No lo digas… contente.. contente…
Si desde el barrio japonés de Akihabara damos un salto hasta la región china de Lianghexia descubriremos las famosísimas peras con forma de Buda. ¿Es una fruta? ¿Es un dios? ¿Es un empresario con mucha visión para los negocios?
Venga… déjalo… si es un juego de palabras malísimo…
En realidad, el proceso no tiene mayor dificultad que la de enganchar un molde al fruto cuando éste aún es tierno, joven e impresionable. El mérito es que se les haya ocurrido la idea. Ahora temo el momento en que los directivos de Disney la descubran, y las meriendas de los niños se llenen de manzanas con forma de Mickey Mouse, naranjas imitando a la cabeza de Hannah Montana y plátanos con sospechosos parecidos a los Jonas Brothers.
¡No puedo! ¡No puedo evitarlo! ¡Tengo que decirlo! Ahí va: ¡Es que estos chinos son la pera!


Todos lembramos a mortadela do rato Mickey!!
Juas! No sé por qué, esto me recuerda aquel correo de los gatos metidos en frascos.
En el pueblo de mi abuelo se metían las peras en botes para luego dejarlas macerar con anís. En vez de anís de guindas, anís de peras. Pero si no había anís, se ponía aguardiente. Lo importante era la pera (¿?)
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