Escrito por Sonia Seijas el Martes, 5 de julio , 2011 a las 23:36

¡Qué harta estoy! ¡Qué cansada de que todo el mundo se crea que puede venderte historias y que tú tienes que creerlas por que sí! Estoy agotada, el trabajo de bruja es muy tedioso y ahora que estoy pensando en abrir una nueva torre para mis hechicerías, tan sólo el pensar en transportar mágicamente todos los arcanos volúmenes me produce dolor de cabeza. Tal vez debiera llamar a Simbad y que lo transportase todo en sus mágicas alfombras, aunque claro, para ello tendría que usar un potente elixir y convertirme en una adorable princesa con el ombligo al aire. Que va, aquí estoy, en mi torre, preguntándome internamente por qué sigo creyendo que una bruja ha de tener paciencia y esperar a que sus mejores pociones den el resultado que ella espera. Preguntándome porqué la gente me miente descaradamente y se cree que además de bruja soy idiota o que tal vez he inhalado tanto humo de calderos mágicos durante todos estos años, que no me daré cuenta. No entiendo cómo he llegado a pensar que tendría alguna época de paz en la que podría símplemente perderme entre mis amados volúmenes y aprender todo aquello que necesito para poder seguir mi camino hacia las artes de la hechicería suprema y, no , conjuro de aquí, conjuro de allá, pierdo mi tiempo en nimiedades. En vender pequeños remedios a campesinos a cambio de sus almas inmortales y en susurrar pesadillas al oído de los niños mientras duermen, porque sigo teniendo mi corazoncito y esas pequeñas cosas me producen satisfacción. ¡Ojalá lo hubiese metido en el cofre en el que guardó el cazador el corazón de venado que intentó venderme!Así ahora todo sería más fácil, no estaría aquí, sentada frente a una página en blanco, sin saber por dónde empezar la pócima de esta semana, cansada después de un día de muchas idas y venidas de cuervos mensajeros, con la sensación de que lo que diga o haga no importa para nada. Que un hechizo más o menos no va a cambiar mi cuento, que mis palabras se diluyen en un mar de corrientes de aire y no llegan a los oídos de nadie y que, al fin y al cabo, lo que una pobre bruja necesite no le importa a nadie. Las princesas son las que se llevan el gato al agua siempre, con sus tules y sus pequeños pasitos, con sus miradas coquetas y diciendo tan sólo esas frases que se espera de ellas. Porque las bocas están hechas para hablar, pero no todos los oídos están preparados para escuchar.
Categoría: Diario de una bruja
Escrito por Sonia Seijas el Martes, 21 de junio , 2011 a las 22:03
En la historia de las brujas ha habido mucho engaño y muchas mentiras, nos tachan de malvadas, hacen películas sobre nosotras y un velo de oscuridad teje nuestras voces acalladas. Se critican nuestros aquelarres, porque los consideran obscenos además de paganos, como si una mujer bajo los influjos del dios baco fuese mucho peor que un hombre en el mismo estado. Se nos tacha de ordinarias cuando empleamos palabras contundentes para definir nuestras posturas, de provocadoras si desamos exhibir nuestro cuerpo orgullosas del mismo, de malas si contestamos con una verdad cuando se espera una dulce mentira para salir de una situación comprometida. En fin, nuestra historias está marcada de princesitas a las que salvan caballeros andantes de nuestros embrujos y, sin embargo, de vez en cuando aparecen visionarios, como mi adorado tejedor de historias Neil Gaiman y se atreven a contar la historia desde el otro lado, al fin y al cabo, en nuestro caso como en muchos otros a lo largo de la historia, las crónicas las escriben los que vencen y nosotras, solitarias en nuestro empeño, casi nunca podemos contra un mar de caballeros andantes, princesas en apuros, duendes y hadas hipócritas y otras fábulas que tan sólo desean salir bien paradas en el cuento. Como decía, de vez en cuando aparece un visionario como Neil y le da la vuelta a la tortilla, así que amigos, os invito a leer la historia de esta pobre bruja desde el otro lado.
Poned vuestro click aquí.
Categoría: Diario de una bruja
Escrito por Sonia Seijas el Martes, 7 de junio , 2011 a las 23:55
Hoy me he levantado con ganas de rock, de la música de las entrañas del infierno que arrancan algunos músicos de sus guitarras como si arrancaran cuerdas vocales de sus enemigos. Me he levantado con ganas de gritar un conjuro, un maleficio, una plaga de ranas en este mundo apocado y constreñido. Me he levantado con ansia de leer el destino en el interior de algún pobre animal y luego hacer una pócima con los restos. Me he levantado con un regustillo a dolor gracias a un sueño que tuve anoche en el que perseguía a cientos de niños en casas embrujadas por todo el mundo. Así que os dejo un conjuro de mi tierra como regalo….
Categoría: Diario de una bruja
Escrito por Sonia Seijas el Martes, 31 de mayo , 2011 a las 23:56
¡Odio los dragones transportadores! Debe ser la raza más vanal e insustancial del planeta, por no hablar de lo vagos e impuntuales que son. No sólo he tenido que subirme en dos de esas odiosas criaturas para recorres una distancia irrisoria que haría casi en el mismo tiempo en uno de mis carros de briosos caballos, pero como corresponde a mi rango, había de llegar encima de una de estas bestias malolientes y andrajosas. Y yo, cansada de subir y bajar de ellas, tan sólo quería llegar al palacete y descansar en un baño lleno de agua. Y lo peor no es ir atada a esas minúsculas sillas que les colocan en la parte superior, lo peor es que realmente nunca sabes cuándo vas a poder subirte en ella, porque por muy incómoda que sea, lo que suele ocurrir es que el propio animal es tan caprichoso e inconstante que puede llegar a tiempo o con un retraso indefinido, o bien subirte en él y que decida según su capricho, tenerte encima sin levantar el vuelo. Menos mal que el cónclave del mal lo merece y el castillo es tan cómodo como mi propia alcoba, porque sino iniciaría de nuevo una cruzada en contra de los escupefuego del tres al cuarto estos. Sólo pensar que en unos días tendré que volver a tener tratos con ellos ya me da ganas de crear el conguro definitivo que nos permita transportarnos de un lugar a otro símplemente con la energía de nuestro pensamiento.
Y aquí estoy, entre grandes sabios de la magia, escuchando cómo desgranan los hechizos más increíbles que he escuchado nunca y me abren un nuevo mundo de posibilidades con pócimas e ingredientes hasta ahora sólo soñados. A pesar de que he tenido que contratar un zapatero para que adecúe mis zapatos de bruja a los caminos y las tempestades de la zona, he de reconocer que todos los esfuerzos valen la pena si luego puedo adoctrinar a mis acólitos del mal. Tal vez alguno de ellos me libere de estos malditos bichos alados.
Categoría: Diario de una bruja
Escrito por Sonia Seijas el Martes, 24 de mayo , 2011 a las 23:55
Me llaman engreída porque paso horas preguntándole a un espejo si soy bella o no. Me llaman monstruo porque soy capaz de sacrificar lo que sea por seguir manteniéndome joven y lozana. Ellos, hipócritas y mentirosos que después tan sólo giran sus cabezas al compás de una cara bonita, que juzgan la valía de una persona por el envoltorio que trae consigo, que no se acercan nunca a la campesina más gorda a pesar de que su cosecha sea la mejor, a no ser que su vecina sea la versión femenina de Bo Derek en campesina y no tenga ni un acre de tierra fértil. No, siguen retocando los cuadros que envían, pagando a pintores diestros y sin escrúpulos que remodelan la figura y los rostros de las mujeres que inmortalizan, como si su rostro real no mereciese la pena. Y luego tienen la osadía de criticarme a mí porque me miro en mi espejo y me gusta lo que veo. No entiendo por qué he de amoldarme a sus ridículos cánones cuando soy una gran hechicera y una reina del mal, que se amolden ellos a los míos o los convertiré a todos en una panda de ratas ambulantes que se arrastren en las madrigueras más profundas. La mayoría de mis acólitas están más preocupadas por el color de sus túnicas nuevas que por la secuencia correcta de ejecución de los hechizos y eso me saca de mis casillas. ¿Acaso todos los duendes y hechiceros tienen que pasar por esta horrible rutina todos los días? Para nada. Si un hechicero vende sus servicios a varios nobles distintos, se le ensalza por su inteligencia y su buen hacer al conseguir ser tan codiciado; sin embargo, si una bruja hace lo mismo, rápidamente se la tacha de advenediza y oportunista y se critica su facilidad para cambiar de mecenas. Así es el mundo del que pretenden hacernos partícipe, pero me niego, extenderé mis dominios y mi imperio del mal allá donde me dejen mis manzanas envenenadas hasta que no tenga que sentirme espiada por encima del hombro con cada movimiento, como si mi lugar no estuviese entre los hechiceros y sí entre las cocineras.
Categoría: Diario de una bruja
Escrito por Sonia Seijas el Martes, 10 de mayo , 2011 a las 23:49
No hago más que repasar una y otra vez el hechizo y no entiendo qué es lo que puede haber salido mal. Vuelvo a pasar una y otra vez por los mismos pasos: una buena olla llena de agua empantanada, una pizca de bilis de rata, las visceras frescas de un ajusticiado y un dedo acusador. Remover durante un par de minutos y dejar macerar una noche de tormenta. Pero nada, que no sale. No hay manera de crear la poción para el hechizo. Mis ojos ya están cansados y empiezo a estar de mal humor, estoy por hacerle una visita a la sosa de mi hijastra, sólo para contarle una de esas historias de mis homónimos de otras tierras y oir, con placer, cómo se debate toda la noche entre pesadillas. Estoy frustrada, porque no soy capaz de avanzar con este maldito brebaje, a pesar de que esta semana llegó a mis manos un nuevo volúmen de historias arcanas con el que incluso una bruja como yo, se ha emocionado. Despertó en mí el ansia de leer de nuevo mis viejos cuadernos de bruja y probar algunas de mis antiguas pócimas, pero algunas, como esta, se niegan a salir. Como si el ingrediente secreto se me olvidase a la hora de transcribirlas y esté escondido en algún lugar recóndito de mi cerebro… Y eso, que la semana de mis encuentros infernales ha terminado, he mandado a los compañeros inquisidores a sus criptas oscuras y a los hechiceros arcanos a sus bibliotecas ancestrales. Pero aún así mi grado de concentración sigue siendo mínimo. Me rondan la cabeza miles de proyectos e ideas, casi necesitaría la vida de otras doscientas brujas para llevarlos todos a cabo, aunque me conformo con que unos pocos salgan de ahí y se materialicen en los miedos de algún que otro mortal.
Mi sótano está lleno de frascos con etiquetas de miles de colores y me apetece probar todos ellos durante un año entero sólo por el placer de ver los resultados. Y los símples mortales siguen su lento caminar por las sendas de este bosque que es la vida, sin sospechar que tras un arbusto puede esperarles una de mis siniestras criaturas. Este nuevo volumen ha despertado en mí la creatividad de antaño, aunque ya no soy la misma bruja, los años han escondido mis arrugas tras cremas y conjuros y mis sentimientos humanos han sido relegados al más profundo de los olvidos.
Volveremos a empezar con el hechizo a ver si esta vez sale….
Categoría: Diario de una bruja
Escrito por Sonia Seijas el Martes, 3 de mayo , 2011 a las 13:11
Hay que ver lo frustrante que puede llegar a ser a veces el ser humano. Veo todos los días gente a mi alrededor que llevan la peor versión de sí mismos escondida y sólo la dejan salir cuando algo les presiona desde el exterior. No entiendo a la gente que intenta esconder la maldad que en el fondo rige sus vidas, empeñándose en parecer un principe encantador o una princesa desvalida. No lo entiendo, así luego los sindicatos de brujos y brujas están tan vacíos cuando hacemos las reuniones; si todos nos dedicásemos a jugar a infiltrados en el jardín de las delicias, no quedaría nadie para inventar pócimas maléficas ni embrujos. Cuando miro a mi alrededor y veo que todos me miran de reojo, pensando en que mi risa macabra les pone los pelos de punta, siento una halo de satisfacción por el trabajo bien hecho, por eso no entiendo a los hipócritas que desean aparentar algo que no son. Mentirosos, cotillas, envidiosos… liberaos!!! No os escondáis tras esa falsa máscara de complacencia porque, en el fondo, siempre se ve la patita del lobo por debajo de la piel de cordero. Y creedme, el blanco no os sienta nada bien.
Un mentiroso sólo es alguien al que asusta la verdad, un cotilla sólo es alguien cuya vida es tan triste que no puede dejar de hablar de la de los demás, un envidioso sólo es alguien que no es capaz de luchar a cualquier precio por sus sueños y culpa a los demás por hacerlo… y luego dicen que la mala soy yo. Menos mal que todavía hay gente que me recuerda, como me dijo una gran hechicera una vez: “Sólo hay algo peor que hablen de tí: que no lo hagan”.
Categoría: Diario de una bruja
Escrito por Sonia Seijas el Martes, 26 de abril , 2011 a las 18:24
Esta semana ha sido una locura absoluta, hasta para una bruja. La verdad es que todo el mundo se piensa normalmente que sólo nos dedicamos a acicalarnos como los gatos y a pensar maldades, pero la vida de una bruja es mucho más complicada que eso. Para empezar, ¿pensáis que las pócimas se crean solas? “Para eso tenéis los libros de hechizos”, me contestaréis, pero deberíais saber que cualquier bruja que se precie le da su propio toque personal a todo conjuro que realiza. Yo, por ejemplo, me pirro por las manzanas y, no sé por qué, tengo un pálpito sobre el futuro, estoy segura de que mucha más gente se obcecará con ellas y las llevará en todas partes, en sus libros personales, en sus violines y otros instrumentos… no sé, llamadme visionaria, pero estoy segura de que buena parte del mundo perderá la cabeza sólo con ver una de estas e invertirá en ella mucho dinero.
En fin, que a pesar de que necesitaba un retiro, como os dije, una nunca puede dejar del todo el reino en manos de los súbditos porque, como se suele decir, “te crecen los enanos”. Ahora que lo pienso, cada vez le tengo más manía a esta expresión y no sabría deciros muy bien el por qué. En definitiva, que hasta en el retiro hay que estar pendiente de todo lo que pasa en el reino, cuervo va, cuervo viene; para aún así encontrarse con una jaula llena de cuervos con mensaje cuando entras por la puerta del castillo nuevamente. Y todo vuelve a empezar, reformular conjuros, renovar viejas y malvadas alianzas, invitar a futuros señores del mal a adoctrinar a los recién llegados a mis tierras…. y todo para que luego se diga que las brujas sólo limamos nuestras uñas para parecer más malévolas. ¡Es un trabajo tedioso y mal pagado! Al fin y al cabo, las que solemos acabar en el olvido y en precipicios oscuros somos nosotras, nadie nos reconoce que sin nuestro trabajo las pequeñas cosas insulsas de la vida que tanto les gustan a los mortales, no tendrían tanto valor para ellos. Si nosotras no enseñásemos el lado divertido de la vida, muchos de ellos seguirían siempre en sus vidas grises y aburridas, preocupados siempre por lo que pensasen los demás y no en sus apetitos y deseos. ¡Ah, cuánto ansío una nueva visita del genio de la lámpara! La última vez que estuvo en el castillo, lo pasamos exageradamente bien buscando mil formas de volver los ridículos deseos que los mortales le pedían contra ellos mismos. Si es que no se aclaran, todo el tiempo deseando algo y cuando realmente lo tienen, cuando realmente lo pones a su disposición, ya no les apetece. Y luego dicen que las inconstantes y volubles somos nosotras, ¡con lo disciplinada que hay que ser para hacer correctamente un embrujo de nivel 1!
Y, hablando de embrujos, creo que voy a incordiar un poco a mi hijastra, tantos días sola la han vuelto todavía más insulsa de lo que recordaba, ahora se dedica a meter pajaritos y otros animalitos en su alcoba….
Categoría: Diario de una bruja
Escrito por Sonia Seijas el Martes, 19 de abril , 2011 a las 14:45
La verdad es que la vida de una bruja es mucho más complicada de lo que la gente se piensa. Siempre has de estar impecable, ¿donde se ha visto una verdadera reina bruja que tuviese un pelo fuera de sitio? Por eso hay que tener siempre un buen maletín de pócimas a mano, de esas que hacen que un día de insomnio no se note ni un ápice. Y por si fuera poco, siempre tienes que tener ese rictus desafiante, casi sin poder permitirte una sonrisa excepto cuando tus súbditos no te ven, no sea que piensen que estás relajando tus costumbres y decidan que es un buen momento para enfrentarse a la malvada bruja que los domina. En realidad hay pocos momentos en los que puedas tomarte un respiro, que si un conjuro de desamor por aquí, que si un mal de ojo por allá, siempre hay algo que hacer. Y, por supuesto, mi pequeña carga personal, mi hijastra, que sigue siendo mi dolor de cabeza permanente. Esta semana nos han visitado algunos de mis amigos brujos y no he sido capaz de que saliera de su habitación, decía que le asustaban. (Suspiro) Sospecho que algún día esta niña será mi perdición, pero por el momento estoy absorta en mis nuevos libros de hechizos y en preparar el ansiado viaje a las Montañas del Troll Olvidado, donde creo que mi retiro me ayudará a dar con ese componente que no encuentro para mi pócima de sabiduría. Me está dando mucho trabajo esta dichosa pócima, parece que no doy con el componente que la haga estable y cada vez que intento cocinarla, se evapora al cabo de unos pocos segundos. Así que peregrinaré a esas montañas a ver si un poco de silencio y el aire hediondo del pozo de la agonía infinita hacen que mi mente pueda dar con la fórmula definitiva.
Estos días, por lo menos, el cielo gris acompaña un poco a mi ánimo, que también se enlugubrece por mis comadres y compadres. Hay tantos brujos y hechiceras incomprendidos por el mundo… La insustancial e inocua vida que algunos mortales eligen no comprende como unas malvadas criaturas como nosotros necesitamos un poco de emoción para aderezar nuestra existencia y por eso nos temen, al fin y al cabo, la maldad es algo inherente al ser humano, sin ella no tendría nada a lo que echar la culpa por sus propias decisiones.
Categoría: Diario de una bruja
Escrito por Sonia Seijas el Martes, 12 de abril , 2011 a las 21:05
(Esta es mi nueva propuesta para los martes, vamos a reinventar a una bruja un tanto olvidada…
)
Esta mañana me he levantado perezosa, la verdad, seguramente porque en esta época del año ya empiezan a aparecer pajaritos en mi ventana para estropear mi sueño reparador y la remilgada de mi hijastra se queda en su habitación suspirando y tendiendo la mano por la ventana para ver si alguno se posa en su nívea mano. Por más que lo intento no soy capaz de traerla al redil, está como atontada todo el día, soñando con príncipes y caballos blancos, como si eso fuera a convertirla en una mujer feliz el resto de su vida. Pobrecita mía, qué engañada está, después de tres maridos por fin aprendí que si quieres algo has de lograrlo por tí misma. Pero esta niña no aprende, me saca de mis casillas, por más que intento hacer que crezca en ella una pizca de independencia, no hay manera, ni siquiera haciéndole limpiar toda la casa consigo que se rebele un poco. Está empezando a agotar mi paciencia, la verdad.
Además, esta semana, un montón de haditas perniciosas se han dedicado a parlotear por todo el bosque, dejando aquí y allá esos rastros de purpurina que me dan tanta alergia. Llevo dos días estornudando y la nariz se me ha puesto como un tomate. Esto no hay espejo mágico que lo arregle. No hacen más que chismorrear a un lado y al otro, comentando si tal marqués compra pócimas a tal bruja o si tal otra hechicera se ha aliado con algún enjendro maligno. Está claro que su trabajo se reduce el revoloteo, parece no tener tiempo para otra cosa, no entiendo por qué todas las niñas piden deseos a estas ñoñas, si al fin y al cabo todo lo que ofrecen, como la belleza, es caduco y de poco les va a servir si algún salteador se cruza en su camino. Y yo aquí, entre mis volúmenes arcanos, estudiando nuevas pócimas para alcanzar el grado de hechicera suprema por fin. Para que luego vengan por aquí los Grimm esos dichosos a hacerme preguntas sobre mi s actividades, sólo para después publicar lo que les da la gana en la Vanity Tales… ¡qué paciencia! En fin, supongo que ser bruja tiene su parte de sacrificio, así que seguiré aquí, intentando que esta hijastra mía aprenda a ser mujer antes que mueble, aunque siempre me queda la opción de convertila en la compañera del ático de Rapunzel….
Categoría: Diario de una bruja