Archive for Febrero, 2009

Viaje al taller del juguetero

juguetero.jpgEl androide y las quimeras

PADILLA, Ignacio

Editorial Páginas de espuma, 2008

Ecos borgianos emanan en esta obra del escritor mejicano Ignacio Padilla, salpimentada con erudición, anglofilia en rama y barroquismo ocasional. Su literatura deja en el paladar autómatas que cobran vida naciendo de una importante base documental y a partir de una imagen plasmada en la primerísima cata de cada relato.
“Referencias”, un apéndice final, recuenta las recetas de las que bebe, libros de los que extraer historias insólitas, materia prima inicial de sus cuentos. A partir de ese fotograma primigenio, Padilla nos coge de la mano y nos lleva en “cortometrágicas” visitas a su fábrica de juguetes, poblada de criaturas principalmente femeninas y presas en el artificio de su existencia.
La rauda visita al taller en la que nos embarcamos supone para el juguetero un segundo paso de la creación de su “Micropedia”, tetralogía que pretende configurar un bestiario particular, una galería de seres dolientes que toman vida en breves cuentos de unas diez páginas de extensión media.
La docena de historias de “El androide y otras quimeras” se agrupan en dos bloques, “El androide en nueve tiempos” y “Quimeras de tres orillas”. Pueblan sus páginas criaturas, autómatas, que tienden puentes con algunos creadores míticos. Sólo así podremos conocer la obsesión de Edison por construir una muñeca parlante o descubrir que Charles L. Dogson, despojado ya de su seudónimo Lewis Carroll, creó antes de morir un tercer libro de Alicia que maldecía su obra anterior.
Entretanto, la escritura de Padilla oculta sus engranajes en un discurso elaborado y detallado, apoyado en mecanismos efectivos, pero también efectistas, que lo convierten en un consumado ingeniero de distancias narrativas cortas, esas a las que obliga el ejercicio del cuento literario, experto en resortes, matrioskas y engranajes al servicio de la historia y para disfrute del lector.
El resultado final deja un gusto agridulce. Lo dulce puede provenir, por ejemplo, de “Romanza de la niña del pterodáctilo”, poético relato de una arqueóloga precoz experta en desenterrar fósiles, o de “Antes del hambre de las hienas”, brevísima y desasosegante narración sobre un recién constituido comité de mujeres que ejecuta lapidaciones. Acaso la parte más agria al paladar pudiera venir de algunos relatos, precisamente los premiados en certámenes como el NH o el de la Semana Negra de Gijón de relatos cortos, que resultan algo distantes o desaprovechados en sus posibilidades narrativas por falta de desarrollo.
En suma, es éste un viaje gastronómico que deja un regusto a ficciones en forma de artilugios que, como resortes, sorprenden unas veces y desconciertan otras, pero que siempre interesan y estimulan la gula lectora, aunque vengan servidas en micro–raciones propias de la “nouvelle cuisine”.

Published in: Cuentos, Narrativa, Reseñas | on Febrero 27th, 2009 | No Comments »

Adivinanza literaria

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¿Quién es la insigne anciana que El Mundo, en su suplemento Crónica, ha convertido en la madre del asesino de Marta del Castillo?

Published in: Sin categoría | on Febrero 23rd, 2009 | 4 Comments »

Reses

reses.jpgReses

RAMÓN, Esther

Ediciones Trea, 2008

Quiero con esta reseña acercarme a un texto que, más allá del reconocimiento obtenido (Premio Ojo Crítico de Poesía 2008), constituye un buen ejemplo de los tiempos que corren en la más reciente poesía española. Ya el jurado que le otorgó dicho premio señaló su “apuesta por una visión reveladora de la poesía y por la trasgresión de los lenguajes normalizados”, dejando intuir la senda por la cual esta obra discurre. Ahora bien, para ejemplificar esta transgresión, aprovecho la reciente inauguración de la retrospectiva de Francis Bacon en el Museo del Prado de Madrid con el ánimo de aproximarme a una autora y un libro que, en muchos aspectos, comparte una misma temperatura estética y conceptual respecto al gran pintor anglo-irlandés. Buena parte de la poesía española contemporánea ha insistido en guarecer la acción poética (si podemos codificarla detrás de este calificativo) en el marco de estructuras contextuales determinadas, específicas, cuyo paroxismo, a mi juicio, lo encontramos en la poesía de la experiencia y su obsesión por la vida urbana. Sin embargo, del mismo modo que Bacon encerraba sus figuras en “zonas” abstractas, psicológicas, Esther Ramón proyecta su recorrido poético a través de recintos invisibles que desasosiegan y producen una lectura velada, “directa al sistema nervioso” como pedía el pintor inglés. Veamos un ejemplo: “No tiene puertas ni ventanas / (un hombre sentado / en mi casa leyendo algo / que todavía no he escrito / leyendo / sin mirarme / No tiene puertas ni ventanas / y allí las encierro”. No es baladí esta intención por encerrar al sujeto poético dentro de espacios incomprensibles, transparentes, pues, después de los excesos figurativos de los ochenta y noventa, encontramos en la más reciente poesía española una recuperación decidida de la mejor tradición surrealista, expresionista, simbólica, que vuelve a colocar al sujeto contemporáneo entre las lindes del desasosiego. ¿No me negarán que hay razones socio-históricas para ello? Esther Ramón, en este sentido, constituye uno de los ejemplos más acendrados de esta recuperación. Pero existen más analogías entre la obra de Bacon y este libro. En varias etapas del pintor los “estudios de animales”, las “crucifixiones” entendidas no tanto como escenas sacras sino como representación fiel de la crueldad de los seres humanos, o incluso la descripción visual de la “carne” como metáfora de la desnuda dimensión del hombre (su materia y nada más), condensan una tradición en la que también podemos insertar este texto. Las “Reses” de Esther Ramón, sus “mataderos”, las vacas que “no tienen memoria” pues “emprenden el camino de vuelta sin escuchar el sonido metálico del cierre” parecen transustanciarse en nuestra condición más amarga y desesperada, adscrita a lo absurdo del propio acontecer. Este libro-poema es un recorrido sobrecogedor aunque esperanzado (“Primero fue una ligera brisa. Luego el viento, el sonido de los cascos. Relinchos. Y al fin la blancura que no se puede mirar. / Encima de ellos. La velocidad.”) por las profundidades de nuestra más íntima desolación, usando para ello un lenguaje demiúrgico, de gran potencia sonora y visual, apoyado en el símbolo, la yuxtaposición, la elipsis, la metáfora, y siempre entremezclando alientos líricos y narrativos que dotan al texto de una brillante expresividad. También éste es, a mi juicio, un rasgo identitario de la última poesía española que Esther Ramón sabe poner en juego. No quisiera acabar esta reseña sin esbozar antes otra similitud respecto a la obra de Bacon. Del mismo modo que encontramos en su trayectoria pictórica un profundo interés por la poesía épica (la Orestíada, por ejemplo), podemos afirmar que “Reses” (como ya hiciera, allá por 1979, el primer Julio Llamazares en su “La lentitud de los bueyes”) incorpora un cierto aliento épico distanciado de lo heroico, pero inscrito en una suerte de voz consuetudinaria que va desgranando la memoria de la manada. Se trata de una lectura llena de matices, abierta al sentido de la palabra. Una obra que no deja indiferentes a su paso.

Published in: España, Poesía, Reseñas | on Febrero 22nd, 2009 | No Comments »

Calle

calle-de-miguel-angel-gara.jpgCalle

GARA, Miguel Angel

Editorial Amargord, 2008

En la contracubierta de este libro se nos informa que Calle sugiere tanto un lugar físico como un silencio imperativo, un particular Drama en gente pessoano con distintas evocaciones. Sigamos con el guiño portugués para acercarnos a este excelente poemario. Antes del vendaval-Pessoa, antes que sus heterónimos pusieran nombre (anticipándose) a la deconstrucción del sujeto contemporáneo, antes incluso que la poesía salvajemente urbana, cosmopolita, transgresora de ese otro poeta portugués, Al Berto, muerto prematuramente (aunque recuperado para los lectores españoles a través de El miedo, poemas escogidos, 1976-1997 en Pre-Textos, 2007), podemos afirmar que fue otro poeta lusitano, Cesário Verde, y otro libro-poema, O sentimento dum Occidental (cuya traducción pueden encontrar en Ediciones Hiperión, 1995) quién mejor supo acercarse al espacio urbano como mecanismo, no ya de reflejo de la cotidianeidad, sino de contraste entre la subjetividad y la alteridad. Porque Calle de Miguel Angel Gara es, más que un poemario de la exterioridad, un libro-poema del intersticio que se abre entre la individualidad y lo otro: la introspección y su alrededor. Del mismo modo que Cesário Verde traducía el paisaje nocturno lisboeta mediante un simbolismo baudeleriano y rompedor para la época, Miguel Angel Gara apuesta por un recorrido nómada a través de gestos, situaciones, imágenes, pensamientos, indecisiones, galvanizados por la renovada estela del mejor simbolismo español (pensemos, por ejemplo, en Claudio Rodríguez, Antonio Gamoneda o Blanca Andreu). Todo esto sitúa al sujeto poético de Calle en mitad de una extrañeza contemporánea muy propia de los tiempos que vivimos. Fijémonos en los versos que cierran este libro para ponerle rostro a esa extrañeza: Se podría morir y asombrarse ante lo que mereció la pena / cuándo o cómo se creyó en que cambiaría la vida, y en el instante / seguro de haber vivido intensamente / sentado en el sillón y creyendo soñar en una tarde, / quedar despierto así, no soñar y vivirlo. Sin complejos, con una enorme ambición poética que nos lleva del metro clásico al versículo, del poema en prosa al aforismo o al poema visual, este autor madrileño compone un texto sincopado que reproduce las heridas de lo vivo en mitad de un mundo abierto a la mirada. Con Calle podemos afirmar que prosigue el camino iniciado con Luz previa a la luz (XXIV Premio de poesía Ciudad de Badajoz, editorial Algaida, 2006) donde ya se esbozaban las señas de identidad de su poética: ambición estética, apuesta decidida por el símbolo, centralidad de lo tangente, lo periférico, todo aquello que se escapa de la narratividad. Me gustaría finalizar esta reseña con un poema breve que muestra bien a las claras el tono y la textura de este libro: Sentarse / bajo una manta de cegadora luz, / con la excusa de llorar / ante la cicatriz / ya sosegada. ¿No me digan que a ustedes esa misma cicatriz sosegada no les duele?

Published in: España, Poesía, Reseñas | on Febrero 14th, 2009 | No Comments »

Una versión verosímil de lo que pudo ser

img001-b.jpgMemorias de Judas

PETRUCCELLI DELLA GATTINA, Ferdinando

Martínez Roca, 1989

Nadie sabe a ciencia cierta quién fue Jesús de Nazaret ni su biografía. Sólo el historiador romano Flavio Josefo le cita de forma pasajera. Sin embargo, de él se ha construido no sólo un texto que se señala como verdad revelada por una divinidad, sino una religión que ha afectado a la forma de vida de Occidente.

El presente libro está ya descatalogado y se encontraba entre los restos de ediciones. El autor, un italiano del siglo XIX, destacó por su compromiso político durante la unificación de los Estados transalpinos. En su momento, la novela fue incluida en el catálogo vaticano de libros prohibidos. Posiblemente, ahí seguirá, aunque ya no tiene efecto.

Memorias de Judas es una novela histórica da la vuelta al papel de los personajes evangélicos: Judas no es traidor, sino el que intenta animar a Jesús de Nazaret para que sea un líder títere de los partidos judíos en su lucha contra los romanos. Por su parte, Jesús de Nazaret es un profeta arrogante, lejos de la humidad bíblica, que se cree verdaderamente elegido por Dios y desprecia a todos en su entorno.

Entre medias, aparecen vínculos entre los personajes: Barrabás, Anás, Caifás, Pilatos, María Magdalena… Al final, el cuadro muestra un conjunto de seres humanos llevados por pasiones nada divinas ni altruistas. No obstante, el relato se plantea escrito por Judas en primera persona, un Judas que será salvador del Salvador y que relata una original explicación de lo que pudo ser la crucifixión y la resurrección del nazareno.

Es cierto que han abundado las versiones sobre la figura de Jesús de Nazaret, desde la novela Caballo de Troya, de J.J. Benitez, a la película La última tentación de Cristo, de Martin Scorsese, por cita algún ejemplo. Della Gattina hizo esta versión en el siglo XIX, cuando el peso de la Iglesia Romana todavía era inmenso. Es curioso que hoy todavía siga habiendo reacciones virulentas a algunas interpretaciones de lo que pudo ser y nadie sabe, pero ha determinado tanto nuestras costumbres. Si no lo creen, miren los días festivos.

Published in: Novela, Reseñas | on Febrero 7th, 2009 | 1 Comment »

La crisis en el mercado del libro

De cómo las editoriales afrontan la entrada en el túnel negro de la crisis:

“Si el veneno es la crisis, el antídoto es la prudencia. Todavía hoy, las editoriales españolas se mantienen a salvo de la penuria general. El libro, barato y casi perfecto, parece la gran alternativa de ocio. 2008 fue boyante. A falta de que la Federación de Gremios de Editores de España haga público en junio los datos más fiables, Michèle Chevallier, directora de la Confederación Española de Gremios y Asociaciones de Libreros (CEGAL), aventura que las ventas crecerán un 3% respecto a los cerca de 3.200 millones de euros de 2007″.

Artículo completo en El País.

Published in: Análisis | on Febrero 7th, 2009 | 2 Comments »

Espantapájaros y un sonajero

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Espantapájaros y un sonajero

SALVADOR GONZÁLEZ, Tomás

Escuela de Arte de Mérida, 2008

La obra que nos ocupa constituye una rara avis del panorama literario español. Se trata de una bellísima colección de poemas visuales del castellano-leonés Tomás Salvador González que, en una impecable edición por parte de la Escuela de Arte de Mérida, nos entrega 14 postales de indudable calidad. Pero vayamos más despacio. Para quién no lo conozca estamos ante un poeta de dilatada carrera, ahí están, por ejemplo, Reunida estación de las ciudades (1975), La entrada en la cabeza (Endymión 1986), Aleda (Ediciones Portuguesas 1988), Favorables país poemas (Icaria 1996), La sumisión de los árboles (Ave del Paraíso 1996) y El poeta en su taller (La hoja de roble 1998), así como la novela El territorio del mastín (Juventud 1995). Muy pronto se espera la edición de su itinerario poético completo donde, de manera más cabal, podremos dar cuenta de este autor honesto y coherente.  Formó parte de la ya extinta El signo del gorrión junto a otros nombres imprescindibles de nuestro panorama literario (Miguel Casado, Olvido García Valdés, Luis Marigómez, Gustavo Martín Garzo, Carlos Ortega, Esperanza Ortega, Ildefonso Rodríguez y Miguel Suárez), de tal modo que ya podemos comenzar a vislumbrar algunas de las señas de identidad de su voz poética: rigor literario, decidida vocación de búsqueda, alejamiento de clichés o estructuras autocomplacientes, huida de lo autobiográfico, indagación filosófica… Sin embargo, la obra que hoy nos convoca avanza en una dirección poco transitada por la reciente lírica española. Más allá del magisterio de Joan Brossa (véase, por ejemplo, las contemporáneas manifestaciones de Net Poesía, de literatura fractal, etc. ), han sido pocos los poetas españoles recientes que han podido conjugar de manera compleja el ámbito del collage y el verso (no debemos olvidarnos de la figura imprescindible de Francisco Pino, auténtico outsider de las letras castellano-leonesas). En este caso, Tomás Salvador González, mediante una cuidada y reflexiva deconstrucción de textos e imágenes publicados en la prensa escrita, nos rebela una lectura penetrante de lo acontecido tomando como asidero el propio extrañamiento del lenguaje. Sus composiciones se comportan como hilachas nacidas desde la arbitrariedad de lo cotidiano, para proyectarse hacia un discurso alterno, subyugante, que cuestiona y desdobla la realidad. Por eso, estos espantapájaros (título tomado, nos informa el poeta por boca del argentino Francisco Urondo, del también argentino Oliverio Girondo) se transforman en objetos visuales y quebradizos desde donde repensar las laderas ocultas de lo inmediato. Nos encontramos con símbolos que se mantienen a lo largo de toda la obra, ofreciendo una coherencia semántica de gran belleza: el objeto cotidiano convertido en interlocutor; el sombrero transustanciado en ausencia, peregrinaje; la yuxtaposición de elementos que bifurcan la lectura; la elipsis como estrategia retórica, la interiorización de la tradición pictórico-literaria vanguardista (por ejemplo el caligrama, el juego tipográfico, el vorticismo), y así hasta un largo etcétera que hacen de esta colección una parada extraña aunque imprescindible. En definitiva, con espantapájaros, Tomás Salvador González codifica en imágenes aparentemente sencillas las zonas fronterizas de la realidad. Un placer para los ojos y el pensamiento.

Published in: España, Poesía, Reseñas | on Febrero 2nd, 2009 | 3 Comments »