Escrito por Sonia Seijas el Lunes, 18 de abril , 2011 a las 8:58
Como está a punto de llegar Semana Santa y tocará otra rutita por Asturias, he decidido terminar de una vez el post que había preparado cuando nos fuimos de ruta este Septiembre pasado (sí, ya sé que hace mucho, pero merece la pena recuperarlo). La verdad es que en esta ocasión decidimos visitar la zona de Somiedo, como íbamos a pasar una día y una noche en León (por cierto, no vayáis nunca a una pensión de allí llamada Hostal Orejas, el dueño es el peor especímen humano que me he encontrado en mucho tiempo), nos quedaba muy bien para ir subiendo hacia la costa asturiana.
La verdad es que León es precioso, sobre todo por la maravillosa Catedral y sus calles llenas de rincones mágicos. Aunque sólo pasamos un día y una noche, es una ciudad que nunca me canso de visitar.


Así que, después de visitar y hacer una salida nocturna por las tierras leonesas, nos encaminamos hacia el norte y pasamos tres días maravillosos en la zona de Somiedo, donde la gente, a diferencia del sujeto anterior, no sólo es maja sino que te da ganas de mudarte permanentemente a su pueblo. Nuestra intención era pasar unos días allí para poder hacer la Ruta de los Lagos (PR.AS-15, aquí se descarga en pdf). En el Parque de Somiedo se pueden hacer algunas otras rutas, algunas por la montaña y otras atravesando el parque más por el valle, aquí os dejo un pequeño mapa por si os apuntáis alguna vez a hacer alguna de estas preciosas rutas. Lo cierto es que viajar por esta zona es como adentrarse en un bosque de hadas, con un verdor y una luz que es poco común hoy en día. En algunos tramos parece que la montaña va a tragarte cuando algunas carreteras se estrechan, pero luego la luz se abre paso y llegas a zonas en valles, en muchos casos enmarcados en ríos que te saludan con sus rápidos al pasar. Lo cierto es que cuantas más rutas hago por esta provincia, más me gusta escaparme a sus montañas.

Así que nosotras decidimos hacer la 15, saliendo del Alto de la Farrapona, hasta Valle del Lado. En algunos blogs de naturaleza había visto algunas fotos de los lagos y me tenían encandilada, así que me empeñé en que no podía dejar terminar el año sin que hubiese subido a ver esa preciosidad de la naturaleza. Os dejo la descripción de la ruta que nos facilitaron en la oficina de turismo de Somiedo, en la que te facilitan un montón de información de todas las rutas que puedes hacer por la zona. Por recomendación de ella, decidimos empezar la ruta en el Alto de la Farrapona y no al revés porque nos dijo que la pendiente era menos empinada.


Lo único de lo que no nos habló la de turismo fue de la sinuosa carretera que hay que seguir hasta llegar al alto. De hecho, estoy convencida de que la mitad de los anuncios de coches, esos en los que los nuevos modelos toman curvas imposibles se ruedan en esta zona. ¡Vaya subidas y vaya curvitas! Pero, en fin, subiendo despacito (sobre todo si no conoces la carretera) se hace bastante bien y la verdad es que las vistas lo merecen. Así que, a pasito lento, llegamos a los 1708 m del Alto de la Farrapona, desde donde se puede poner un pie en Asturias y otro en León, lo curioso de algunas fronteras.




El inicio de la ruta es un estrecho sendero en la ladera del monte, con un camino ancho que va a dar a un pequeño descampado donde se celebra tradicionalmente la Romería de la Trashumancia, con una enorme fiesta que dura dos días enteros. Nosotras llegamos un par de días tarde, pero me dió mucha pena perderme esa comilona que ofrecen los pastores, la “gran borregada” le llaman ellos y la acompañan de una romería que hace que la música resuene por todos los picos. Este año pasado coincidió el 17 y 18 de septiembre, supongo que más o menos es siempre por la misma época así que si podéis asistir seguro que es todo un espectáculo.







Al pasar esa primera explanada, ya se puede observar el valle en el que se encuentra el primer lago. Se puede bordear, pero si tenéis tiempo se puede bajar y observar a pie de lago todo lo que rodea sus aguas. El Lago de la Cueva es, después del del último lago, el que ofrece unas vistas más bonitas, porque se puede ver desde ambas partes con mucha claridad y, las vistas, son espectaculares. Las orillas del lago tienen unos tonos rojizos que vienen de los vertidos de hierro de la vieja mina de Santa Rita y de hecho, todavía quedan algunas de las estructuras que pueden verse a simple vista.









Os diré que, una vez pasado el lago y subiendo por las primeras pendientes para acceder a los dos siguientes lagos, hay un mirador en el que, si te dejas llevar, puedes pasarte un montón de horas símplemente contemplando cómo la luz que se cuela entre las nubes va cambiando el color de las montañas y el lago. Es realmente bonito. La ruta en sí misma no es difícil, además tiene variedad de tramos con más o menos pendiente y zonas por las que es símplemente como dar un paseo. Es una ruta que se puede hacer incluso si no tienes mucha preparación, ya que si no se pueden hacer los 14 kilómetros, siempre se puede volver atrás en cualquier momento y ya habrás tenido la posibilidad de ver algunos de los lagos con mucha claridad y disfrutar de la montaña igualmente.

Los dos siguientes lagos son el Cerviz y el Calabazosa, el primero, lamentablemente estaba prácticamente seco, pero el segundo estaba muy bonito, a pesar de que la luz no era la apropiada para poder disfrutar de toda la belleza del lugar. Después de él ya hay una pradera enorme hasta casi llegar al último lago, donde hay vacas. Si lleváis niños seguramente lo disfrutarán mucho, pero tened cuidado porque hay un cable electrificado que rodea parte de la pradera y que puede dar unos calambrazos muy desagradables.






Si las fotos no os convencen, os dejo un pequeño vídeo con algunas de las cosas que grabamos. La ruta es realmente bonita y, creedme, no hace falta ser muy experto ni un montañista avanzado para que podáis disfrutar de ella. Nosotras nos alojamos en un camping de Pola de Somiedo, otra recomendación que os hago porque la gente del pueblo es tan agradable que casi te sientes como si hubieses vivido allí toda la vida.
Categoría: Viajes
Escrito por Sonia Seijas el Viernes, 23 de julio , 2010 a las 14:45
El otro día, pasando noche en el aeropuerto, me di cuenta de que esta visita a Barcelona, además de ser una visita especial porque hemos podido ver al gran Gackt, ha sido una visita culinaria porque hemos encontrado un montón de sitios geniales. Así que he decidido contarlo todo muy detalladito, por si algún día queréis visitar alguno de ellos. Una de las cosas negativas fue que mi hermana, que es casi más fan que yo del bueno de Gackuto, no pudo ir al concierto. La verdad es que en los viajes que estoy haciendo últimamente, me he dado cuenta de lo mal que están los transportes dentro de España, como no tengas un jet privado, llegar a algunos sitios en el momento que necesitas se hace casi imposible a no ser que estés dispuesto a pagar 600 euros por un billete de avión de menos de una hora de vuelo, lo cual me parece un abuso. Así que mi hermana, acabando el examen de oposición a la 1 de la tarde, no tenía manera de transportarse de Oviedo a Barcelona para estar allí por lo menos a las 9 de la noche y ver aunque sólo fuera la mitad del concierto. Algo que los de fomento deberían de tener en cuenta antes de traer el AVE a Galicia, es mejorar los transportes que ya existen, pero ese es otro tema del que ya hablaremos en otra ocasión.
Así que allá nos fuimos, las tres mosqueteras, caminito de Barna, para intentar vencer al oni-legendario del mal karma de Eri-cha, que creo que estuvo esperando hasta que volvimos a pisar tierra en Coruña para ver si le atacaba una vez más. Pero no, todo fue realmente perfecto. Nos quedábamos en el Jordi’s Palace (o comunmente conocida como “casa de Jordi”, jeje), que soportó con paciencia infinita nuestra revolución en el remanso de paz que es su casa. Así que lo primero que hicimos fue dar un bonito paseo por Las Ramblas barcelonesas, que, como siempre guardan sorpresas en forma de estatuas humanas. Este año hay cosas realmente espectaculares como estas:





La verdad es que había muchísimos más, pero los dos tipos vestidos a lo Lordi, nos dejaron pasmadas. Al mediodía, justo antes de que fuésemos a hacer cola para el concierto, Jordi nos llevó a comer a un libanés chulísimo, sobre todo para una vegetariana como yo, porque tiene una variedad de comida con sólo verduras enorme y además riquísima. Esta fue nuestra primera parada culinaria del viaje, que se convertiría no sólo en un viaje de placer para ver si Gackt era realmente un ser de carne y hueso (o si tan sólo es una imagen de ordenador), sino también en un auténtico viaje a través de la cocina de diferentes países sobre todo orientales. Así que aquí os dejo mi primera recomendación, el restaurante al que fuimos se llama Al-Jaima, abajo, foto y tarjeta por si os animáis. Como comentario, parte de las anécdotas de este viaje, mientras estábamos comiendo, empezamos a oír ruído en la cocina y al cabo de un rato, sonido como de puñetazos…. se habían zurrado de lo lindo!!! Vimos a uno salir con la cara como un cromo
Pero el servicio y la comida, valieron la pena.



Lo siguiente y más importante, era ir al concierto. Así que cogimos el metro hasta L´Hospitalet y allá nos fuimos a hacer cola. Nos íbamos encontrando gente por el camino con ropa de lolita y algunos muy maqueados, demasiado para el calor que hacía diría yo, porque con lo que caía el sol a plomo, era difícil mantener la compostura con una capa de maquillaje blanco en la cara como llevaban algunos. Pero todo fuera por llevar el mejor look ante el único y ya mítico Gackt. Al llegar, ya nos pusimos a la cola, eran ya las 4 y pico de la tarde y ya había mucha gente esperando, nos comentaron que incluso había una chica que había llegado ¡el viernes! y había hecho cola desde entonces. La verdad no sé si sería rumor o cierto, pero vamos, estar esperando cuatro días me parece demasiado tiempo….Los chicos que aparecen sentados en la tercera foto venían desde Finlandia, hicimos buenas migas con la chica porque era muy simpática y luego, durante el concierto, la vimos moviendo su banderita como loca para que se viera bien el largo viaje que había hecho sólo para estar con su ídolo





Como véis, en la foto, etaba intentando hacer como siempre mi crónica en viñetas, pero al no estar mi dibujante oficial, que es mi hermanita, no ha salido muy allá así que me he limitado a recoger algunas pequeñas cosas. Eso sí, casi nos da algo cuando de repente nos tenemos que levantar porque la cola se mueve y viene una chica y me toca en el hombro, me doy la vuelta y me dice: “se te ha caído esto” con la entrada del concierto en la mano…. O_o Durante un instante pensé ver las puertas del infierno, menos mal que la chica era legal y me la dió porque podía haberme quedado en la puerta y sin verlo…

En cuanto al concierto, fue todo lo que esperaba y muchísimo más, esta es una grabación que hizo un fan, seguida de una mía de apenas 10 segundos. La primera es mucho más larga, pero estaba prohibidísimo grabar y sacar fotos dentro así que no quise arriesgarme a perderme un concierto como este por sacar la cámara, pero tampoco podía irme de allí sin un testimonio de lo cerquísima que habíamos estado de él (la cámara no estaba con zoom) para enseñarle a mi hermana que estaba pasando el mal trago de tener el examen de oposición justo el mismo día del concierto y que se había quedado sin poder ir. De hecho, casi nos vamos para fuera, porque un gorila sin vergüenza ni modales sacó a empujones a Eri de entre nosotras porque estaba mirando el móvil. Después de comprobar, ante la jefa de seguridad que no había grabaciones en el móvil, tuvo que aguantarse la bronca de Eri y volver a dejarla en el mismo sitio. Pero os juro que por un instante pensé que nos perdíamos el concierto.
Fue alucinante, Gackt no decepcionó ni siquiera un poco y cuando se arrancó a cantar Lu:na, sacando la corbata y la camisa y lanzándosela al público, pensé que allí se hundía la sala entre gritos y saltos. Nos hizo saltar, gritar, llamarlo por su nombre… excepcional. La única pena es que no cantase demasiadas canciones antiguas porque así podríamos disfrutar de un Gackt en todo su explendor. Nos dijo que ya formábamos parte de su familia (una pose del concierto, claro está, pero se agradece, jeje) y que volvería a España a cantarnos Vanilla en breve. Constate que no necesita Photoshop porque ya lo trae de serie y que es muchísimo más guapo en persona que en las fotos, así como que tiene una voz y un directo envidiables. Sólo espero que cumpla su promesa y que yo pueda volver a verlo.
Como no pudimos hacernos fotos durante el concierto, nos la hicimos con uno de los del staff de Gackt que tenía unas pintas de samurai que no podía con ellas. En serio, ha sido uno de los conciertos más divertidos de mi vida y creo que en parte es gracias a la gente con la que he ido, creo que cuando llegué a casa ayer, aún me dolía la mandíbula de lo mucho que me reí durante los dos días anteriores.

Esa noche, para no romper el hábito culinario, fuimos a cenar a un japonés, pero uno de verdad, no uno de esos chinos en los que te sirven pelotas de arroz con cosas encima y te dicen que es sushi. Esta es otra de mis recomendaciones si váis alguna vez por Barcelona, el restaurante Mikasa, en el que podréis probar casi cualquier cosa de cocina japonesa casi, casi, como si estuviéseis en un barrio de Tokio. Mi recomendación son los fideos Udon, pero podéis probar casi cualquier cosa que seguramente os gustará. Además te traen los palillos dentro de unas grullas de origami que son preciosas!


Al llegar a casa de Jordi y darnos una ducha de agua fría, porque las chicas del norte no estamos acostumbradas al calor de verano de Barcelona (y creo que a ninguno), las niñas tocaron la cama y se quedaron dormidas, yo tardé bastante, de hecho, no soy consciente de haber dormido, entre lectura de la II Guerra Mundial y la emoción del concierto, no conseguí pegar ojo. Pero al día siguiente, ya las levanté con la noticia de que algunas entradas de París (o Londres, ahora ya no me acuerdo) había subido, en la reventa hasta los astronómicos 470 €. ¡Una locura! Y luego Patri prometió llevarnos a desayunar a una pastelería japonesa, una nueva recomendación porque los mochis son deliciosos!!!!
Además tiene todos los ingredientes de una buena pastelería nipona, el servicio es bueno y el cuidado con el que te presentan todos los postres es exquisito. Además de los mochis os recomiendo las magdalenas de té verde y, por supuesto, el té verde en sí mismo, que os ayudará a digerir el atracón que os vais a dar con todas las delicatessen que sirven.


Durante la mañana visitamos el Park Güell, que sigue igual de bonito que siempre, aunque en esta ocasión había muchísima gente y el calor no ayudaba a disfrutarlo demasiado. La nota curiosa fueron unos niños de un campamento que nos cogieron por banda y nos hicieron estar dibujando un buen rato. Parece ser que estaban haciendo algún tipo de competición y tenían que intentar conseguir la mayor cantidad de dibujos posibles, así que estuvimos haciendo monigotes un buen rato.








Adoro a Gaudí, cuanto más veo sus obras más me gustan. Así que seguimos la ruta para ver cómo había avanzado la Sagrada Familia desde la última vez que había ido a verla. Y esta fue una de las perlas del viaje. Mientras estábamos sacando algunas fotos, conocimos a tres venerables ancianas japonesas a las que sacamos una foto con la catedral de fondo y con las que pudimos practicar un poco nuestro básico y rudimentario japonés. Las mujeres se emocionaron tanto de encontrar alguien que mínimamente hablase su idioma que se quedaron un ratito con nosotras, insistiendo en que la próxima vez que visitásemos tierras niponas teníamos que pasar algo de tiempo en Kyushu (九州, Kyūshū) , de donde venían ellas. Cuando nos despedimos, nos regalaron unos amuletos hechos con tela de kimono para la buena suerte. ¡Qué buen rato pasamos gracias a ellas!


Y por fin, llegó la hora de comer y, como buenas seguidoras de doramas coreanos, decidimos irnos a uno, para ver si el mítico picante de la comida coreana podía con nosotras o no. El día anterior habíamos entrado preguntando el horario y el hombre que nos atendió nos pareció tan simpático que habíamos decidido repetir. Nos había recomendado el kimchi porque “deja a las chicas con fuerza y más guapas”.
Yo no soporto el picante, pero todo fuera por probar esa comida que tantas veces había visto hacer en las películas orientales que me trago todos los fines de semana. La primera foto que veréis de comida es la del kimchi, que sí, pica como si viniese directamente del infierno del picante (se hace con polvo de guindilla macerada) y lo segundo es el picante que el camarero le echó a mi arroz.



Cuando pedí mi arroz, la metre me dijo que podía pedir el picante aparte, lo cual agradecí porque no soy capaz de comer comida con picante. Pero cuando me lo trajo el camarero, la conversación fue la siguiente:
- ¿Cuánto picante?
- No, no, sin picante por favor.
- ¿Cómo sin picante? – la cara del camarero fue como si a un niño de 3 años le dices que no existen los reyes magos.
- Sí, sin picante.
- No, sin picante no puede. – como diciendo que era TOTALMENTE indivisible el picante y el plato.
- Bueno, un poq….
(Ni tiempo me dió que el camarero ya le había echado una cucharada y lo estaba revolviendo como si le fuera la vida en ello).
Así que, por eso, luego, mientras me disponía a probar lo que yo pensaba que vendría de la boca de Satanás, me grabaron haciendo el tonto ^_^
Finalmente, aunque picaba un poco, de verdad que estaba delicioso, así que animaros a probarlo
Luego Patri pidió el kimchi para llevar, pero esa, esa ya es otra historia….

Categoría: Freak's World,Japón,Viajes
Escrito por Sonia Seijas el Viernes, 9 de julio , 2010 a las 23:53
La verdad es que a partir de ahora, cuando alguien me diga que Teruel no existe, tendré que corregirle y decirle “no, lo que no existe es Plasencia“. Y que conste que lo digo con todo el cariño del mundo porque es una ciudad que tiene alguna cosa preciosa y en la que he conocido a gente estupenda, aunque la mayoría fuesen de otras ciudades como yo. El periplo ya empezó cuando intenté buscar el viaje para estar en la propia Plasencia el lunes por la mañana, todos los itinerarios un poco más rápidos (y fijaros que digo “un poco”) pasaban por Madrid, lo que implicaba un descuadre de horarios que o bien en el aeropuerto o bien en la estación de tren varias horas o incluso la noche del domingo y como no quería tener que conducir yo sola todo el camino, al final decidí el autobús. Y así empezaron mis 11 horas en un bus camino de Plasencia y rodeando todas las Rías Baixas y la frontera entre Galicia y Portugal. La verdad es que el viaje se me hizo eterno, sobre todo porque el bus, aunque grande, era un bus normal y corriente, nada que ver con esa maravillosa clase supra que hace el trayecto a Asturias de Alsa y que pertenece al mismo grupo que la compañía Dainco, que es la que hace el trayecto por la Ruta de la Plata. De todas maneras lo peor no es la longitud del trayecto, que sí es tedioso, sino el llegar a una ciudad a las 2 de la mañana y que te digan que no hay ni un taxi de guardia, eso sí que da miedo. El hombre del hotel, que estaba por cierto en las afueras, sino ya podría haber ido andando, se apiadó de mí y me dijo que iba a intentar localizar a la policía local para ver si podrían facilitarme un transporte ellos, pero al cabo de un rato me llamó diciéndome que le habían contestado que sólo estaban para emergencias y enfermos… “¿Y esto que es más que una emergencia?-pensé yo” Ya me veía durmiendo en un banco de una prácticamente desierta estación en una ciudad totalmente desconocida cuando el bueno del recepcionista del hotel me volvió a llamar para decirme que había conseguido un taxista de confianza para venir a buscarme, así que ya respiré tranquila. Seguramente habrá muchos hoteles en esta ciudad, pero si os tenéis que guiar por el trato del personal, el Ciudad de Plasencia seguro que no os decepcionará, no es un hotel de lujo, porque es un tres estrellas, pero es suficiente como para poder disfutar de la ciudad. La única pega es que está en las afueras de la ciudad misma, en un polígono (como nota curiosa os diré que tenía enfrente el psiquiátrico, jeje), pero llega el bus urbano cada 20-30 minutos y os deja en casi cualquier punto de la ciudad. Pensad, eso sí, que los taxis sólo funcionan hasta las 12 o 1 de la mañana, la verdad es que no es una ciencia exacta, porque un día ya no encuentras ninguno a las 12 y otros a la 1 o así puedes tener. Lo mejor es que paseis por la Plaza Mayor que es donde tienen la parada y así te aseguras de tener uno siempre. Ya os digo, como el transporte para esta ciudad es más eficaz si pasas por Madrid, pensad también en la dificultad del transporte nocturno si decidís desplazaros a altas horas.

Lo que más impresiona al llegar a la ciudad son las preciosas murallas que la rodean, legado, me imagino yo, de la época en la que era una frontera bélica entre los cristianos y los musulmanes alla por el siglo XII. De hecho, fue fundada por Alfonso VIII y pronto se convirtió en una especie de centro de la nobleza de esta parte de la península, e incluso de comercio, de religión… No sé, en algún momento esta ciudad tuvo mucha, muchísima vida y queda mucho de esa vida en la parte vieja de la ciudad. Y, en parte para recordar ese momento hay una estatua del rey que hizo posible esta maravilla.

En realidad, no pude hacer demasiado turismo los dos primeros días, el curso al que fui fue tan interesante que me metí de lleno en las actividades y no presté demasiada atención a la ciudad. Hacía muchísimo tiempo que no me encontraba profesionales de la talla de los que encontré en este curso sobre accesibilidad y nuevas tecnologías en la universidad. La mayoría de las veces, vas, oyes la charla de alguien que parece totalmente ajeno a lo que te cuenta y te aburres muchísimo porque te das cuenta de que después tendrás que intentar buscar algo de sentido a toda la teoría. Pero esta vez no, esta vez ellos tenían todas las respuestas y eso es mucho más de lo que esperaba. Así que, dejé el turismo para los últimos días.
Lo primero que visité fue la catedral, bueno, “las catedrales“, porque hay una vieja y otra nueva, pero me centré en la nueva, del siglo XVI, porque el estilo renacentista me gustaba muchísimo. La parte exterior tiene una fachada realmente impresionante, con estilo plateresco que te deja un buen rato mirando intentando ver todo y cada uno de los detalles.



En el interior puede verse un precioso retablo y un órgano de iglesia impresionante, bajo unas altísimas bóvedas de crucería que embellecen tanto este tipo de catedrales y que dan esa impresión de magnificencia y de grandiosidad a su interior. El retablo, según leí en algún sitio es del sigo XVII y tiene, además de algunos cuadros de artistas importantes de la época, la imagen de madera de la Vigen del Sagrario que es tan popular por aquí y que es anterior a la construcción de la catedral en sí misma. Sin embargo, a mí, lo que me dejó totalmente embobada fue la sillería del coro en madera que hay justo en frente de ese retablo, con dos entradas laterales y un acabado con tal grado de detalle que tuve que mirarlo durante un buen rato para intentar ver sólo una décima parte de lo que realmente había. Como no había mucha luz, no traigo fotos de esta maravilla pero si pasáis por allí, no falteis a esta cita porque os arrepentiréis. Tened cuidado porque la catedral sólo abre un cierto número de horas y, por ejemplo, por la tarde sólo abre de 5 a 7 y son muy puntuales al cerrar.


Una de las cosas que llama mucho la atención de la ciudad es la cantidad de cigüeñas que hay por todas partes, sobre todo en la zona de las catedrales con esos nidos enormes que les gusta situar en las alturas.


Otra zona para visitar es la Plaza Mayor, donde está el ayuntamiento y la cárcel antigua que tiene en su fachada un escudo del rey Felipe IV.


Una cosa que llama mucho la atención del Ayuntamiento es la figura que está en el campanario, al que llaman el “abuelo Mayorga” y que en teoría da las horas golpeando la campana, aunque nadie ha sabido contarme exactamente la historia de por qué está ahí o de dónde viene, así que buceando, para los que tengan curiosidad he encontrado esto.

Para vistar también está Torre Lucía, el Acueducto, la Casa Dean, pero desde Torre Lucía lo único realmente interesante es tener una vista aérea de la ciudad y sus murallas, el acueducto estaba medio en obras y la Casa Dean en realidad tampoco era muy diferente de algunas otras casas de la zona. Lo que sí encontré fue un café-pub precioso con tres plantas y que realmente valdría la pena visitar un día de noche, si encuentro o recuerdo el nombre ya os lo pondré (…. lo recorde!!! “La Facultad”, se llama así, lo tenía en la puntita de la lengua porque sabía que era algo universiario o así
). Porque para comer sí os recuerdo un Restaurante llamado La Catedral, que sin ser especialmente barato, merece la pena por probar gastronomía de la zona y otro llamado Succo que, además de tener una comida de diseño bastante buena, tenía una accesibilidad estupenda para cualquier persona, un detalle importantísimo y al que en demasiadas ocasiones le concedemos muy poca importancia. Para mí, que una de las razones por las que me desplacé a Plasencia fue precisamente por un curso sobre accesibilidad para todas las personas, me maravilló ver cómo una persona se ha preocupado tanto de abrir un negocio realmente accesible y no sólo de cara a la galería con una pequeña rampita como hacen muchos de ellos.


A última hora de la tarde, decidí ver algo de “verde” y crucé al otro lado de la parte antigua de la ciudad, a una especie de parque que llaman “La isla” y que crece a orillas del río Jerte y que, por lo que pude comprobar, los lugareños usan como playa para luchar contra el calor sofocante que pude sufrir estos días. Es una zona muy bonita que contrasta claramente con la sensación de piedra del otro extremo de la ciudad.



Y, bueno, convenía relajarse antes de las 11 horas de vuelta en bus a Coruña así que mi última recomendación es que si tenéis que ir o bien llevéis el coche o bien hagáis noche en Madrid.
Categoría: Viajes
Escrito por Sonia Seijas el Martes, 13 de abril , 2010 a las 11:09
Con el concierto de Marlango, me olvidé de contaros un poquillo más de Cantabria. Otro de los sitios que me gustó mucho fue el pueblo donde teníamos la hospedería, Santillana del Mar, en alguna parte leí (u oí) que había sido elegido el pueblo más bonito deEspaña y la verdad es que no me extraña. Tiene un encanto con sabor a antiguo, como si estuvieses paseando por calles del siglo pasado o del anterior. Si os levantáis tempranito por la mañana, un día que no haya demasiados turistas, tendréis una sensación estupenda y además, podréis disfrutar del pueblo mucho mejor. Como es uno de los puntos más visitados de la región, los días festivos y fines de semana hay muchísima gente y, en realidad, el pueblo es pequeño así que parece como un centro comercial en época de rebajas. Buscad un día en el que no ocurra eso y os enamoraréis de sus calles, seguro.
Uno de los puntos centrales de la villa es la Colegiata de Santa Juliana, un precioso edificio del siglo XII que antes había sido un monasterio y que luego se reformó y se convirtió en el edificio que podemos ver actualmente. Cuenta la historia, que en su interior reposan los restos de la mártir Juliana, que fueron traídos por peregrinos desde Turquía para construirle una cripta en España. Lo cierto es que el edificio es realmente bonito y tiene un claustro interior precioso, donde con la luz de la mañana se pueden ver los detalles de los capiteles que adornan sus columnas. Un espectáculo magnífico y, como os dije antes, si tenéis suerte y no hay mucha gente, el aire recorriendo las columnas y el sol de la mañana os dejarán una sensación de paz interior que agradeceréis sin duda.

Más cosas que encontraréis mucho en Santillana son tiendas de comestibles. Sabido es que Cantabria es tierra de anchoas y de sobaos, así que en casi todas las tiendas hay carteles enormes que anuncian estos productos. La verdad es que (esto de oídas, porque como sabéis soy vegetariana) dicen que probar las anchoas aquí es algo exquisito y que no puede dejar de hacerse. Yo puedo atestiguar que lo que disfruté enormemente fueron los quesos, casi para todos los gustos, desde el más fuerte de cabra hasta el suave queso de nata o ahumado. Ya me gusta el queso de por sí, pero este pueblo resultó un paraíso para mi paladar en este punto. Por supuesto, además podréis encontrar cosas graciosas para regalar, como los licores de la casa “Hijoputa” (la primera vez que lo leí tuve que hacerlo dos veces, no creí que nadie le pudiese llamar así a una marca…, o cajas de dulces como “Los cojones del anticristo” o los “Orgasmos“.


Pero indiscutiblemente, lo mejor que se puede hacer en Santillana, es pasear, disfrutar y descansar muchísimo. Yo no me dí cuenta de lo que lo necesitaba hasta que llegué allí y me dí cuenta de que estaba agotada y que hasta el aire parecía cantarme nanas para dormir. Nosotros nos alojamos en la Hospedería Santillana, que está en la parte alta del pueblo. Para entrar, está un poco complicado porque hay que seguir un caminito que está pegado a la zona del camping y puedes pasártelo de largo si no estás atento, pero la hospedería es muy bonita por dentro y la gente que trabaja allí es maravillosa, te ayudan en todo lo que pueden. El desayuno es muy bueno, siempre te ponen los sobaos gigantes típicos de la zona y muchas cosas, así que te levantas con mucha energía. La única pega que le veo es que los suelos de madera hacen mucho ruído y si lo que queréis es dormir hasta tarde (en mi caso eso no era un problema) es posible que no os dejen hacerlo los demás huéspedes subiendo y bajando de sus habitaciones. Además, como en el pueblo todo cierra relativamente temprano, hay en la parte baja de la hospedería una especie de mini-pub, llamado “White Chapel“, con una decoración muy chula y una música bastante aceptable, para pasar un buen rato antes de recogerse. Es un buen sitio para conocer gente que esté pasando allí unos días y echarse unas risas.



Algo que quería ver ya antes de que llegásemos era el Museo de la Inquisición o Museo de la Tortura (podéis encontrar más información aqui). Es un museo muy pequeñito pero muy gráfico, de esos que condensan un montón de cosas en un pequeño espacio y que, si realmente te paras a verlo con calma, pone los pelos de punta a cualquiera. Ya en la entrada es curioso ver un artículo de periódico colgado en el que habla de cómo la iglesia dice que no tiene nada de por lo que dar cuentas a la historia, supongo que es una forma de hacer ver que ellos no entendían la Inquisición como una forma de tortura gratuíta y el museo demuestra todo lo contrario. En la entrada ya se pueden ver algunos de los instrumentos de tortura que se usaban y, quizás, de los más conocidos. Pero en el interior se pueden ver torturas más sutiles y mucho más aberrantes de las que la iglesia tal vez sí que tendría que dar cuentas, al fin y al cabo la Inquisición llevaba el apelativo de “santa” de sus manos y, a la vista de estos instrumentos, de santa tenía bien poco. Os recomiendo que si sois muy sensibles paséis de largo, casi sin mirar nada, pero si no lo sois, pararos a leer bien los carteles y las fotos, es una imagen bastante desagradable en algunos casos, pero que está bien que la gente conozca, sobre todo para que no se repitan los mismos errores nunca más.



En un tono más alegre están las Casas del Aguila y La Parra, donde hay exposiciones itinerantes de distintas temáticas. En mi caso me coincidió muy bien porque había una exposición de artistas llamada “El Cuerpo, la Carne y el Alma” que me gustó muchísimo y con la que descubrí a un par de fotógrafos que no conocía y que resultaton muy interesantes. De hecho, una de las fotos me dejó pensando muchísimo y sólo era una serie de tres fotos sobre un hielo, así que imaginaros. También está muy cerca el Museo de Altamira, que aunque no permite el acceso actualmente a la cueva original , tienen una reproducción en la que se pueden ver las pinturas casi como si fueran de verdad. Lo cierto es que me esperaba bastante más de este museo, me pareció bastante pequeño, al igual que la reproducción, pero me imagino que el trabajo que costó sólo el montarla debió de ser enorme, así que merece la pena el visitarlo. Ojalá alguna vez pudiera ver la de verdad, pero tal y como está el tema, me temo que será bastante difícil. Antes no se cuidaba tanto el patrimonio como ahora y el volumen de visitas que tuvo la cueva original propició que se acelerase el deterioro de las pinturas y, la verdad, prefiero quedarme sin verlo que algo así se pierda. Mucho menos conocido, pero que a mí me resultó muy curisos e un museo de relojes que hay en Santillana al que llaman el Salón del Tiempo. Tiene una exposición bastante buena de relojes de todos los tiempos, desde los de pared hasta un antiguo reloj egipcio que supongo que iría con agua o arena. A mí que me gustan tanto, me encantó poder ver relojes antiguos de los de bolsillo e incluso unos que daban un poco de escalofríos porque tenían cuadros pintados que movían los ojos a un lado y otro al compás del “tic-tac”… tétrico, la verdad.


Y, bueno, muchas más cosas que ver, eso desde luego. Así que sólo os queda visitarlo y descubrirlo por vosotros mismos
Categoría: Viajes
Escrito por Sonia Seijas el Domingo, 4 de abril , 2010 a las 21:02

He pasado algunos días visitando Cantabria. La verdad es que esta vez, elegí un destino más bien tranquilo porque me hacía mucha falta descansar y estar en un sitio sin ruídos ni demasiada gente. Al final decidimos que Santillana del Mar, en Cantabria era el sitio perfecto. Pero hoy no voy a hablaros de ella, voy a hablaros de Comillas, un pequeño pueblo costero que está a unos 15 minutos en coche de Santillana y que tiene algunas de las estatuas funerarias más bellas que he visto en un cementerio. De hecho, la villa es conocida en parte por este cementerio gótico y mucha gente se acerca para verlo. Lo cierto es que está un poco descuidado para mi gusto, algunas zonas parecen necesitar alguna reparación y es una lástima porque realmente está en una zona inmejorable, en una pequeña colina entre el puerto y la zona alta del pueblo. Cuando llegas con el coche pro la parte de atrás y lo ves, con la hierva por delante y el cielo azul al fonto, casi parece que te hace adentrarte en un mundo extraño y algo místico.


Luego, al entrar por el portón, se ve la majestuosa escultura del ángel guardián que, con sus alas extendidas y su espada en la mano, cuida que las almas del cementerio no sean molestadas en su reposo. El Ángel Exterminador es obra del escultor catalán Jose LLimona, como muchas de las obras que encontraréis en este pueblo, que provienen de manos de artistas catalanes, luego os contaré por qué. Es una preciosa imagen para contemplar durante un instante, fue reformado, de las ruinas del antiguo cementerio por Doménech y Montaner a finales del siglo XIX y el resultado fue esta preciosidad de cementerio, que para aquellos a los que les gusta la arquitectura funeraria como a mí, es de visita obligada.






Una de las razones por las que en este pueblito de Cantabria se encuentren tantos edificios y obras de artistas catalanes se puede explicar a través de otra de las maravillas que visitar en este pueblo, el Palacio de Sobrellano, de Joan Martorell. Esta obra fue encargada por el primer marques de Comillas, Antonio López, que era un enamorado del arte catalán neogótico de la época (cosa que no me extraña, es un estilo que me tiene también enamorada) ya que había vivido mucho tiempo en Barcelona y cuando decidió construir su “casita de verano” en Comillas, trajo toda una recua de escultores y arquitectos de allí para hacerlo a su gusto. La verdad es que la historia de este marqués es curiosa, ya que siendo de origen muy humilde, emigró a Cuba donde hizo fortuna y pudo costearse el fundar una compañía naval transatlántica con la que se enriqueció mucho más y de lo que prestó hombres y fondos a Alfonso XII para intentar sofocar las primeras revueltas cubanas. De ahí el título de marqués, es una manera con la que los reyes de muchas épocas han tratado de pagar los favores de los que les resultaban útiles
El caso es que la casa es espectacular por fuera, por dentro tan sólo se pueden visitar un par de salas, con apenas unos pocos muebles que dejó el último marqués antes de vender el edificio al Ayuntamiento de Comillas, aún así, ver las tallas en madera de las salas ya es realmente increíble. Una de ellas, tiene unos dragones de madera diseñados por Gaudí que son preciosos.


Además de este Palacio, hay una serie de monumentos que podéis visitar, como el monumento al marqués de Comillas, que corona un parque desde el que se tiene una vista del puerto del pueblo muy bonita, sobre todo en un día despejado. También se puede ver la fuente de los tres caños o el Capricho de Gaudí, que nosotros no pudimos visitar porque estaba cerrado. En todos los panfletos de turismo se ofrecen dos rutas, una modernista, con todos estos edificos neogóticos y otra monumental, con edificios más antiguos. Es una buena forma de pasar un día paseando y recreándose con un paisaje mezclado con un poco de arquitectura modernista
.

A la hora de comer, os recomiendo que bajéis al puerto, a alguna de la tasca o bares que podréis encontrar por allí, nosotros comimos en la plaza que hay junto a la Iglesia de San Cristobal y fue un gran error. El restaurante donde comimos, una lástima no recordar el nombre para no recomendárselo a nadie, era malísimo. En el precio del menú no estaba incluído ni el pan (pero eso no te lo avisaban) y a mí que soy vegetariana ni siquiera me dieron la oportunidad de escoger dos primeros en lugar del primero y el segundo, como en el resto de los sitios a los que fuimos, así que tuve que pedir fuera de él. Cosa que tampoco era tanta pena, porque la comida era realmente escasa y bastante cutre. Así que, luego, cuando bajamos a la zona de la playa, nos arrepentimos de no haber bajado a comer allí, nos cobraron por una caña 1,60€ enfrente de la playa con unas preciosas vistas, mientras que en el otro sitio habían sido 3,10€, con eso digo todo.Así que comed abajo, en esa preciosa playa de aguas frías del Cantábrico en la que en una buena época, un buen baño debe ser un poco del paraíso en tierra. No me extraña que el rey Alfonso XII hubiese querido veranear aquí. Mañana os hablaré de Santillana del Mar, que también es precioso.


Categoría: Viajes
Escrito por Sonia Seijas el Lunes, 29 de marzo , 2010 a las 19:33
Bueno, hasta hoy no me he visto con fuerza para contaros esto, la verdad es que todo lo bueno se esfumó en un instante y no me quedaron fuerzas para explicaros el viaje a Madrid del fin de semana pasado. Nos fumos a pasar el puente allá para asistir al Star Wars in Concert, un evento en el que The Royal Philharmonic Concert Orchestra toca en directo canciones de la banda sonora de la saga mientras en una pantalla gigante van contando la historia con imágenes de la película. Así que compramos las entradas y nos fuimos a Madrid, para de paso volver a reencontrarnos con alguna gente del primer viaje a Japón que vive allí.
Hablando de eso, hicimos un descubrimiento muy interesante, si os acercáis por la capital y queréis comer un poco de buen sushi, muy cerca del famoso edificio donde Santiago Segura quería volar desde el anuncio de Schweepes en El día de la Bestia, hay un pequeño bar de sushi llamado Pink Sushiman (Pinku Sushiman, en japonés). El mecanismo es similar al de los sushi bar japoneses, los platos giran en torno a la barra y a las mesas y tú puedes elegir el que prefieras, lo pagarás según el color del plato en el que esté servido. Lo bueno es que puedes observar a los cocineros mientras hacen todas las variedades de sushi, sashimi, maki y demás y, como colofón, puedes pedirte un buen ramen, que aunque es más pequeño que el que podrías tomar en el país nipón, en sabor es bastante similar. No hacen reservas, así que intentad estar temprano porque se llena en seguida. Y si no podéis, justo al lado hay también un restaurante muy bueno y no demasiado caro que tiene cocina como la de los chefs a precios muy asequibles.


Y visitad el baño, encontraréis algo de lo que hemos hablado por aquí muchas veces, ¿os suena algo?

Y de descubrimiento culinario en descubrimiento culinario, también encontramos un estupéndo árabe, para quien le guste este tipo de comida, cerca de Atocha, en la calle Huertas. Aunque no os guste para comer, podéis ir a tomar el té o incluso alguna de sus cachimbas. Pedid un té moro y no os arrepentiréis.


Y, por supuesto, esa noche, nos reunimos con parte del maravilloso grupo que conocimos la primera vez que fuimos a Japón, que además de llevarnos a comer un riquísimo okonomiyaki (お好み焼き), nos llevaron al bar de otro de nuestros compañeros de desventuras niponas, el Gris Bar, en la Calle San Marcos, en pleno barrio de Chueca y de movida gay y en el que disfrutamos como enanos de una buena música y un ambiente realmente acogedor. Otro sitio que os recomiendo de Madrid.
Y donde Antonio nos enseñó sus preciosos calzoncillos de Star Wars, que fuimos a comprar como relojes al día siguiente.


Al día siguiente, por la mañana, fuimos a dar un paseo por la ciudad, para ver si había algún museo abierto porque yo tenía muchas ganas de visitar el Arquelológico o alguna exposición de arte de impresionistas. Al final, buscando todo eso, encontramos un pequeño tesoro: la Biblioteca Nacional. Tienen un pequeño museo en un lateral, que apenas puede verse, pero como sabéis tengo debilidad por los libros así que un poco por casualidad, para ver qué tenían nos acercamos y, como había una exposición gratuíta, entramos. ¡Vaya sorpresa! Había una exposición de libros increíble, el Manifiesto Comunista de Marx, la Divina Comedia en una de sus primeras ediciones, partituras de Vivaldi…. casi tienen que arrancarme de allí cuando descubrí un libro de Da Vinci. O_o


Después nos acercamos al Arqueológico que, por cierto, me decepcionó un poco. A pesar de que tienen a la Dama de Elche, la exposición en realidad es pequeña y muy pobre para lo que cabría esperar en un museo de arqueología de la capital de un país. Las piezas están ordenadas cronológicamente por épocas, desde las edades antiguas hasta siglos más recientes y luego tiene una pequeña salita donde hay algunas piezas egipcias. Como digo, no sé si fue el hecho de que estaba todavía impresionada por la maravillosa exposición de la biblioteca, me pareció bastante decepcionante.



Y, por fin, por la tarde, fuimos al Star Wars in Concert, la verdadera razón por la que nos pegamos la panzada de viajar a 600 kilómetros de casa. Al entrar ya había gente disfrazada y me maldije a mí misma por no haberme hecho un traje de jedi para estar a la altura de las circunstancias, pero no se volverá a repetir, creedme.

Ya en el interior del recinto, pudimos sacar fotos a algunas piezas de la colección que trajeron para exponer, además de algunos “extras” vestidos para la ocasión, incluso un Darth Vader que debía medir por lo menos dos metros. Realmente fue impresionante, había muchísima gente y el ambiente era totalmente festivo. Muchos iban con niños que gritaban al paso de los trooper. ¡Fue genial!




Para que veáis una muestra de lo que pudimos disfrutar durante dos horas….
Y, de noche, quedamos para cenar con otro de nuestros amigos descubiertos en Japón. Gracias chicos porque el fin de semana, excepto el final, por lo obvio, fue realmente estupendo. Arigatô Gozaimasu!!!!

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Escrito por Sonia Seijas el Domingo, 13 de diciembre , 2009 a las 19:36
Bueno, en realidad esto ya fue hace tiempo, pero hasta ahora no he tenido tiempo de ponerme con las fotos, así que se ha retrasado un poco. Es la segunda parte del viaje a Portugal de hace un mes, más o menos. En realidad en Porto estuvimos muy poquito, así que me he quedado con ganas de más porque es una ciudad preciosa, sobre todo la parte de la ribera del río Douro, como lo llaman ellos.
El hotel que nos escogió Susana, una querida amiga portuguesa que veo casi de año en año, estaba muy cerquita del Monumento a los héroes de la Guerra Peninsular, en la Plaza de Mouzinho. Es un monumento dedicado a la guerra que unió a portugueses, españoles e ingleses contra los ejércitos de Napoleón y la victoria sobre ellos, que es precisamente lo que representa la figura de lo alto de la columna, un león que se alza sobre un águila abatida que representaría el ejécito napoleónico en su caída. En la base de la columna hay un complejo de esculturas que representan a los héroes que combatieron en esta guerra, tanto hombres como mujeres e incluso artillería. Mi amiga nos contó que además, para algunos portugueses la figura de la parte superior representaba la rivalidad de los dos equipos de Porto, el Porto y el Boavista, pero como no recuerdo cuál es cual de los dos animales, prefiero no meter la pata


Como llegamos de noche, apenas nos dió tiempo de ver un poco los alrededores del hotel, pero muy cerquita de la plaza que os comentaba antes, está la Casa de la Música, que según dicen, tiene la sala musical con la mejor acústica del mundo (valga la redundancia). La verdad es que sólo con ver la programación, ya me dieron ganas de mudarme allá, por no hablar del vegetariano que había justo al lado del hotel, para que luego digan que en Portugal no están preparados para todo, jeje.

Al día siguiente, después de una buena cena de vegetariano, nos fuimos a ver un poquito de Porto, lo que nos daría tiempo, porque a media tarde ya teníamos que coger ruta para Coruña otra vez. Así que lo primero que quise visitar fue un cementerio que había cerquita del hotel, el Cementerio de Agramonte, que según rezaba en la información que tenía, fue construído alrededor de 1855 debido a una gran epidemia de cólera en la ciudad. Hay que pensar que durante muchísimo tiempo, en Portugal los entierros se solían hacer dentro de las iglesias; sin embargo, con el aumento de población y algunas causas como la epidemia de cólera de la que os hablaba, a partir del siglo XIX empezaron a enterrarse en cementerios públicos que se construyeron para tales fines. Parece ser que también hay alguno privado, en concreto uno inglés muy bonito, pero no sé si se permite la entrada y no teníamos tiempo para tanto, así que me conformé con este y aunque no sé cómo de bonito sería el otro, este es precioso, os lo aseguro.




Otra de las zonas preciosas de Porto es la zona donde se encuentra la famosa Torre dos Clérigos, con su iglesia y desde donde se pueden tener unas vistas preciosas de la ciudad, desde sus 75 metros de altura… claro, subiendo a pie. Como podéis ver en la foto, es una preciosa torre de estilo barroco, que además es el campanario más alto de Portugal, lo que lo hace única por un motivo más. Tiene un aparcamiento público justo al lado, donde podéis dejar el coche y visitar a pie la zona, que es la más vistosa de la ciudad y desde donde se puede ir andando hasta incluso la zona del río y los puentes. Pensad que en esa zona es mucho más complicado aparcar y así podéis ir callejeando un poco, igual que nosotras.


Cerquita de la torre, Susana dijo que me tenía una sorpresa y que me iba a llevar a un sitio que creía que me iba a gustar mucho. ¡Y vaya si lo hizo! Me llevó a una librería llamada Libreria de Lello e Irmao, una preciosidad que sólo podría haber salido del sueño de alguna pluma mágica o algo así. Realmente, si pudiera, me compraría una cama plegable y me iría a vivir allí. Tan sólo con traspasar la puerta ya contuve la respiración al ver todos aquellos libros, aquella madera tan preciosamente labrada para dar esa sensación de antigüedad, de ensueño y de una librería única en el mundo. La escalera central te invita a subir como si te diera paso a un mundo distinto donde lo importante fueran las palabras y las historias entrecruzadas para hacernos entrar en tantos mundos al año, como libros nos atrevemos a abrir. Es un lugar precioso y que os invito a visitar si entráis en la ciudad, aunque llevad dinero, el día que estuvimos nosotras no permitían pagos con tarjeta.



Una de las cosas que más me llamó la atención de la ciudad es la cantidad de edificios de diferentes arquitecturas, tanto, que te apetece estar con la cámara en la mano todo el tiempo, sacando fotos a todo lo que se ve. Desde luego, si el día acompaña, podéis disfrutar de un paseo precioso por una ciudad que todavía guarda muchos vestigios de todas las construcciones que hicieron de ella la ciudad que es hoy en día.



Bajando hacia el río, se pasa por delante de la Estación que, como muchos otros edificios en Porto, es antiguo y muy bonito. Aunque incluso en los edificios antiguos, también está presente la “singularidad” del ser humano también embellece con un poco de originalidad alguno de ellos.


Y por fin llegamos a la zona del río, donde había muchísima gente coincidió con las acrobacias aéreas y estaba realmente abarrotado. Aún así, la zona del río, con sus puentes y las casitas todas alineadas es muy bonito. Hay un montón de pequeñas tascas en las que se puede parar a probar un poco del famoso vino oporto, aunque para mí sea algo prohibido, sólo una vez mojé los labios para probarlo y es tan fuerte que juré no volver a hacerlo. Aún así es una zona muy pintoresca, recuerdo que la vez anterior que estuve en la ciudad, estuvimos al anochecer en esta zona y era realmente bonito.




Así que, bueno, es una buena forma de enviar una propuesta para un fin de semana, al fin y al cabo está ahí al lado.
Categoría: Viajes
Escrito por Sonia Seijas el Martes, 1 de diciembre , 2009 a las 15:16
El otro día, en el cumpleaños de una amiga, estuvimos viendo fotos de su reciente viaje a tierras niponas y recordé que no había terminado todavía mi crónica del viaje y mi autopromesa de que esta vez la haría al completo (aunque fuese tarde) y no como en el viaje del 2007 que la dejé a medias. Así que he decidido ir terminando la crónica sea como sea, porque sólo quedan un par de días y no quiero faltar a mi palabra.
El decimotercer día de viaje era uno de los más esperados, porque íbamos a desplazarnos a Miyajima (宮島), una ciudad de la isla de Itsukushima (厳島), muy cerquita de Hiroshima y a la que yo no había tenido oportunidad de ir en el otro viaje. Me hacía mucha ilusión visitar esta isla, porque es donde se encuentra el torii en medio del mar que siempre sale en un montón de fotos y que, os puedo asegurar, visto en directo impresiona muchísimo más.
Antes de subirnos en el shinkasen camino a Miyajima, decidimos visitar el mercado de Kyoto. Ya sabéis que me encantan los mercados, coon todos esos colores y olores, pero los japoneses me gustan especialmente, porque hay tanta variedad de alimentos distintos y todos rodeados de muchísimas especias y tan bien presentados y con cartelitos dibujados . Me cansé de sacar fotos y olisquearlo todo como si fuese un perro policía. Dentro de la dieta japonesa, abundan los vegetales y los encurtidos, así que imaginaros lo bien que se lo pasó una vegetariana como yo en el medio de todo ese derroche culinario.



Pero, al final, aún así, optamos por la deliciosa comida para llevar que se sirve en los seven eleven de todo Japón. La verdad es que hay muchísima variedad y lo más típico es llevarse un Bentō (弁当), me decidí por un sandwich, un Onigiri (お握り) y algo de postre, porque la verdad es que estas bolas de arroz, bueno, en este caso más bien triángulo de arroz, me traen loca.

Como podréis imaginaros, como Miyajima es una isla, no se puede llegar en shinkasen hasta ella, sino que llegas a un punto en el que tienes que subirte en un barco. Sin embargo, si teneis un precioso pase de JRPass como el que sacamos nosotros, no te supondrá un problema, porque se va en shinkasen hasta Hiroshima y desde allí hay una línea de metro superficial (de Japan Rail también) que en 8 paradas de deja en Miyajima-guchi donde te bajas y sólo tienes que subirte al ferry hay 5 minutos a pie en linea recta y además las líneas JR también operan allí así que sólo tienes que buscar un ferry que ponga JR en gigante y subirte en él. La verdad es que a estas alturas del viaje ya estábamos todos un poco cansados y creo que fue una buena elección el hacer noche en esta isla, porque te transmite una paz y un reposo que no he encontrado en ningún otro sitio de Japón.




La verdad, es que no os recomiendo meteros dentro del ferry, a no ser que haga mucho frío. Lo impresionante es ver la isla y cómo os se va uno aproximando al puerto. A lo lejos el torii se va haciendo cada vez más grande y si viajais en primavera como nosotros, podréis ver manchones de cerezos en flor alrededor de todos los templos. Sentí una paz inmensa conmigo misma mientras nos acercábamos, con el viento congelado en la cara y pequeñas gotas del mar nipón salpicándome. Creo que fue uno de los momentos más espirituales del viaje. Ahora, con la vorágine que tengo de trabajo y que no me da tiempo apenas ni de pensar en lo que hago, hecho de menos un poco de esa paz que respiré esos apenas 10 minutos que dura el trayecto. Esa sensación me la traje conmigo y la guardo para momentos de mucho estrés, para los que no tengo ni siquiera tiempo de ir a plantar mi cara al gélido embite del aire marino cuando bate en las rocas. Justo para esos.

En fin, después del momento metafísico, sigamos. Una cosa que llama mucho la atención a los viajeros, es la enorme población de ciervos que hay en la isla y lo acostumbrados que están al ser humano. De hecho, no os aconsejo que dejéis nada de papel al alcance de su boca, porque lo devorarán antes de que seais capaces de reaccionar. Si se os ocurre darles algo de comer, os pasará lo mismo que os conté sobre las cabras de la Ruta del Cares, os perseguirán hasta que les deis algo más y los más osados, incluso se atreverán a daros unos toquecitos con su cabeza.



Nuestro hotel estaba en el lado opuesto al torii de la isla. Para que os hagáis una idea y no os perdáis si llegais algún día, os dejo un simpático mapa en castellano, donde salen hasta los ciervos de los que os hablaba antes, además de todos los templos que puedes visitar.

Como os decía, nuestro hotel estaba hacia el oeste, subiendo una preciosa cuesta de cerezos y justo frente al mar. Tardamos un buen rato caminando en darnos cuenta de que tenían un servicio de recogida justo donde nos dejó el ferry, pero realmente mereció la pena el trayecto porque el paseo era precioso.


Casi todos los hoteles de Miyajima son muy tradicionales, de hecho, os encontraréis con el problema de que todos ellos van con cena incluída y por lo tanto el alojamiento os saldrá un poco más caro. En la isla no hay demasiados sitios donde cenar, sí donde “picar” algo, pero para cenar está muy complicado porque todos los restaurantes cierran muy pronto. Incluso nuestro hotel, cerraba las puertas a las 10 y hasta por la mañana ya no podías volver a entrar. Lo bautizamos como el hotel de los Johnny’s, porque todos los chicos que trabajaban allí eran muy jóvenes y tenían aspecto de cantantes de pop. Algún día os explicaré qué es eso de los Johnny’s, pero lo cierto es que te choca al entrar en un hotel que vengan a quitarte los zapatos y te pongan las zapatillas en los pies. Lo difícil es volver a encontrarlos al día siguiente, jeje



La verdad es que las vistas desde la habitación del hotel fueron un sueño hecho realidad.


Luego, bajamos a visitar la zona del paseo que va desde el embarcadero hasta el primer templo. La verdad es que a esas horas, primeras de la tarde, había muchísima gente, que se fue retirando poco a poco conforme fueron avanzando las horas. Encontré un hombre que recreaba monstruos de cine y otras cosas con piezas de bicicletas viejas, increíble, porque sólo podías verlas si te acercabas muchísimo, de lejos parecía simplemente una figura hecha con hierros y poco más.



Además, tuvimos ocasión de probar alguno de los alimentos típicos que se ofrecían en los puestos ambulantes de camino al templo. Un consejo, por mucho que le veáis buena pinta a un trozo de pata de pulpo o calamar ensartada en un palo, preparad una dentadura a prueba de todo para poder roerlo, porque se hace casi imposible!!



El santuario sintoísta de Itsukushima, es el más conocido de la zona. El sintoísmo o Shinto (神道 “el camino de los Dioses”), es una religión que nació en Japón y que no tiene los mismos paradigmas que las demás, de hecho ni tiene fudnador, ni reglas, ni ídolos…. símplemente, se expresa a través de ella el amor por la naturaleza e intenta en todo momento que todos sus elementos estén en armonía con ella. Supongo que por eso esta isla me ha impactado tanto, poruq etoda ella es un enorme santuario (de hecho de ahí viene su nombre “isla santuario” más o menos) y me imagino que por eso decidieron que su santuario se adentrase en el mar y formase parte de él, así como el torii por el que se llega a su entrada a través del mar. Este impresionante pórtico está construído en madera de alcanfor y mide 16 metros de altura, que parece poco, pero que visto en vivo impresiona bastante, la verdad. Dentro del templo en sí, hay como tres zonas difreneciadas el Heiden, donde habitan los dioses; el Haiden, donde sólo pueden entrar los sacerdotes y el Haraiden, donde puede entrar cualquiera a rendir culto. Nos contaron en el hotel, que esta era una zona donde se hacían muchas representaciones teatrales y musicales en la plataforma de entrada que está justo en frente del torii. Hay que pensar que en esta isla, al ser considerada sagrada, no se permitió durante mucho tiempo la entrada a mujeres (ya que no se podía ni nacer ni parir en ella) y los viejos eran muchas veces trasladados porque tampoco se podía morir en ella.




Y esta es la preciosa foto del torii anocheciendo. Os recomiendo que esperéis a que se ponga el sol para poder disfrutar de una vista tan increíble, si sólo lo veis de día no os daréis cuenta de lo hermoso que puede llegar a ser con el cambio en los colores y la iluminación conforme va apagándose la luz del sol.

En los alrededores del templo hay un montón de cerezos y una pagoda preciosa a la que hay que acceder subiendo unas escaleras. Tenéis que ir temprano para que no os pase como a nosotros, que tanto la pagoda como el templo de la parte superior, tuvimos que verlo solo por fuera, porque ya habían cerrado al público. Recordad que en Japón los horarios son totalmente distintos a los del mundo occidental.




Como buenos gaijines (una palabra japonesa un poco despectiva para designar a los “extranjeros”), nos bajamos atravesando el campo, en lugar de por el camino como los buenos japonesitos ^__^



Por el camino, de vuelta al hotel, encontramos un montón de cosas curiosas y graciosas, de las que más, los cartelitos que tienes para meter la cabeza y sacar la foto, que en Japón parecen de rigor en cualquier parte. Debe ser que a ellos les hace mucha gracia. Y además, la pala de servir arroz más grande del mundo, delante de la que Isidoro, como buen cocinero de profesión, posó la mar de orgulloso.


Una vez de vuelta en el hotel, descubrimos cómo controlaban la población de ciervos… no diré más. Yo no tuve ocasión porque soy vegetariana, pero alguno creo que se imaginaría que se estaba comiendo al bambi que había acariciado por la tarde.


¡Ya queda menos! Esta vez tengo que terminarla al completo sea como sea.
Categoría: Japón,Viaje Japon 2009
Escrito por Sonia Seijas el Lunes, 14 de septiembre , 2009 a las 18:16
Como os dije, he estado en un congreso en Portugal, por eso no he podido hacer mucho turismo, pero sí el suficiente para enseñaros un par de cosas que creo que os gustarán del país vecino, por si algún día decidís visitarlo.
La mayor parte del tiempo la pasamos en Braga, ya que el congreso era en la Universidad de Minho, por cierto, un congreso muy interesante en el que he aprendido un montón de cosas y que los portugueses parecen tener una capacidad ilimitada de trabajo. Nos alojamos en un hotel del Bom Jesús, un lujazo de hotel, la verdad y del que no pude disfrutar ni la mitad de lo que haría de vacaciones, ya que está situado justo al lado del santuario y despertarse por la mañana con semejante paisaje algo indescriptible. Era ese edificio blanco que podéis ver al fondo de la foto.

Así que, como llegamos bastante tarde, no pudimos hacer demasiado turismo el miércoles, tan sólo vimos la plaza central que llaman “Praça da República” y que es, por así decirlo, el punto central del centro de la ciudad. Tiene tres fuentes principiales, pero de noche, la que está más a la izquierda se llena de colorido y da fresquito a las terrazas de los soportales, lo que se agradece si hace tanto calor como estos días que estuve yo allá.

Al subir al hotel, aproveché para sacar una estampa de noche del Santuario del Bom Jesús, que es una de las estampas más típicas de Braga. He de decir que es una de las ciudades con más iglesias por metro cuadrado que he visto en mi vida. Si os gusta el arte arquitectónico como a mí, lo gozaréis, pero seguro que acabáis hasta el gorro de tanta iglesia, es curioso ver mucha gente joven dentro de ellas, aunque mi amiga portuguesa me dijo que no pensaba que fuese una ciudad especialmente religiosa, a mí me lo pareció, quizás por el contraste de ver tanto templo y tanta devoción por todas partes.


A la mañana siguiente, el Bom Jesús seguía igual de bonito, aunque esta vez pude sacar algunas buenas fotos a eso de las 8 y algo de la mañana, cuando todavía no hay turistas por todas partes y puedes pasear tranquilamente sin sentir tampoco el sofocante y húmedo calor de estos días. Para llegar hasta la iglesia, la mayoría de la gente sube en coche, pero los peregrinos que vienen por su valor espiritual, suben todas las escaleras que tienen forma de zig-zag hasta llegar arriba y poder asistir a la misa dentro de ella.


La vista, tanto desde arriba, como desde abajo de las escaleras es realmente espectacular, con el valor añadido de que cada tramo de las mismas tiene una especie de rellano en el que hay una fuente. Cada una de ellas intenta dar una “lección” al espíritu del peregrino que va subiendo, de hecho, incluso las estatuas que las decoran a ambos lados, enseñan algo de cada uno de los personajes bíblicos a los que representa. Os recomiendo que vayáis con tiempo y leáis cada una de las placas, es muy curioso ver la progresión hasta llegar a la cima. De hecho entre las últimas fuentes están: Vía de la prudencia, Vía de la sabiduría, Fe, Esperanza y Caridad, en este orden, aunque con alguna otra de por medio. Es curioso ver las inscripciones en cada una de ellas y las estatuas con las que adornan la fuente, están llenas de simbología. Si las coge Dan Brown, monta otro libro con ellas


Dentro de esas pequeñas casitas que veis a los lados, hay representaciones de la pasión y calvario de Jesús, aunque no seais muy católicos, impresiona ver lo cuidadas de las tallas y la proporción con que están hechas, a tamaño humano. Dentro de muchas de ellas, veréis que hay pequeños papelitos y velas colocadas, porque la gente deja sus peticiones e incluso fotos y objetos personales de la gente a la que “ofrecen”. Es un curioso concepto este de “ofrecer”. Hace años, cuando estuve muy malita, mi madre me ofreció a la virgen de Pastoriza y estaba empeñada en que como ella me había ofrecido, tenía que ir andando con ella hasta el santuario. Yo le contestaba que eso era un poco contraproducente cuando en realidad era ella la que se había ofrecido y no yo. Luego dí las gracias de que además de eso, no hubiese ofrecido una vela “tan alta como yo” porque eso allí se estila mucho. No es que sea más o menos religiosa, pero creo que muchas veces el bien o el mal no se centra en un “ofrecimiento” sino en lo que intentas tú para mejorar tu vida. No puedes destrozarte, por ejemplo, el hígado con alcohol y después pretender que un santo te lo arregle, digo yo.


En fin, pasando a la visita, una vez dentro de la iglesia, dos cosas me llamaron la atención. La primera, que habían mejorado las luces del altar principal y que con este resplandor rojo era todavía más imponente de lo que recordaba de la última vez que había estado aquí. Y, en segundo lugar, que el altar de las reliquias de San Clemente estaba completamente vacío. Lo que os comentaba de los papelitos y las fotos, la última vez, este altar estaba completamente lleno de fotos de gente con peticiones escritas por detrás, era algo que me había impresionado. Pero seguramente, hubo tanta “superpoblación” de peticiones que terminaron por prohibirlo. Es curioso lo bien que se conserva la momia de San Clemente, la urna debe estar cerrada al vacío, cuando menos.





Ahora, como no, siguiendo este tono de espiritualidad, os enseñaré uno de los “milagros” del Santuario. No lo conoce todo el mundo, pero yo, que tengo suerte de tener una amiga portuguesa y gente que ya ha estado allí en varias ocasiones, recuerdo que hace cuatro años, mi director de tesis nos enseñó este “fenómeno” a unos cuantos y fue un momento divertidísimo. Así que, igual que él hizo conmigo, yo quiero compartirlo ahora con vosotros.
Si bajáis en conche desde el Hotel do Parque, que está pegado al Santuario (os indico esto para que encontréis la carretera a la primera), hay una carretera pequeñita que baja y luego una cuesta abajo un poco larga. Pues bien, si dejáis el coche en punto muerto bajando la cuesta (tened cuidado porque está muy bacheada y si lo dejáis en un bache “no pasa nada”), el cohce, en lugar de bajar, sube. Y si queréis impresionar a alguien, es la mejor manera de hacerlo
No os contaré la explicación, porque perdería la gracia, pero cuando llueve mucho, el agua también va hacia arriba, imaginaros a la gente de hace siglos y con fervor religioso, la de explicaciones milagrosas que tuvo que darle a este fenómeno.
Subiendo por la carretera de este santuario, se va a dar a otro, no menos espectacular, por lo menos para mi gusto que este primero. Quizás sí más moderno, pero desde luego igual de vistoso. Se trata del Santuario de Nossa Senhora do Sameiro, que está casi en la cumbre del monte y que tiene una entrada impresionante. Es más moderno que el anterior, por eso parece tan “nuevo”, lo que sí es cierto es que en un día soleado parece que brilla de tan blanco que es.


Algo precioso, las imagenes de ángeles, tanto del exterior, como del interior de la iglesia. Dos estilos completamente opuestos, pero que a su modo, resultan preciosos.



Lo más impresionante son las vistas desde las escaleras que hay al frente de la entrada principal, con los dos pilares que las enmarcan. Realmente ahí, en el medio, sobre todo si no hay mucha gente y pega un poco el airecillo puedes sentir una paz interior infinita, mucho más allá del sentido religioso del asunto, como si sólo estuvieses tú y los elementos.

Y luego, ya en la ciudad de Braga, muchas más fotos de iglesias y edificios. La verdad es que sólo tienes que levantar un poco la mirada para ver algo que te guste, porque en cada rincón hay fachadas con salientes de un estilo barroco que te deja un rato observando, sobre todo por lo limpios que tienen casi todos los edificios, en contraste con otras ciudades. Aunque también veréis toques renacentistas (como la plaza de la república del principio del post) y de muchos otros estilos. Está claro que es una ciudad para visitar despacio.




Si tenéis oportunidad al atardecer, visitad el Jardín de Santa Bárbara, porque en las el colorido de las flores con la puesta de sol a veces deja unos efectos de luz increíbles. Nosotras no tuvimos mucho tiempo, pero con un poco de maña seguro que os lleváis a casa una de esas “fotos de postal” con las que luego alucina la gente.


Y nada más, sólo que en Portugal es el sitio donde se comen cachorros en lugar de perritos. Lo siento, me hizo tanta gracia que no pude evitar el ponerlo.

Y que sí, por supuesto, a pesar de la premura del tiempo, siempre hay un minuto para dedicarle a mis “bichitos”.

Categoría: Viajes
Escrito por Sonia Seijas el Miércoles, 15 de julio , 2009 a las 20:45
Allá por el 1915, la Sociedad Electra del Viesgo, realizó unas obras para la captación y conducción de aguas del río cares desde el pueblo de Caín (León) hasta Poncebos (Asturias) donde estaba la central hidroeléctrica. Esta obra, a mi manera de ver, una obra maestra para la ingeniería de la época, sobre todo porque el conducto del agua va por zonas al descubierto, pero casi todo el tiempo va por túneles que tuvieron que ser barrenados a mano a esa altura y con las dificultades de los picos escarpados y demás. De hecho, 11 obreros perdieron la vida en las obras y es que había que tener mucho valor para subirse allá arriba a picar y colocar barrenos.
Poco después de la Guerra Civil, como los trabajos de mantenimiento eran difciciles con la senda original, se realizaron una serie de “mejoras” para que el acceso no fuese tan complicado, los desniveles no fuesen tan exagerados y la anchura del camino permitiese transportar algo de material. Incluso se instalaron puentes en los que los obreros tenían que trabajar atados con cuerdas. Estoy segura de que ninguno de ellos se imaginó que lo que para ellos era un trabajo titánico, hoy se convertiría en una hermosa ruta atravesando el parque de los Picos de Europa. Por eso, si ahora véis la ruta como algo complicado, imaginárosla con puentes colgantes y demás, por algo al trozo de ruta que hemos hecho nosotras, de Poncebos a Caín, la llaman la Garganta del Cares. Un nombre que le va como anillo al dedo, la verdad.

En definitiva que hoy por hoy es una caminata de unos 12 kilómetros de ida y otros tantos de vuelta y que se ha convertido en una ruta realmente preciosa para aquellos que les guste la naturaleza. Ahora me viene a la cabeza un aleman cincuentón que nos cruzamos y que nos dijo: “Lo importante es la naturaleza, no las personas“, como si fuera una galletita de la suerte, pero que encierra mucha verdad cuando caminas por encima de estos barrancos y te sientes pequeñita de verdad. Tengo bastante vértigo y he de reconocer que hay trozos de ruta en los que se pasa realmente mal si lo tienes, pero la naturaleza me apasiona y si es lo más genuina posible mejor y aquí, en el medio de montañas, sientes un poco de ese origen natural de nuestra tierra que te hace sentir un escalofrío en el interior del cuerpo.
Nosotras empezamos la ruta en Poncebos, pero también puede hacerse desde Caín, aunque si queréis una recomendación personal, hacedlo desde donde empezamos nosotras y alojaros en Arenas de Cabrales o en algún pueblo cercano, esa zona es preciosa y tiene un acceso mucho mejor que desde el otro lado. Intentad empezar la ruta temprano, si pensáis hacerla de ida y vuelta, porque también podéis hacer la ida, quedaros a dormir en Caín y, luego, al día siguiente hacer la vuelta, aunque para mí la mejor opción es la primera. Cuando estéis llegando a Poncebos, os encontraréis un par de bares y luego la carretera que sube hasta la entrada de la senda, mi consejo es que dejéis el coche ahí, porque arriba hay muy poco sitio para aparcar y podéis tener la mala suerte de que no podáis aparcarlo y tengáis que volver. Además en el bar hacen unos bocadillos riquísimos y abundantes que podréis comprar para comer en Caín antes de volver (para quien sea carnívoro, el chorizo a la sidra está buenísimo al parecer).
Al empezar la ruta, la primera parte es bastante escarpada y con una pendiente bastante acusada, así que para los que no estáis acostumbrados, igual os cuesta un poco la primera media hora, sobre todo si véis el cartel del principio y vais pensando en lo que os puede esperar. Por eso tomaros el principio con calma, pensad que quedan tres horas de caminata por delante y si forzáis mucho al principio, luego podéis sufrirlo al final.


Poco después de la subida la ruta tiene esta pinta:

No os desaniméis porque lo veais muy largo, las vistas merecen la pena todo el tiempo. Sólo con mirar a los lados, arriba o abajo o a la derecha, vamos, o a cualquier parte. Bueno, el caso es que la primera parte del recorrido se hace bastante bien, es empinada, pero el camino es bastante ancho y las pendientes no caen en perpendicular, con lo cual aunque tengas un poco de vértigo no impresiona tanto como lo hace en la parte del medio. Al final llegaréis a la primera sombra y el primer punto de descanso en una casa abandonada que hay al recorrer más o menos una quinta parte del camino. Allí podréis descansar de la subida inicial y disfrutar de ver tranquilamente lo que queda por delante.



Después de esta parte, viene la que tiene más ”peligro” para aquellos que sufran de vértigo, pero a mi modo de ver, también la más bonita, junto con la última parte, después de León, con los túneles y puentes. En esta zona, llama mucho la atención las caídas verticales que hay en algunas partes. Sólo con pensar cómo se las apañaron para constuir esta ruta, cómo colocaron las piedras para que no hubiese desniveles… me parece que hay momentos en los que el ser humano es capaz de cosas increíbles.


Aquí os dejo un vídeo de muestra para que os hagáis una idea.
Bueno, después de esta parte ya llegamos ya casi a la mitad del camino. Cuando veáis la señal con una flecha hacia Poncebo y otra hacia Caín, pensad que estais a medio camino, para que os hagáis una idea de lo que os queda después. Poco después llegamos además a la frontera entre Asturias y León, donde hay un puentecito monísimo que casi se puede considerar “tierra de nadie”, de hecho hemos pensado en reclamarla para nosotras y todo, jeje.




Bueno, en resumen que la ruta merece muchísimo la pena. Y si ademáis tenéis suerte como yo y os gusta como a mí, podréis hacer fotos como esta:

Creedme que es una maravilla el poder captar así un instante. Tengo 600 fotos de este día, pero ya no voy a colgar más porque si no el blog tardará tanto en cargarse que tendréis que estar una hora para poder verlo. Y lo dicho, animaros a recorrer la Garganta del Cares, no os arrepentiréis.
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