LAS ERINIAS

Nudos

Escrito por Sonia Seijas el Lunes, 14 de mayo , 2012 a las 12:36

Llevaba días dándole vueltas a aquel trozo de cuerda y no era capaz de sacárselo de la cabeza. Por mucho que intentase que su mente se ocupase en otras cosas, siempre volvía a aquel nudo.

Lo había encontrado por casualidad en el bolsillo de un abrigo. Ahora se preguntaba si lo habría hecho ella misma tiempo atrás o si, por el contrario, alguna extraña casualidad lo había llevado allí. Tal vez lo hubiese dejado alguien… Más allá de su procedencia, lo extraño de aquel trozo de cuerda retorcido era lo hermoso que parecía al colocarlo en la palma de la mano, como si cada torsión estuviese en el lugar que debería, formando un todo uniforme y armónico. Durante esa tarde le dio vueltas en la mano, jugueteó con él con los dedos en el bolsillo del abrigo, lo sacó y lo cambió de lado, lo contempló mientras se sentaba en el asiento del autobús camino a casa… pero al final, como todo nudo que se precie, sólo cabe una posibilidad, como si de un acertijo se tratase, tenía que deshacerlo.

Y en eso había gastado los dos últimos días. Al principio, lo intentó con un poco de desidia, seguramente pensando que sería una tarea más bien rutinaria, pero al no conseguirlo en el primer par de intentos, centró toda su atención en los entresijos de la pequeña cuerda y en cómo se retorcían hasta formar esa pequeña pelotita en el medio. Poco a poco empezó a entender la “esencia” del nudo, el recorrido a través de cada nueva vuelta y la torsión que implicaba. Así que, armándose de paciencia, comenzó poco a poco y con mucho cuidado a aflojar algunos trozos aquí y allá. Aunque al principio pensó que no cederían a su presión, después de unos cuantos intentos fallidos parecía que iban aflojando.

Durante semanas, con constancia y empeño, fue dando pequeños tirones y desenmarañando el nudo en cada una de sus partes, hasta que al final, allí estaba, frente a ella. Un trozo de cuerda retorcido y un poco gastado, pero sin ningún nudo que entorpeciera su paso. Allí estaba, después de tanto esfuerzo y tantos días de tirar y aflojar, de desandar el camino a través de las vueltas… allí estaba. Y entonces llegó la pregunta… “¿Qué narices hago yo ahora con esto?

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Y si hablamos de amor…

Escrito por Sonia Seijas el Domingo, 5 de febrero , 2012 a las 14:11

La miró, extrañado, cuando ella le sonrió con aquella expresión condescendiente con la que solía obsequiarle cuando estaba segura de tener la razón en algo y él no. Después de tantos años, ya conocía cada arruga de su expresivo rostro. “No creo que sea amor -le dijo simplemente“. Y luego se quedó callada, mirando a las caras que, durante unos segundos, se veían a través de la vidriera de la cafetería. Parecía como si esperase a que él le contestase algo definitivo, una especie de verdad universal que la desarmase por completo. Sin embargo, permanecía en silencio, por un instante se había quedado sin argumentos y no tenía muy claro cuál se suponía que tenía que ser su siguiente paso con ella. Sólo se atrevió a decir un breve “¿Por qué?“. Y entonces, ella empezó a hablar:

-”No creas que es que dude de tus sentimientos, simplemente no creo en ese concepto que todos parecéis tener del amor. Sé que puede sonar extraño pero no puedo entender que puedas decir que amas a alguien sin haber pasado por las dificultades de la vida. Sí creo que puedes querer a alguien, hay muchas maneras de hacerlo, incluso desear a alguien con todas tus fuerzas, la pasión es algo que nos arrastra sin que podamos detenerlo, pero hace mucho que la vida me enseñó que el concepto de amor romántico normalmente no tiene nada que ver con la realidad a la que nos enfrentamos. Creo, más bien, en la necesidades: la necesidad de cercanía, de sentirse necesitado, de saber que cuando te sientes perdido hay una mano que alguien te tenderá para encontrar el camino de nuevo y, sobre todo la necesidad de contacto humano, que nos hace sentir por un instante que no vamos a irnos solos cuando todo termine. Todos necesitamos que alguien nos haga sentir de vez en cuando que estamos vivos, que nos recuerde que nuestros sentidos pueden llevarnos al éxtasis infinito en apenas un par de segundos. Creo, sinceramente, que si no soy yo, aunque ahora pienses lo contrario, será cualquier otra. Tenemos tendencia a pensar que te enamoras porque alguien superior lo decide así, cuando en realidad estamos en todo momento buscando la aprobación de otro ser humano, buscamos en la mirada de otro aquello que creemos que nos hará sentir especial. Y no es cierto. No necesitas que nadie te haga sentir que lo que haces está bien, ni que eres especial en algo, en realidad tan sólo necesitas sentirlo tú mismo. Supongo que la mayoría de las relaciones fracasan por esto, están tan enfrascados buscando las proyecciones de sí mismo en la persona que tienen al lado, buscando una mirada de asentimiento, que se olvidan de que lo que nos hace especiales y únicos está dentro de nosotros y de nadie más. Culpan a quien tienen delante de no proyectarlo, de no sentirlo lo suficiente y lo acusan de no amarlos, cuando en realidad, el que debe enseñarlo es uno mismo. Por eso no creo que alguien a quien apenas llegas a conocer en unos meses pueda decir un “te amo” y sentirlo realmente. Cuando es así, lo que queda patente es la necesidad inmediata de un “Y yo” para no sentir esa soledad que nos carcome por dentro. Puedes decirle a alguien que te gusta, que te apetecería intentar ver en qué puede acabar una relación, pero eso requiere trabajo y no todo el mundo está dispuesto a hacerlo. La mayoría, prefiere lo inmediato y la apatía, que finalmente rompe los sueños de romanticismo y solo crea personas tristes y solitarias. Yo creo que el amor sólo puede verse a través de los años, de la vida y sólo cuando realmente eres capaz de apostarlo todo y enseñar todo lo que tienes dentro.

Él  la miraba en silencio, mientras cada una de las palabras iban surgiendo de su boca. Ella miraba a la calle mientras hablaba, como si pretendiera crear una barrera invisible entre ellos, de vez en cuando le lanzaba una mirada furtiva y él le sonreía y asentía. No podía dejar de pensar cuál era la razón de tanto escepticismo, ni quién podía haber sido el causante. Ahora, que ella había hecho una especie de pausa dramática, bebiendo un par de sorbos del café que los separaba, se sintió preparado para contestar.

-”Y, sin embargo, aquí estamos, hablando de amor. Sólo porque me gusta verme reflejado en tus ojos, que me hacen ver cosas de mi mismo que ni siquiera yo puedo ver. Porque sólo con caminar a tu lado me hace olvidarme de todos lo que me preocupa y ni siquiera necesito contarte nada. Porque soy capaz de hacer el tonto una tarde entera sólo para ver una sonrisa tuya y porque, definitivamente, creo que todo eso que dices es sólo una excusa para no arriesgarte, que, al fin y al cabo es de lo que estamos hablando. Realmente el amor no es algo maravilloso que surge por arte de magia, el amor es un riesgo, como una lotería, que puedes estar jugando toda la vida sin tocarte, o vislumbrar pequeños pellizcos que te hacen sentir cosquillas en el estómago. Y a veces, sólo a veces, te toca el premio gordo y puedes disfrutarlo siempre.

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El difunto 2011…

Escrito por Sonia Seijas el Lunes, 2 de enero , 2012 a las 23:48

Bueno, ahora que ya ha dado término la vorágine de fiestas y que las resacas ya empiezan a abandonar a los más festivos, creo que es el momento de despedir como se merece al año que hemos dejado atrás. Lo cierto, es que volviendo la vista un poco, ha sido un año realmente interesante, no lo clasificaría de otra manera. Es el año en el que hemos vivido lo que han dado en llamar la “primavera árabe”, que aunque empezó un año antes, tuvo su apogeo en este año que terminamos, sazonada de protestas, aires de revolución y sobre todo con muchas ganas de demostrar que con voluntad se puede cambiar lo que sea. No sé si eso ha sido lo que ha hecho cambiar parte de la conciencia colectiva, pero me gusta pensar que gracias a unos pocos gritos el mundo se llenó de indignados y, sobre todo en España, acuñó a través del movimiento del 15-M la Spanish Revolution que luego se propagó por muchas partes del Planeta (a veces tan violentamente como en Londres durante las revueltas juveniles de Agosto). Un planeta, en el que por cierto este año, alcanzamos los 7 mil millones de habitantes. No quiero pensar que después de que Rajoy haya sido hecho presidente (porque, al fin y al cabo, éste ha sido el año del PP, a la tercera va la vencida), estas voces se acallen y no sigan pidiendo lo que, en justicia, necesitamos. No sólo los recortes que proponen, no el tijeretazo que quieren hacer pasar por la única solución, sino un control más exhaustivo de cómo se gasta, se presta y se invierte el dinero en España, a dónde van a parar esos impuestos que ahora subirán y el por qué un padre o una madre, que roba en un banco para alimentar a sus hijos va a parar a la cárcel; y ese mismo banco “roba” (es que a mí eso de “rescata” me suena a préstamo a fondo perdido) dinero del impuesto de todos para que sus directivos se jubilen con primas que los de a pie no veremos ni juntando los sueldos de toda una vida. Y es que este ha sido el año en el que el paro ha alcanzado cotas impensables hace algunos años. Aunque, por supuesto, también ha sido el año en el que se han levantado algunas liebres, como en el caso Urdangarín o la mítica Operación Saga, contra la SGAE (aunque yo la habría llamado “los cazadores cazados”). Ya veis, este año, también ha sido el año de la archimencionada prima de riesgo, de rescates a economías europeas y del miedo social a la recesión. Y, sobre todo, ha sido el año en el que han caído dictadores como  Muamar el Gadafi (que además murió a manos de rebeldes), Osama Bin Laden (el hombre más buscado de América y al que finalmente dieron caza en Pakistán), de Kim Yong-Il (que murió de causas naturales) y en el que los egipcios derrocaron a Mubarak, aunque eso trajo consigo, a modo de daño colateral, un vandalismo contra el Museo del Cairo que no he sido capaz de comprender.

Ha sido un año de desastres en el que el pánico nuclear ha empezado a enseñar sus dientes de nuevo. El terremoto en Fukushima hizo temblar el planeta, con los peligros que encierran las centrales nucleares que parece que olvidamos por momentos y que volvió a recordarnos la central de Marcoule poco tiempo después. Nos temblaron las piernas y durante unos días todos contuvimos la respiración frente al televisor. Me quedo con el hermetismo japones y la desinformación tal vez programada, en la que querían hacer ver que no era tan grave como parecía. Pero también con el carácter de entrega japonés, nunca podré olvidar la entrevista que leí de los retirados japoneses que se ofrecían a entrar en la central a sellarla, sustituyendo a personas más jóvenes, alegando que la radiación a ellos podría restarles apenas unos años, mientras que a otras personas más jóvenes podía suponer la mitad de su vida. Otros terremotos como el de Turquía o el de Lorca, mucho más cercano a nosotros, nos dejó una clara muestra del poder de la naturaleza y de cómo es capaz de sacarse de encima cualquier cosa que nosotros nos empeñemos en construirle encima.

En el triste décimo aniversario de los atentados en Nueva York, también has seguido ocurriendo en diversas partes del mundo. Muchos y muchos más de los que no sabemos nada, en zonas de conflicto que todavía siguen siendo “zonas calientes” (o algo así las llaman), en las que los altercados suceden todos los días. Pero también está ahí el sucedido en el aeropuerto de Moscú y que dejó patente que seguimos siendo vulnerables en muchos aspectos, sobre todo en lo referente al pánico en masa. Supongo que había ciertas partes de nuestra vida que considerábamos intocables y seguras, y este tipo de terrorismo demuestra que no solo no es verdad, sino que las personas que cometen los atentados buscan eliminar esa sensación por encima de todo.

Y sin embargo, ha sido el año en el que en Arabia Saudí se ha reconocido el derecho al voto de la mujer y el que pueda ser elegida dentro de una votación. En el que hemos acelerado los neutrinos más allá de la velocidad de la luz y en el que se descubrió un nuevo sistema planetario muy similar al Sol, además de la mayor reserva de agua conocida del Universo.

Sé que han pasado muchísimas cosas más, pero éstas son las que me vienen a la cabeza ahora mismo, supongo que porque son las que más he tenido dando vueltas en la cabeza durante estos doce meses. Se han ido muchos, algunos muy conocidos y de los que se ha hablado mucho como Steve Jobs, Amy WhinehouseSeveriano Ballesteros, Elizabeth Taylor o Florinda Chico y muchos que no recuerdo u otros que han pasado más desapercibidos. Hemos perdido también a dos de las personas más lonjevas del planeta, la japonesa  Chiyono Hasegawa que murió con 115 años y el americano Walter Breuning, con 114, sólo con pensar que ambos han vivido tres siglos y que además han pasado por dos guerras mundiales, me da escalofríos.

Y, en fin, esta es mi despedida a este año, veamos qué nos depara el 2012, además del término de la “cuenta larga” maya. :)

 

 

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Vivamos como galegos!!

Escrito por Sonia Seijas el Viernes, 2 de diciembre , 2011 a las 11:45

El otro día iba en el bus y me quedé alucinada al ver este vídeo en la televisión que tienen. En cuanto llegué a casa lo busqué para compartirlo, porque sé que algunos de mis amigos de fuera entenderán muchas cosas de las que dicen en el vídeo. Pero además, porque vamos, pocas veces he visto un anuncio que tire tanto por la tierra como este, tiene una fuerza…

En versión original (con subtítulos):

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En versión doblada (la voz no me gusta tanto pero está bien poder ponerlo de modo que lo entienda todo el mundo):

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Os diré que me encanta el comentario de “Esa, es una mística!!”, la de veces que lo habré oído en el pueblo de mi madre.

 

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Cosas incomprensibles

Escrito por Sonia Seijas el Viernes, 25 de noviembre , 2011 a las 16:39

Me gustaría a mí saber a qué genio de la naturaleza se le ocurrió escoger el mismo día para celebrar el Día Internacional contra la violencia hacia la mujer y el Día de las librerías. Yo no sé vosotros, pero me parece que no tiene demasiado que ver una cosa con la otra, la verdad, sin embargo después de pensar un rato he llegado a la conclusión de que como los libros son puertas a un montón de mundos distintos, a lo mejor, también tiene algo de denuncia en cuestiones de violencia. Aunque bien pensado, también hay libros en la dirección contraria…

Así que, en lugar de liarme la cabeza con tanto quebradero, he decidido escribir un microrrelato sobre este tipo de violencia y compartirlo con vosotros:

No puedo pedirte perdón por mis futuros errores, no puedo lamentarme por lo que haré, a pesar de cada golpe, a pesar de cada grito. Ya no voy a esconder más mi rostro tras la máscara que he creado.

El dolor aflora, pero se alivia y todo parece claro después.

Soñaba una vida que no era la mía, una vida en la que cada paso suponía un temblor, el miedo a lo que ocurriese cada día era tan grande que me había escondido en rutinas que creía seguras.

Y, aún así, llegaban. Boum. Boum.

Cuando estaba tranquila, relajada… la vida me recordaba cuál era el sitio donde me había colocado. Pero ya no.

Hoy he visto el temor en tus ojos antes de golpear, hoy he entendido que no eres el más fuerte. Eres el más débil y por eso golpeas. Hoy te he mirado directamente a los ojos y has vacilado. Hoy he comprendido que debo despertar…

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Reflexionando…

Escrito por Sonia Seijas el Sábado, 19 de noviembre , 2011 a las 19:09

La verdad es que no sé si estoy reflexionando o simplemente esperando el inevitable desenlace que auguro para mañana. Sé que debería pensar en que las cosas deberían cambiar, en realidad, supongo que el sentido de unas elecciones es exactamente ese, el dejar que la gente decida lo que quiere para su futuro. Sin embargo, no puedo dejar de tener la sensación de que todo está decidido y que solo estamos dejando que las cosas vayan pasando. Me entusiasmé como una niña cuando vi todo ese movimiento social que se montó, los indignados, las gente gritando por las calles, los ecos de revolución por todo el mundo…. me encanta esa expresión de “Spanish Revolution”. Y, a pesar de eso, aquí estoy, pensando en que todo eso sólo ha valido para agitar un poco el avispero de las abejas, pero no han dejado que estas salgan. Mañana vamos a ir a las urnas, muchos de nosotros, independientemente de nuestra ideología o de cómo vemos el mundo, con una sensación de desasosiego, de que lo que vayamos a meter en esa urna que se supone refleja el estado de la sociedad, no valdrá para nada y solo será un reparto entre los que cortan el pastel ahora mismo.

Otra idea que me viene a la cabeza es si no habrá mucha gente que piense lo mismo que yo y se quede en la cama, en lugar de levantarse y ejercer el derecho que realmente tienen. ¿Y por que? Porque tal vez ha dejado de percibirse como tal, y más bien parece una lotería por ver cual de los dos peces gordos se repartirá las migajas que quedan de este pastel, que en otro momento fue un enorme pastel de chocolate, con nata y relleno de fresa. Esto me preocupa bastante, la falta de opciones creo que se está cargando la ilusión que tiene la gente por cambiar una sociedad que se está resintiendo continuamente. Ya nadie confía en nadie, todo el mundo tiene miedo e intentan mantener a buen recaudo todas sus habichuelas, aunque sea a costa de los demás. Lo peor de esta crisis, pienso yo es que está sacando lo más mezquino del ser humano en muchas ocasiones y que una ocasión como esta, en la que las urnas debieran reflejar lo que está pasando en la realidad del día a día de la vida de los españoles, creo que solo valdrá para dar un voto de castigo a los que , como a los niños malos, pensamos que se han portado mal. Lo peor de todo es que ninguno de ellos, por mucho que escriban en esas cartas que nos hacen llegar (ya no quiero ni entrar en el tema de lo que cuesta hacer una campaña política y de dónde sale ese dinero y cómo se reparte) van a cumplir ni la mitad de lo que dicen y, probablemente, lo que cumplan no va a ser lo que haga que el país vaya levantando cabeza.

Eso es lo que pienso…. el día antes de ir a meter mi papelito en una urna de cristal.

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Érase una vez un hombre…

Escrito por Sonia Seijas el Viernes, 30 de septiembre , 2011 a las 20:30

… érase una vez un hombre. Nació tal día como hoy, en una casa apartada de un pueblecito entre bosques profundos y caminos escondidos entre veredas y caminos de animales. Creció en una extraña mezcla de trabajo de campo y su dureza y la ventaja de haber sido uno más entre varios hermanos, con los juegos y aventuras típicas de su edad y de un niño de pueblo. Creció en la posguerra, con lo que eso significaba en aquel entonces y de lo que ahora ya casi nadie se acuerda, porque ahogamos nuestra bonanza en cosas materiales y nos olvidamos de que nuestros padres, en muchos casos, no tenían ni para comprar zapatos de niños. Y sin embargo creció, entre trastadas y trabajo de campo, atando animales por el rabo por diversión y jugando al escondite entre pinos y carballos. Heredó el único libro que usaban en el colegio y lo dejó luego en herencia, con él aprendió a contar y a escribir, con una letra maravillosa que ya querrían para sí los licenciados de hoy en día. De mayor no hablaba demasiado de su niñez, sólo él sabía las penurias que había pasado, seguramente no le gustaba recordar la época en la que un trozo de pan era algo tan sagrado que se comía por muy duro que estuviese.

Y luego llegó la  mili, esa que antes era obligatoria y tuvo la suerte de que le tocase la tarea de repartir el correo, así como no hablaba demasiado de su niñez, sí lo hacía de su época entre militares. De cómo los mandos le trataban bien por llevarles bien el correo y de cómo se libraba a veces de las guardias gracias a eso. Gracias a eso aprendió a hacer la “petaca”, que luego enseñaría a sus hijas para hacer la broma con sus primos. También hablaba de su padrino y de cómo lo acogió en su casa y de cómo conoció a la que después sería su mujer. Cómo la miró y supo que era ella, aunque parecía que no estaba por la labor, siempre había sido un hombre obstinado y una chica como aquella, con esa mirada tan dulce y esa belleza serena no podía escaparse. Así que, tras mucho insistir, consiguió ganársela, según ella, por su caballerosidad y su don de lenguas, por algo, años después, entre sus amigos lo apodarían el mudo. Su vida no fue nada fácil, se casaron y ella invirtió en ese proyecto de futuro el dinero que había estado ahorrando para hacer su primer viaje en avión y, lo que vino después, sí que fue un viaje. Años de trabajo, un piso de alquiler primero y muchísimo después de compra. Dos niñas que eran sus ojos, con la segunda llegó el único coche que tuvo en su vida y que cuidaba como si fuera un hijo más. La pérdida del trabajo, la época más dura de su vida porque además llegó la enfermedad que se lo llevó, a la que se enfrentaría con la valentía que lo había caracterizado siempre y con ese optimismo que era casi increíble en una situación como la suya. Los últimos años, los dedicó a ella, a la mujer que lo había apoyado cuando el mundo se empeñaba en tirar de él hacia abajo, que estaba ahí cuando él acertaba, pero sobre todo cuando fallaba. Que siempre creyó en él. E intentó exprimir lo que le quedaba, de forma que, cuando se fue, no sólo le echaron de menos, sino que su recuerdo perdura todavía en la mente de las tres, todos los días y sobre todo, cada día del padre y cada 30 de septiembre. Porque, ¿sabes qué papá? Hoy es ese día y todavía me acuerdo de que es tu cumpleaños, así que felicidades, seas lo que seas ahora. Me llevo a mamá a cenar, como a ti te hubiese gustado.

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11-S. ¿Dónde estabas?

Escrito por Sonia Seijas el Domingo, 11 de septiembre , 2011 a las 15:23

Recuerdo que en esa época estaba trabajando en una investigación sobre fracaso escolar en la facultad, con una beca de colaboración. Estábamos varios en un laboratorio de psicología que nos servía de “base de operaciones” y pasábamos muchas horas allí, metiendo datos en el SPSS, depurando las bases de datos para eliminar posibles errores y revisando los análisis que iban saliendo. Como teníamos libertad horaria, algunos iban por la mañana, otros por la tarde y así íbamos repartiendo las tareas. Ese día yo había llegado temprano al laboratorio y estaba sola, recuerdo que estaba en el ordenador junto a la ventana que era lentísimo pero que tenía una pantalla bastante buena y para meter los datos funcionaba mucho mejor.  Me pasé toda la mañana con eso y bajé a la cafetería para cogerme un bocata de tortilla, porque solía quedarme a comer para luego bajar directamente a dar las clases particulares que impartía por la tarde.

Parecía que había mucho ajetreo por la facultad, pero me pareció hasta normal porque estábamos en época de exámenes, así que no le dí mucha importancia y volví al laboratorio. Justo antes de empezar a comer, me llamó alguien a mi antediluviano Ericsson T-10 (el primer móvil que tuve, de la ya extinta Airtel) y me dijo: “‘¡¿Has visto la que se está montando?!” (no olvidaré nunca esta frase). Ante mi sorpresa, me contó que habían estrellado unos aviones de pasajeros contra las Torres Gemelas y que parecía un atentado terrorista de los gordos. La verdad, es que tengo que confesar, que al principio pensé que era una broma de mal gusto y vacilé un poco con el tema, “Si, claro, y han descubierto la Atlántida entre los cimientos, no?”. Pero, como por aquel momento ya teníamos internet en el laboratorio, mientras hablaba, fui buscando alguna noticia, creo recordar que ya utilizábamos Google, pero era muchísimo más rudimentario que ahora y las páginas tardaban bastante en cargarse. Pero sí, allí estaba yo, con mi bocata de tortilla esperando, sola en un laboratorio aislada del mundo leyendo lo que sería una de las noticias que más me ha impactado desde que tengo noción de las implicaciones que puede tener algo como esto. Con la boca abierta, sé que lo primero que pensé fue que Estados Unidos iba a volverse loco y que apuntaría a todo el mundo con misiles nucleares y sería el fin del mundo. De verdad pensé que eso iniciaría una guerra mundial sin precedentes y que en unos años el planeta no sería más que un recuerdo de lo que fue. Confieso que, también, por un momento pensé que todo podría ser un montaje, algo preparado para algún fin, pero conforme pasaban las horas pude comprobar que no era así, aunque por la red ya circulaban rumores sobre los aviones, su procedencia, sobre el impacto en el pentágono y el archiconocido vuelo 93.

Hoy, diez años más tarde, todavía tengo fresca esa sensación y tengo que reconocer, que no sé mucho más de lo que pude averiguar ese día. Sin embargo, creo que nunca olvidaré lo que estaba haciendo ese 11 de septiembre de 2001 cuando el mundo entero tembló por un instante. ¿Y vosotros? ¿Dónde estábais?

Recientemente he descubierto una película/documental italiana de hace unos años bastante curiosa sobre el tema, para los que les gusten las teorías conspirativas, seguro que la encontrarán interesante. Lo vi entero, sobre todo por las entrevistas y las imágenes, pero, como todo, puede tener más de una lectura.

11 de septiembre de 2001 – Engaño global

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De desplazamientos y trayectorias

Escrito por Sonia Seijas el Miércoles, 3 de agosto , 2011 a las 14:10

Nunca pensé que una clase de física pudiese dar para filosofar tanto, pero uno de mis alumnos me hace filosofar casi con todo, la verdad. Es como una pequeña caja que quiere contener dentro todo lo que pueda entrar en su interior pero que, a la vez, cuando asomas la cabeza te das cuenta de algunas cosas realmente interesantes. El que diga que no se puede mantener una conversación interesante con un adolescente es que es demasiado viejo para darse cuenta de que el pensamiento no es un ente aislado que nace y crece en la cabeza de un sólo individuo, sino que crece y se alimenta de lo que tiene alrededor y de la interacción con los que nos rodean.

Por eso tantas veces habla el artista de “musas”, aquellas personas, situaciones o cosas, que aumentan su creatividad hasta donde él mismo no puede llevarla e incluso más allá. Pues algo parecido me pasó a mí ayer. Tuve una especie de revelación a través de la física y de mi alumno. Nos reímos los dos con una frase que me salió redonda: “Lo importante no es la trayectoria sino el desplazamiento“, que aunque desarrollada en el contexto de un problema, luego, pensándolo bien, es una máxima que se puede aplicar a gran cantidad de asuntos en esta vida. Más ahora que le estoy dando vueltas a muchas cosas a mi alrededor, con tanto cambio y tanto estudio, el encierro creo que duplica mi capacidad para abstraerme en cualquier situación.

Me explico, la trayectoria es todo el camino que recorremos, las vueltas que vamos dando conforme vamos dando cada paso en nuestra vida, los caminos que vamos recorriendo, a veces en línea recta, por valles preciosos que nos hacen sentir muy bien. Cuando la vida decide que es momento de darnos un respiro y nos deja un ratito tranquilos y sin sustos. Otras veces, la trayectoria es circular, cuando nos metemos en esas rotondas con millones de salidas y no sabemos por cual salir. En esos momentos nos dedicamos a dar vueltas hasta que los coches (alegoría de los amigos) nos pitan e increpan y no tenemos más remedio que tomar la decisión que hemos intentado retrasar. Incluso hay muchas veces que la trayectoria recorre un camino de vuelta en lugar de ida o se pierde en senderos oscuros de bosques donde no vemos la luz del sol, ni nada que nos deje vislumbrar que el día después será mejor que el anterior. Y así, recorremos todos los segundos de nuestra vida, uno tras otro van pasando…

Y ahora llega el desplazamiento. Porque en realidad, muchas veces esa trayectoria nos lleva muy lejos del punto de partida, pero otras, después de dar millones y millones de vueltas, nos vuelven a traer casi al mismo sitio donde empezamos. Y nos descubrimos a nosotros mismos en un punto por que el que pensamos que ya habíamos pasado hace muchísimo tiempo o retomando la vida escogiendo una salida que antes no habíamos visto.

Por eso, al final, a pesar de que la trayectoria es lo que nos enriquece, lo que nos hace crecer como personas y nos acerca o aleja de personas realmente increíbles, lo importante al final es cuánto os hemos desplazado realmente, cuánta distancia nos separa del punto de partida de verdad.

“Lo importante no es la trayectoria sino el desplazamiento”

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De comunidades de vecinos y otras historias

Escrito por Sonia Seijas el Miércoles, 15 de junio , 2011 a las 13:12

Bueno, hacía millones de años que no asistía a una reunión de vecinos, de hecho, ayer no dejé salir a Grimhilde de su cueva sólo porque perdí tres horas de mi vida inútilmente por culpa de una. ¿Y por qué? Porque realmente no sé por qué se empeñan en ponerle el nombre de Comunidad a algo cdomo lo que viví yo ayer. Veamos, ¿para qué darle un nombre que implica unidad como colectivo si finalmente cada uno mira exclusivamente por lo que le interesa? Es cierto que en mi comunidad se hacen cosas que muchas veces no entiendo, pero realmente no puedo decir nada porque como normalmente no puedo ir a las reuniones, creo que no está bien protestar por aquello en lo que no has intervenido, así que me quedo callada y simplemente alucino en el silencio de mi casa.

Pero lo de ayer entra en la categoría de lo absurdo. Al margen de que este tipo de reuniones siempre sacan lo peor del ser humano, parece que mucha gente sólo va a hacer un ejercicio de poder, lo que me hace preguntarme lo puteados que deben estar en su casa, su vida o su trabajo para que necesiten gritar más y mejor que el resto de vecinos. Me recuerda a una película que vi hace tiempo en el que el gorila que mandaba en la manada era (además del más fuerte) el que golpeaba el pecho con más fuerza y hacía más ruído. Pues esto parece que funciona así. Recuerdo alguna reunión de comunidad cuando vivía en casa de mis padres en la que vecinos que llevaban años enemistados casi acababan a las manos por algo tan estúpido como a qué empresa se les compraban las bombillas de recambio. Surrealista. Tan surrealista como que haya una serie de obras que implican la integridad de la vivienda de una serie de vecinos y que la mayoría esté más preocupados por ver si tenemos piscina para el verano o no. Os juro que no daba crédito a mis orejas escuchando cómo una chica lleva cuatro años con el trastero inutilizado por el agua y que, reunión tras reunión, sus quejas han sido desoídas. Me parece de lo más inhumano que existe y me hace pensar que el ser humano no está hecho para vivir en conjunto porque, realmente, cuando hay que tomar decisiones por el bien del grupo no nos importan si hay algo que puede ser un beneficio personal aunque no tan importante. Y luego nos preguntamos cómo es posible que dejemos que un país llegue al punto en el que estamos, ya os digo que sólo tenéis que bajar a una reunión de “comunidad” (tengo que buscar otro nombre para esto) y entenderéis el porqué.

Hasta la de Carmen Maura me parecía más unida aunque no fuese por una causa legítima…

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Autor

"Estamos hechos de la materia
de la que están hechos los sueños,
y nuestra corta vida se cierra con un sueño"

William Shakespeare