Viaje al taller del juguetero
PADILLA, Ignacio
Editorial Páginas de espuma, 2008
Ecos borgianos emanan en esta obra del escritor mejicano Ignacio Padilla, salpimentada con erudición, anglofilia en rama y barroquismo ocasional. Su literatura deja en el paladar autómatas que cobran vida naciendo de una importante base documental y a partir de una imagen plasmada en la primerísima cata de cada relato.
“Referencias”, un apéndice final, recuenta las recetas de las que bebe, libros de los que extraer historias insólitas, materia prima inicial de sus cuentos. A partir de ese fotograma primigenio, Padilla nos coge de la mano y nos lleva en “cortometrágicas” visitas a su fábrica de juguetes, poblada de criaturas principalmente femeninas y presas en el artificio de su existencia.
La rauda visita al taller en la que nos embarcamos supone para el juguetero un segundo paso de la creación de su “Micropedia”, tetralogía que pretende configurar un bestiario particular, una galería de seres dolientes que toman vida en breves cuentos de unas diez páginas de extensión media.
La docena de historias de “El androide y otras quimeras” se agrupan en dos bloques, “El androide en nueve tiempos” y “Quimeras de tres orillas”. Pueblan sus páginas criaturas, autómatas, que tienden puentes con algunos creadores míticos. Sólo así podremos conocer la obsesión de Edison por construir una muñeca parlante o descubrir que Charles L. Dogson, despojado ya de su seudónimo Lewis Carroll, creó antes de morir un tercer libro de Alicia que maldecía su obra anterior.
Entretanto, la escritura de Padilla oculta sus engranajes en un discurso elaborado y detallado, apoyado en mecanismos efectivos, pero también efectistas, que lo convierten en un consumado ingeniero de distancias narrativas cortas, esas a las que obliga el ejercicio del cuento literario, experto en resortes, matrioskas y engranajes al servicio de la historia y para disfrute del lector.
El resultado final deja un gusto agridulce. Lo dulce puede provenir, por ejemplo, de “Romanza de la niña del pterodáctilo”, poético relato de una arqueóloga precoz experta en desenterrar fósiles, o de “Antes del hambre de las hienas”, brevísima y desasosegante narración sobre un recién constituido comité de mujeres que ejecuta lapidaciones. Acaso la parte más agria al paladar pudiera venir de algunos relatos, precisamente los premiados en certámenes como el NH o el de la Semana Negra de Gijón de relatos cortos, que resultan algo distantes o desaprovechados en sus posibilidades narrativas por falta de desarrollo.
En suma, es éste un viaje gastronómico que deja un regusto a ficciones en forma de artilugios que, como resortes, sorprenden unas veces y desconciertan otras, pero que siempre interesan y estimulan la gula lectora, aunque vengan servidas en micro–raciones propias de la “nouvelle cuisine”.





De cómo las editoriales afrontan la entrada en el túnel negro de la crisis:

