el rostro del ángel, y volvió para quedarse.
-Sí que tenías una, ¿verdad? -insistió Crawly-. Ardía que daba gusto.
-Ehm, bueno…
-Era impresionante, ¿eh?
-Bueno, sí, pero…
-No me digas que la has perdido.
-No, de ningún modo. Perderla, no la he perdido; más bien…
-¿Qué?
Azirafel parecía desdichado. -Si tanto te importa… -dijo con un asomo de irritación-, la he regalado.
Crawly se le quedó mirando.
-No tenía más remedio -se explicó el ángel, frotándose las manos distraído-. Tenían tanto frío, los pobres… y ella ya está en estado, y con todos esos animales depravados de allá fuera y la tormenta que se avecina pensé que, en fin, que no tenía nada de malo, y les dije oíd, si volvéis por aquí os encontraréis con una discusión tremenda, pero puede que os haga falta esta espada, así que tomad, no os molestéis en darme las gracias, tan sólo haced el favor de marcharos antes de que se ponga el sol.
Sonrió a Crawly con un gesto preocupado.
-Era lo mejor que podía hacer, ¿no?
-No creo que te sea posible hacer el mal -se burló Crawly con sarcasmo. Azirafel no notó el tono.
-Espero que no -contestó-. Vaya si lo espero. Llevo toda la tarde pensando en ello.
Se quedaron mirando la lluvia un rato.
-Pero lo mejor es -dijo Crawly- que yo también me pregunto si lo de la manzana no será lo bueno. Los demonios se pueden meter en un buen lío si hacen cosas buenas -le dio un suave empujón al ángel-. ¿Te imaginas que hubiéramos metido la pata los dos? ¿Que yo hubiera hecho lo bueno y tú lo malo?
-La verdad es que no -contestó Azirafel.
Crawly miró la lluvia.
-Ya -dijo, algo más tranquilo-, ni yo.
Sobre el Edén se cerró un negro telón plomizo. Por encima de las colinas rugían los truenos. Los animales, recién bautizados, temblaban de miedo ante la tormenta.
A lo lejos, allá en el inundado bosque, se veía oscilar entre los árboles un brillo ardiente.
La noche se presentaba oscura y tormentosa.
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