Escrito por Sonia Seijas el Martes, 27 de diciembre , 2011 a las 3:11
Últimamente, cada vez mi libreta de ideas abulta más y el blog se estanca por momentos algunas veces. Probablemente tenga algo que ver con la vorágine de cosas en las que me he metido y en las que ya estaba, me gusta mi trabajo, no puedo evitarlo y, en muchas ocasiones esto hace que quiera dar de mí misma mucho más de lo que el tiempo material permitiría. Eso, me imagino, también hace que todo lo demás sea difícil, pero además, acaban de nacer los mellizos y me tomo el trabajo de madrina muy en serio. He pasado tres días en el hospital para poder verlos un ratito y comprobar que la mamá se recupera del esfuerzo, así que esto lleva parado casi dos semanas, pero hoy es el primer día de vacaciones que tengo en muchísimo tiempo, así que quiero aprovecharlo para ponerme al día con todas esas cosas que tengo pendientes, escribir los post que tengo en la recámara, los sitios que he visitado este año y algunas otras ideas que me han rondado la cabeza.
La verdad es que ha sido una semana muy intensa, conocer a los peques por fin y que naciesen tan bien. Volvemos a tener al catalán por nuestra tierra para pasar las fiestas y, además, he tenido una breve visión de mi musa y me ha dejado una multitud de ideas en la cabeza, fue como un impacto, la verdad. Así que ahora sólo tengo ganas de sacar la cámara de fotos a pasear y eso me encanta, hacía muchísimo que no me sentía así. Es extraño pensar que voy a tener tiempo para mí y para poder hacer cosas que no he podido hacer durante el año. La vida, muchas veces no te da demasiadas opciones y te engulle en su vorágine, vas dando paso tras paso, casi sin darte cuenta, del trabajo a casa, de casa al trabajo y así durante meses. Viendo a amigos de vez en cuando y procurando que las cosas del día a día no te superen y te dejen seguir caminando un poco más. He llegado a estar tan agotada en estas dos últimas semanas que pensaba que no llegaría a terminar el año entera y, sin embargo, aquí estoy, intentando recuperar el tiempo perdido y poniendo a punto todo lo que ha ido quedando un poco rezagado. Así que vamos a darle un último empujón a la última semana del 2011 y dejemos que el 2012 llegue de puntillas y nos cuente secretos al oído.
Categoría: Nocturnia
Escrito por Sonia Seijas el Viernes, 30 de septiembre , 2011 a las 20:30
… érase una vez un hombre. Nació tal día como hoy, en una casa apartada de un pueblecito entre bosques profundos y caminos escondidos entre veredas y caminos de animales. Creció en una extraña mezcla de trabajo de campo y su dureza y la ventaja de haber sido uno más entre varios hermanos, con los juegos y aventuras típicas de su edad y de un niño de pueblo. Creció en la posguerra, con lo que eso significaba en aquel entonces y de lo que ahora ya casi nadie se acuerda, porque ahogamos nuestra bonanza en cosas materiales y nos olvidamos de que nuestros padres, en muchos casos, no tenían ni para comprar zapatos de niños. Y sin embargo creció, entre trastadas y trabajo de campo, atando animales por el rabo por diversión y jugando al escondite entre pinos y carballos. Heredó el único libro que usaban en el colegio y lo dejó luego en herencia, con él aprendió a contar y a escribir, con una letra maravillosa que ya querrían para sí los licenciados de hoy en día. De mayor no hablaba demasiado de su niñez, sólo él sabía las penurias que había pasado, seguramente no le gustaba recordar la época en la que un trozo de pan era algo tan sagrado que se comía por muy duro que estuviese.
Y luego llegó la mili, esa que antes era obligatoria y tuvo la suerte de que le tocase la tarea de repartir el correo, así como no hablaba demasiado de su niñez, sí lo hacía de su época entre militares. De cómo los mandos le trataban bien por llevarles bien el correo y de cómo se libraba a veces de las guardias gracias a eso. Gracias a eso aprendió a hacer la “petaca”, que luego enseñaría a sus hijas para hacer la broma con sus primos. También hablaba de su padrino y de cómo lo acogió en su casa y de cómo conoció a la que después sería su mujer. Cómo la miró y supo que era ella, aunque parecía que no estaba por la labor, siempre había sido un hombre obstinado y una chica como aquella, con esa mirada tan dulce y esa belleza serena no podía escaparse. Así que, tras mucho insistir, consiguió ganársela, según ella, por su caballerosidad y su don de lenguas, por algo, años después, entre sus amigos lo apodarían el mudo. Su vida no fue nada fácil, se casaron y ella invirtió en ese proyecto de futuro el dinero que había estado ahorrando para hacer su primer viaje en avión y, lo que vino después, sí que fue un viaje. Años de trabajo, un piso de alquiler primero y muchísimo después de compra. Dos niñas que eran sus ojos, con la segunda llegó el único coche que tuvo en su vida y que cuidaba como si fuera un hijo más. La pérdida del trabajo, la época más dura de su vida porque además llegó la enfermedad que se lo llevó, a la que se enfrentaría con la valentía que lo había caracterizado siempre y con ese optimismo que era casi increíble en una situación como la suya. Los últimos años, los dedicó a ella, a la mujer que lo había apoyado cuando el mundo se empeñaba en tirar de él hacia abajo, que estaba ahí cuando él acertaba, pero sobre todo cuando fallaba. Que siempre creyó en él. E intentó exprimir lo que le quedaba, de forma que, cuando se fue, no sólo le echaron de menos, sino que su recuerdo perdura todavía en la mente de las tres, todos los días y sobre todo, cada día del padre y cada 30 de septiembre. Porque, ¿sabes qué papá? Hoy es ese día y todavía me acuerdo de que es tu cumpleaños, así que felicidades, seas lo que seas ahora. Me llevo a mamá a cenar, como a ti te hubiese gustado.
Categoría: Nocturnia,Palabras más o menos
Escrito por Sonia Seijas el Miércoles, 21 de septiembre , 2011 a las 21:55
Hoy es el Día Mundial del Alzheimer y eso me trajo a la mente recuerdos de mi abuela. Supongo que, en parte, porque este año estuvimos casi todos reunidos de nuevo por la Santa María, en Agosto, en su casa y se notaba que algo nos faltaba a todos. Lo bueno es que la familia sigue creciendo y sé que a ella esto le encantaría, la pena es que no pueda disfrutarlo ni ver cómo algunas de la nueva generación sacan el carácter que siempre quiso ver en su prole. Recuerdo cuando le dediqué el post número 100, con el relato sobre las cajas y los recuerdos. También recuerdo que ese mismo relato me trajo algunas que otras alegrías, a pesar de la tristeza que recogía, una publicación en el periódico, una inesperada oportunidad editorial que no estaba preparada para afrontar y el inicio de un proyecto que, si alguna vez ve la luz, seréis los primeros en saber. También recuerdo las letras que le dediqué cuando decidió que era hora de dejarnos y seguir su camino o simplemente descansar por fin. Recuerdo la impresión este verano al entrar en la casa vieja del pueblo, en la habitación donde habíamos dormido tantísimas veces todos los primos apilados, ver en la pared las marcas de nuestro paso en forma de corazones saetados, fechas, nombres, dibujos… ver piezas de nuestra ropa apiladas en algún rincón y el interruptor de la luz colgando en el medio de la habitación, aquel que ninguno quería tocar porque daba calambre. La cama ya algo destartalada donde durmieron algunos de mis tíos y la de mis abuelos, en el rincón más alejado, donde nos tirábamos a escondidas porque a mi abuelo no le gustaba nada que jugáramos encima de ella. Me vino a la memoria los ojos azulísimos de mi abuelo y cómo mi abuela amansaba su mal humor cuando nos reñía porque, en el fondo, éramos unos pequeños terremotos en potencia. Cómo le picaba la cara y los suave que la tenía cuando se afeitaba.
Tengo tantos recuerdos, que en un día como hoy, en el que se habla por todas partes de una enfermedad tan terrible como esta, que nos arrebata aquello que ni la pobreza, ni el hambre, ni las penurias más grandes son capaces de arrebatarnos, no puedo menos que agradecer los maravillosos recuerdos que tengo gracias a ellos y pensar una vez más, en lo difícil que debieron resultar los últimos años para mi abuela y, sobre todo, para mi tía que pasó todo ese tiempo con ella sabiendo que algunos días ni si quiera se acordaba de ella. Tuvo que ser durísimo. Por eso, hoy no quiero acordarme sólo de los enfermos de alzheimer, sino de esas maravillosas personas que cuidan de ellos y pasan muchos días de su vida entregando su amor incondicional a cambio, muchas veces, de una mirada de vacío y olvido.
Y, de paso, aprovechando que se estrena en el cine, os recomiendo un cómic sobre este tema que a mí personalmente me encantó y que además, está escrito por un tipo encantador de nombre Paco Roca. El cómic se llama Arrugas y no tiene desperdicio, os lo aseguro.

Categoría: General,Nocturnia
Escrito por Sonia Seijas el Martes, 30 de agosto , 2011 a las 23:54

Categoría: Mis gafas de ver el mundo,Nocturnia
Escrito por Sonia Seijas el Domingo, 31 de octubre , 2010 a las 12:45
Esta noche es la noche de Halloween, la verdad es que será la primera vez que no celebre fiesta de Halloween justo en la fecha indicada porque hay gente importante que no podía venir, así que he retrasado la fiesta una semana y tendréis que esperar un poco para ver las fotos de nuestra fiesta de este año. Creo que será divertida porque la propuesta de este año es: “versiones macabras de personajes de cuentos”. El que yo he elegido ha sido Rapunzel, que, encerrada en su torre solitaria durante tanto tiempo acaba cayendo en las redes de un vampiro, que es el único que puede entrar en su torre sin puertas y con una única ventana. Así termina convirtiéndose en una vampiresa, copiando el nombre que vi por alguna parte… RIPpunzel.
De momento os dejo con una canción para que emppecéis este día con alegría y, sobre todo, con muchos monstruos.
Por otro, una vez terminadas las votaciones de las películas más terroríficas el ranking ha quedado más o menos así:
1. The ring (japonesa) (7 puntos)
2. El exorcista (7 puntos)
3. Dark Water (japonesa) (3 puntos)
4. El resplandor (3 puntos)
5. Entrevista con el vampiro (2 puntos)
6. REC (2 puntos)
7. Al final de la escalera (2 puntos)
8. Nosferatu (1 punto)
9. La niebla (2007) (1 punto)
10. Pandorum (1 punto)
11. La maldición (japonesa) (1 punto)
Así que parece que hay un empate entre el terror oriental y el americano, de la mano de The ring y El exorcista. Es curioso que ambas películas van más por la vertiente psicológica del terror, que en realidad creo que es la que nos deja más marcados porque se arraiga en lo más profundo de nuestra psique y luego cuesta sacarlos de ahí.
De hecho, no sé si sabéis que la Radio Nacional de España emitió este verano una versión de teatro radiofónico de El exorcista, que podéis escuchar aquí. La verdad es que es curioso escucharlo e intentar revivir en nuestra memoria las imágenes de la película, probad y veréis. Creo también que con esta película, al igual que con la de Omen, se abrió una veda en este tipo de cine, estableciendo un antes y un después. Una de las cosas que más aterroriza es la mezcla de la inocencia de un niño con la maldad más extrema encarnada en un demonio, supongo que eso fue algo que en la época y en cine debió de provocar muchas pesadillas en los que fueron a verla y si lo aderezamos con la maravillosa sintonía de Tubular Bells de Mike Oldfield… es una canción que siempre cuando oigo evoca la imagen de Regan en plena posesión en mi cabeza. Es una película cuyo terror no pasa de moda y que estoy segura de que, a pesar de la sencillez de sus efectos seguirá dando miedo pasen los años que pasen.
Por otro lado está el terror japonés, un terror que, a mi modo de ver, cala muy profundo en occidente, sobre todo por el modo que tienen de grabar las películas y el hecho de que los rostros japoneses nos resultan curiosos e inexpresivos, así que aumentan la atmósfera terrorífica. Hay que reconocer que The Ring, apenas tiene efectos especiales y, como dijo Uxía en su comentario, nunca una tele, una simple tele apagada me creó esa sensación de desasosiego hasta que vi esta película. Además los japoneses juegan con nuestros miedos más primigenios, recuerdo, por ejemplo una película en la que la protagonista ve al fantasma avanzar por el pasillo a través de la mirilla de la puerta y corre al dormitorio a esconderse en la cama. No sé si tendréis esa sensación, pero para mí, desde que era pequeña la cama era como “la casa” del juego de la pilla, ahí era como una especie de zona protegida en la que nada podía entrar. Pues en esta película, el fantasma salía en la siguiente escena debajo de las sábanas para atacar a la protagonista que estaba en ella. Lo primero que pensé… “no vale, eso es casa“. Y creo que en eso se resume un poco mi experiencia con el cine oriental de terror, siempre me sorprende porque hacen cosas que no espero y supongo que es por eso que no me gustan las versiones americanas, porque las “occidentalizan” y pierden un poco de esa magia original que tienen porque en ese proceso intentan explicar todo y dejarlo todo claro cuando muchas veces parte de lo que nos da miedo en una película es lo que no nos cuentan.
Como decía mi adorado Howard P. Lovecraft: “La emocion más antigua y más intensa de la humanidad es el miedo, y el más antiguo y más intenso de los miedos es el miedo a lo desconocido”
Categoría: En 8 mm,Freak's World,Nocturnia
Escrito por Sonia Seijas el Sábado, 23 de octubre , 2010 a las 11:19
Bueno, como queda una semana más o menos para Halloween, se me ha ocurrido que podíamos hacer una especie de ranking con las películas que más nos han aterrorizado a lo largo de nuestra vida, a ver si así, entre todos, logramos discernir cual es la película más terrorífica de todas. Se pueden proponer tres películas, por orden, a la primera se le da tres puntos; a la segunda, dos y a la tercera, uno. Si no se os ocurren muchas, en este link tenéis un buen listado.
Mis propuestas son:
1. The Ring (3 puntos)

Os confesaré que vi esta película con mi hermana, cuando todavía vivía en casa de mi madre. Recuerdo que tenía una tele en mi habitación que estaba puesta encima de esas típicas mesitas redondas que tienen un tapete colgando hacia abajo. La vimos de noche, a oscuras, como tienen que verse las buenas películas de terror y, cuando acabó y apagamos la tele, yo sólo podía ver el pilotito rojo y el tapete debajo… Tuve que sacar la tele y la mesa al pasillo para poder dormir. He visto muchísimas películas y nunca me había pasado ni me ha vuelto a pasar esto. Así que es la líder indiscutible de mi ranking.
2. El exorcista (2 puntos)
Cuando vi el exorcista por primera vez, creo que no había cumplido ni los 13 años. Iba a un colegio de monjas, sólo de chicas, en el que durante todo el día se nos hablaba mucho del demonio y de toda la maldad que repartía por el mundo. Confieso que me parecían historias muy lejanas, pero, al ver la película se quedó grabado en mi cabeza y no pude dormir en varias semanas porque estaba convencida de que eso podría pasarle a cualquiera y que mi cama podía empezar a levitar sola. Vamos, que me causó una impresión muy profunda que recuerdo cada vez que oigo la famosa canción de Mike Olfield.
3. Nosferatu (1 punto)

Sé que puede parecer un poco absurdo que una película muda de 1922 te deje marcado en cuanto al terror. No había efectos especiales ni sonoros que hiciesen que diésemos respingos en las sillas. Pero os diré que ni todo el maquillaje del mundo, ni todos los añadidos por ordenador han conseguido que la imagen del actor de esta gran película se separe de mi concepto de “vampiro”. No sólo por el misterio que quieren atribuirle, sino porque realmente consiguió con muy poco crear ese terror en todos los que ven la película, la imagen de su sombra proyectándose en la sparedes, con esos dedos afilados y largos es algo que es difícil de superar.
Bueno, como véis, yo soy más de terror psicológico. Después de haber visto multitud de películas de este género, reconozco que el gore me da más asco que miedo y que los efectos especiales me dan un susto rápido pero que no lo mantienen como en el caso de las películas que van directas a nuestros miedos más profundos.
Voy poniendo aquí el RANKING, para ir actualizándolo con vuestras aportaciones, lo dejaré abierto hasta el sábado 30 y así el domingo 31, noche de Halloween, haré un post con las ganadoras.
1. The ring (japonesa) (7 puntos)
2. El exorcista (7 puntos)
3. Dark Water (japonesa) (3 puntos)
4. El resplandor (3 puntos)
5. Entrevista con el vampiro (2 puntos)
6. REC (2 puntos)
7. Al final de la escalera (2 puntos)
8. Nosferatu (1 punto)
9. La niebla (2007) (1 punto)
10. Pandorum (1 punto)
11. La maldición (japonesa) (1 punto)
Categoría: En 8 mm,Freak's World,Nocturnia
Escrito por Sonia Seijas el Martes, 31 de agosto , 2010 a las 14:08
Esta última semana he visto dos películas que me han hecho pensar mucho, pero creo que no exactamente por lo que se supone que me tendrían que hacer pensar: han sido Repo Men y Origen. La primera me ha parecido bastante mala, teniendo en cuenta sobre todo que parte de una idea de la maravillosa película Repo: the genetic opera y que destroza vilmente, convirtiéndolo en un mata-corre-mata sin más. Ahora bien, antes de seguir escribiendo, debo decir que este mail quizán contenga algunos SPOILER, que aquellos que deseeis disfrutar de ambas películas no deberíais leer. Origen, sin embargo, no sólo me pareció una estupenda película de ciencia-ficción, sino que ahonda en el ansia del ser humano por saber más allá de su percepción, por comprender el cómo y el por qué de su existencia.
Y eso es lo que me ha hecho pensar más, porque ambas ahondan en la brecha ya abierta por Matrix en su momento, sobre el concepto de realidad y la apariencia que ésta toma dependiendo de nuestras percepciones. Todo esto me recuerda enormemente a Platón y sus discursos sobre el mito de la caverna, que más tarde cogieron los filósofos religiosos y convirtieron en toda una arquitectura del más allá para que los adeptos considerasen menos importante su cuerpo y su realidad “aparente” en pos de una realidad distinta y que les llevaría a una especie de nirvana en otro nivel. Lo cual me lleva de nuevo a una frase de la película Origen: “El mundo no es real y la muerte es la única escapatoria“, porque se supone que solo se despierta al mundo real si se muere dentro del sueño. Y esto nos lleva a una nueva paradoja, dado que puedes estar soñando dentro de un sueño y tener, por lo tanto, una realidad dentro de otra, de modo que estés muriendo y despertando en distintas realidades una y otra vez y que, en cada caso, lo que creas dentro del sueño no exista realmente y todas las personas que te rodean sean proyecciones creadas por tu subconsciente para hacer más real la fantasía que vivies a través del sueño. Y así una y otra vez… y tal vez, sólo tal vez, solo haya un soñador y todos los demás seamos solo proyecciones, y todas las pruebas de vida y de muerte, creaciones del propio soñador para ir viviendo una y otra vez varias vidas.
Así que tal vez, sólo somos uno, es decir, partes de la mente de alguien. ¿Por qué no? Y solo somos un sueño que alguien duerme durante algunas décadas, pero entonces, si una proyección muere, ¿muere parte del soñador o es el soñador mismo y entonces se acaba esa realidad que ha creado?
Uf, creo que el mundo ha llegado a un punto en el que la gente necesita buscar una explicación a algo más que el que el cuerpo humano crece y envejece hasta que pasa a convertirse en parte de la energía que deriva por el universo y, en esa búsqueda, ha empezado a preguntarse si realmente los cinco sentidos que tenemos pueden captar lo que nos rodea en toda su complejidad o tal vez, esto es sólo una realidad de tantas alternativas, como defienden algunos físicos, de modos que en mi realidad, ocurren muchas otras realidades sin que yo sea capaz de captarlas.
Así que la vida es sueño. Un sueño breve del que no estoy segura que haya despertar porque tal vez estemos atrapados tanto en él que al morir, no seamos capaces despertar en otro sueño. Y esto, amigos, es la gran incógnita a la que nos enfrentaremos hasta el día que comprobemos si es sueño o es real.
La verdad es que Nolan siempre me hace pensar muchísimo, desde Memento hasta el gran trabajo con Batman, saca de mí la filósofa que se hace preguntas porque al fin y al cabo, la filosofía es el saber plantear las preguntas aunque no haya respuestas.Y es que, como dicen los protagonistas de la película, la fuerza mayor del universo (como creo que ya os he dicho alguna vez) es una idea, cuando afinca en nuestra mente es capaz de hacernos ir y venir a sus anchas. Es lo más poderoso y lo más temible, por eso es lo que ellos buscan: el origen, la manera de hacer entrar una idea en un soñador sin que parezca que nadie se la ha implantad.
Y tal vez, la propia película, sea el origen implantado en nuestro sueño, ¿no?
Categoría: La patria de Morfeo,Nocturnia
Escrito por Sonia Seijas el Lunes, 19 de abril , 2010 a las 11:24

Categoría: Mis gafas de ver el mundo,Nocturnia
Escrito por Sonia Seijas el Domingo, 28 de marzo , 2010 a las 1:07
A veces me siento como un instrumento sin nota. Durante unos instantes es como si mi mente deseara reiniciarse por algún motivo y me quedo pensando símplemente en nada, o no pensando, que a lo mejor es lo mismo. O a lo mejor no, porque instantes después soy consciente de ello y eso implica algún tipo de pensamiento.
Apenas son unos segundos, pero muchas veces me ayudan a ver las cosas desde una perspectiva distina, como si esa disfunción, ese borrón de mi pizarra permitiese el espacio suficiente paa una nueva formulación de pensamiento. Pero eso ocurre solo algunas veces, otras, es menos alentador. Símplemente mi mente se desconecta y hace que pierda unos segundos irrepetibles que más tarde me dejan con una sensación infinita de vacío. Si me hablan, es como si mis oídos no estuviesen en la misma frecuencia que las palabras de los demás; si abro la boca, en seguida las palabras mueren en mi garganta, porque no hay ni propósito ni intención… es como una crecida de marea que borra los dibujos en la arena de un niño.
Y, en ocasiones, me asusta, me atranca y no deja que mis ideas fluyan con la rapidez acostumbrada. Algo así como si intentase que todas entrasen por un embudo estrechísimo y yo estuviese esperando, ansiosa, al otro lado para vislumbrar un resultado que llega con cuentagotas. El embotamiento es cada vez mayor y no sale nada por el embudo. Así que me quedo como una niña sin pastel de cumpleaños.
Así me siento a veces y me asusta pensar que el embudo se estreche tanto alguna vez que ya no quede nada al otro lado de su cono, que ya no permita el paso a nada más. Y, mientras tanto, yo y mi mente jugamos partidos de tenis con esos tiempos “en blanco”. Tal vez sea un partido largo, tal vez sólo un par de sets, pero todos los días me esfuerzo por ganar por lo menos el primero.
Categoría: Nocturnia
Escrito por Sonia Seijas el Martes, 23 de marzo , 2010 a las 2:04
Tenía la mirada del color de las olivas naturales, de ese verde que se puede definir fácilmente, con una mirada acuosa que era capaz de hacerte sentir la persona más importante del mundo, aunque últimamente no supiera cómo descifrar sus miradas. Siempre me parecía como estar mirando al cielo en una noche estrellada, algo infinito, antiguo y, a la vez tan hermoso que no puedes dejar de mirarlo; su mirada era así, infinita, indescifrable y hermosa. Tal vez, se debía a las malditas cajas que iban poco a poco empaquetando sus recuerdos y que, luego, fueron empaquetando sus funciones vitales. Y sin embargo, todas y cada una de las veces me parecía que podía ser esa la vez en la que me mirara y dijera mi nombre… la ilusión de la niña que llevo dentro, porque sus labios ya hacía tiempo que habían dejado de recordar lo que eran las palabras.
Su cuerpecito, de apenas un metro y cuarenta, se había ido encogiendo con el paso del tiempo, a pesar de los mimos y cuidados de esa gran mujer que le dedicó cada segundo de sus últimos años. Parecía apenas una niña un poco grande, con mucha piel y muy poca carne. Y sin embargo, su cara seguía teniendo el mismo tacto y sus manos la misma energía, cogerle una de ellas era como intentar asir jirones de un pasado que echo tanto en falta, en el que me ayudaba a levantarme si me caía y ponía su mano callosa en mi cabeza. Esas manos que levantaron tantos hijos y tantos nietos y que rebuscaron entre baules, juguetes improvisados y ropa para que los niños tuviésemos un material con el que tejer nuestras fantasías por momentos. Esas manos que recogían las monedas que conseguía sacarle a mi abuelo del bolsillo del reloj y que repartía siempre paritariamente entre todos nosotros, sin dejar ninguno. Esas manos temblorosas que me agarraban los dedos últimamente… al igual que yo lo hacía con ella cuando no era más que un bebé. ¡Qué ingrata puede ser la vida! Y qué diferente puede llegar a ser una visión de otra, ya no podré volver a agarrar esas manos, ni dejar que ellas me agarren a mí, porque ya no son sus manos sino prolongaciones de un cuerpo que ella ya ha abandonado y que ha dejado tan sólo como un vestigio de lo que fue una gran mujer.
Siempre a gritos para hacerse oír, siempre tan paciente, siempre con ese sentido del humor que muy pocas personas tienen, su corazón además de ser fuerte era un corazón alegre. Un corazón de los que laten con pequeñas cosas, con gestos de ternura y que no necesitan de grandes actos para latir con más fuerza. Creo que a ella le bastaba con una de nuestras risas para sentir ese pálpito, porque siempre fuimos lo más importante para ella, lo único que no querría sentir alejado por nada del mundo. Y, sin embargo, el tiempo le arrebató nuestras caras, nuestras risas, nuestros nombres y la razón para sonreir, con esa sonrisa de duendecillo que te iluminaba la cara de vez en cuando.
Nunca podré agradecer tolo lo que me enseñó sin apenas quererlo. La fuerza que, como una gran lección de vida, consiguió transmitirme y la convicción de que incluso alguien que aparentemente no parece tenerla, puede tener tanta fuerza y tanta vitalidad como para repartir amor entre más de veinte nietos. Y yo, que tristemente soy la mayor, un puesto que heredé de un primo que también nos dejó demasiado pronto, no puedo dejar de pensar que ninguno de nosotros le llegará nunca a la suela de los zapatos a pesar de que su mundo se reducía a su familia, sus tierras de labranza y sus animales. Ni con todo el éxito del mundo podría siquiera acercarme a lo que ella consiguió tan sólo con levantarse y acostarse todos los días. Y, si la he hechado de menos durante años, en los que solo he podido contemplar cómo se iba apagando la luz de esa fuerza, no puedo ni imaginarme cómo lo haré a partir de ahora. Porque ya no habrá ojos de aceituna, ni manos callosas, tan solo el recuerdo de mi abuela, la mujer más increíble que he conocido y que ahora ha llevado su fuerza a alguna otra parte.
Así que sea fuerza, energía, átomos, polvo, lo que sea; simplemente, espérame, que el tiempo me conducirá a tí, mi mano estará huérfana hasta que vuelva a encontrar la tuya. Espérame que quiero volver a sentir tu mano callosa en mi cara y esa sonrisa pícara en la tuya.
Categoría: Nocturnia