Occidental y refugiado. Una historia
Sofia y el negro
VANISTENDAEL, Judith
Norma, 2010
Este (auto)retrato sentimental y afectivo de Judith Vanistendael (Lovaina, 1974) sigue la línea de cómics escritos por mujeres con un fuerte componente biográfico. Es el caso de Persépolis o Fun Home (recientemente reseñado en este blog). La autora belga desgrana un episodio de su vida huyendo de todo patetismo y dramatización. Con un tono amable y evocador, libre de rencor y rabia, avanza en pos de una empatía cercana y no de un impacto emocional que lleve al desgarro ni al sentimentalismo.
Su formato díptico funciona por su complementariedad y ensamblaje para conformar un relato interesante y bien contado. Lo forman dos partes, editadas originalmente en dos volúmenes independientes y con dos años de diferencia, que en España se han publicado conjuntamente y que encajan como una tuerca y su arandela, abrazando un tornillo argumental, con firmeza, capaces de sujetar el armazón de la historia y de dejar la elipsis adecuada, la que omite lo prescindible, lo tangencial. Dos partes que son dos relatos de un mismo hecho con diferente narrador.
EL CUENTO DEL PADRE ESPECTADOR
Imagina que tu hija se enamora de un refugiado togolés, sin papeles, dinero ni lugar donde vivir. No hace falta que imagines (se da por hecho) que el gobierno lo perseguirá y que los prejuicios flotan en el ambiente, en todos los ambientes: familiar, social… Si eso te ocurriera… ¿cómo reaccionarías? ¿Lo aceptarías?
Tú mismo ya lo habrás podido deducir, no estamos ante un relato político ni rabiosamente reivindicativo, solo es una historia de amor entre dos personas de diferentes procedencias: una odisea sentimental, un viaje a la relación de Sofía y Abú, la occidental y el negro que busca asilo.
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EL CUENTO DE ABÚ Y LA ORUGA
– Érase una vez…
– ¿Cuándo los animales no hablaban y papá todavía no existía y cuando yo todavía no había nacido?
– Sí, entonces…
– Ah…
– Pues bien, un día mamá conoció a Abú, el príncipe negro…
Cuéntale tu historia a tu hija tras un encuentro casual con él, con Abú. Será una historia triste contada de forma alegre: dile cómo os conocisteis, pero no desveles qué os separó; los cuentos no siempre tienen final feliz y a veces los demonios nos persiguen y nos alcanzan; la realidad también está hecha de tonos grises, más allá del blanco y el negro. Para cuando llegues a esa parte del relato, quizá tu hija ya duerma y siga soñando con su oruga… y con Abú.
No importa si este cómic tiene algo de autobiográfico o no, tampoco importa el reconocimiento obtenido durante dos ediciones consecutivas en la selección oficial del festival de Angouleme. Solo hay lugar para esos cuatro años de tiempo interno, crónica de algo más que una sencilla historia de amor, y, sobre todo, la manera en la que está contada: a través de una evolución del dibujo, que pasa de un estilo más convencional y rígido hacia una mayor libertad y preponderancia del trazo sobre el texto, lo que resulta ideal para la forma de cuento infantil que adopta en su segunda mitad. El manejo del tiempo y un tratamiento exquisito, onírico a veces, visionario otras, amplio y realista en ocasiones; todo ello hace de este cómic una obra literaria sobresaliente.
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