Una de aventuras
La semana pasada volví a leer “La isla del tesoro”, de Robert L. Stevenson. Es todo un clásico de la novela de aventuras del siglo XIX, al mismo nivel que uno de los libros de aventuras más grandes que he leído en mi juventud: “Los tres mosqueteros” y su continuación, “Veinte años después”. Junto a Stevenson y Alejandro Dumas, cabe citar a Rudyard Kipling, Edgar Rice Burroughs., Julio Verne, Emilio Salgari, Jack London y Fenimore Cooper.
Estos autores me hicieron pasar grandes ratos cuando me introducía en sus páginas y hacía aquello que nos decían para incentivarnos a leer: poneos en la situación del personaje. Así, di la vuelta al mundo en ochenta días, viajé por las islas orientales con Sandokán, luché contra indios defendiendo a los últimos mohicanos o fui a buscar un tesoro en una isla perdida.
Más de un siglo después, estos autores se han convertido en clásicos, si bien en su época muchos de ellos conseguían publicar sus novelas por entregas, como los folletines. Ése fue el caso de Dumas y Verne, por poner un ejemplo.
Me gustaría compartir una reflexión y preguntarles: ¿qué autores y qué aventuras recuerdan de sus libros de juventud? ¿Qué novelas y aventuras siguen ahora los jóvenes? El ciclo de Tolkien ha marcado una impronta brutal (que a mí también me fascinó en su momento, pero que su excesiva comercialización me ha agotado). ¿Será el camino literario a seguir? ¿Será la pauta de Alatriste la otra opción? ¿O tal vez la del best-seller como el del recientemente fallecido Michael Crichton? Hoy arrasan entre los jóvenes historias vampirescas como “Crepúsculo”. ¿Está el género de aventuras necesitado del terror o la intriga de este tipo? ¿Se considerarán estas obras como clásicos dentro de cien años?
El festín de Babette
Viaje al ojo de un caballo.
Manual de literatura para caníbales

