Archive for Agosto, 2009

Crónica estival de un lector (Segunda parte)

weyden-man-reading-saint-ivo-ng6394-fm.jpg…Dejábamos julio tras el intento (vano intento) de recortar el arborescente entramado técnico de la literatura. Para ello nos servíamos de David Logde. Pues bien, agosto perseveró en esa senda con la llegada de un texto raro, poco conocido en España, aunque siempre ingenioso y clarificador. Nos referimos a “El arte de escribir” (Artemisa Ediciones, 2006) de Robert Louis Stevenson. El padre de “La isla del tesoro” ha pasado a la posteridad como autor novelesco, clásico en la memoria colectiva, empero como acertadamente nos explica la traductora y prologuista del libro (María Sanfiel), sus primeros pasos tuvieron lugar en el ámbito de la crítica literaria y el ensayo. Este volumen breve está armado de una gran lucidez y responsabilidad, destacando la reivindicada dimensión ética del quehacer literario. Para ilustrar el pulso del pensamiento stevensoniano tomemos apenas tres o cuatro fragmentos: “Es preferible que nuestros serenos templos queden desiertos a que se llenen de sacerdotes dedicados a traficar y a practicar juegos malabares” […] “Así, la suma del conocimiento o de la ignorancia contemporánea acerca del bien y del mal es, en gran medida, obra de quienes escriben” […] “En literatura, como en conducta, uno no puede esperar hacer siempre lo correcto. Todo cuanto se puede hacer es equivocarse lo menos posible, y para ello existe una sola regla: no hay que hacer deprisa nada que se pueda hacer despacio”. ¿Contemporáneo, no les parece? Por sus páginas asistimos a un espejo donde todavía se reflejan muchos de los claroscuros de la literatura de nuestro tiempo. Tras el deslumbramiento en torno al arte narrativo llegó, casi por compensación, un poemario del griego Yannis Ritsos. Desde 2007, la excelente editorial catalana El Acantilado, viene recuperando y traduciendo toda la serie completa de monólogos (soliloquios dramáticos) donde este autor trató de transmitir el pathos de la tragedia griega. Hasta la fecha se han publicado “Fedra”, “Sonata del claro de luna”, “Áyax” y “La casa muerta”, todos ellos en versión de Selma Ancira. El libro que nos ocupa es “Fedra” (El Acantilado, 2007). Para contextualizar el contenido del libro recordemos primero sucintamente el mito: Fedra era una princesa cretense, hija de Minos y de Pasífae, y hermana de Ariadna, que fue raptada por Teseo para casarse con ella tras abandonar a la hermana. Sin embargo, ella se enamoró del que era su hijastro, Hipólito, hijo de Teseo e Hipólita, reina de las Amazonas; pero éste rechazó las insinuaciones, por lo cual Fedra, despechada, lo acusó ante su padre de haber intentado violarla. Irritado Teseo, entregó a su hijo a la furia de Poseidón, de modo que éste resultó muerto. Llena de remordimientos, Fedra se suicidó, ahorcándose, al saberlo. En manos de Ritsos, este mito se transforma en un discurso a través del cual Fedra, única hablante, disecciona y desnuda sus propias fragilidades frente a la presencia muda, insoportablemente hierática, de un Hipólito seguro de sí mismo. En uno de sus muchos instantes memorables la princesa cretense increpará al joven: “Quizá algún día te enteres tú también (¿qué importancia tendrá entonces?)— de que nuestro dolor, hasta el más insignificante, nos atormenta mucho más que el dolor del mundo entero. Por lo demás, ¿qué dolor es pequeño?”. ¿Hay dolor pequeño? ¿Existe una jerarquía en los valores? Frente a las conscripciones sociales, Ritsos parece reivindicar la propia fragilidad y libertad individual, en contraste con la normatividad de los vigilantes de la moral y el orden. Un texto de gran calado subversivo en estos tiempos de cierto fundamentalismo religioso (cristiano e islámico, da igual), o  de cuestionamiento del orden moral postmoderno (el neoliberalismo burgués y su crisis del capitalismo globalizador), así como de tantos y tantos acabamientos que parecen salpicar hoy nuestras precarias vidas. Con Ritsos, el asombro, la incertidumbre y la rabia se instalaron en la planicie del verano, aunque (frente a la sentencia popular) tras la tormenta no llegó la calma. Quizá por eso se vino a sentar un texto de igual o, incluso, mayor capacidad turbadora. Estamos hablando de la primera (parece imposible que así sea) edición en España de “Operación Masacre” (451 Editores, 2009) del escritor argentino Rodolfo Walsh. Unas notas sobre el autor antes de adentrarnos en este libro. Walsh fue periodista y guerrillero, primer espada de la literatura policial argentina con títulos como “Variaciones en rojo” (1953), fundador de la Agencia Clandestina de Noticias (ANCLA) durante la dictadura de Videla, en cuyo período envió su ya tristemente famosa “Carta abierta de un escritor a la Junta militar” el 24 de marzo de 1977. Al día siguiente de aquella misiva, fue secuestrado por el ejército y aún hoy engrosa (como se nos comunica en la solapa del libro) las filas de los desaparecidos de la ominosa dictadura argentina. “Operación Masacre” fue escrita en 1957 y reconstruye literariamente unos crímenes de estado producidos en la Argentina de los años cincuenta, durante la llamada “Revolución libertadora” de Valle contra el gobierno de Perón. Se suele afirmar que el nuevo periodismo nació con “A sangre fría” (1966) del autor norteamericano Truman Capote. En ese libro ya canónico, por primera vez, las fronteras entre periodismo (información) y literatura (creación) quedaban definitivamente difuminadas, produciéndose un nuevo tipo de narrativa de gran potencia semántica e histórica. Pues bien, cada vez más críticos reconocen (al menos en al mundo hispánico) que la obra de Walsh se anticipó en diez años a los logros de Capote. En ella encontramos todos los elementos que después serían “seña de identidad” de ese nuevo periodismo encarnado en gigantes norteamericanos como el propio Capote o Norman Mailer. Verosimilitud, profundidad psicológica de los personajes, conexión con el marco social donde se inscribe la acción, rigor y calidad literaria, tramas novelescas… En este libro asistimos de forma sobrecogedora a la reconstrucción de una masacre clandestina de supuestos opositores a la “Revolución libertadora”, que nos sumerge en un thriller de intriga. El ritmo vertiginoso de la acción, la rotundidad y exquisitez de un lenguaje puesto en crisis de manera sorprendente, la hilatura novelesca de los personajes y las tramas, sus características psico-sociales, la contundencia de la veracidad de los hechos recuperados minuciosamente tras una investigación penosa y peligrosa, y la posición del autor en nada escapatoria y/o distante respecto de los hechos que narra, hacen de este libro una parada inexcusable, violenta, de la literatura latinoamericana del siglo XX. En Argentina es ya un texto clásico, precedente al boom, parada obligada de muchos de los que después serían y son narradores imprescindibles del panorama latinoamericano. Sin embargo en España todavía es un libro mal conocido. Los veranos son proclives al asombro, al encuentro fortuito con personas y paisajes que después nos dejan un recuerdo hondo, capaz de incendiar buena parte del tedio otoñal. Walsh es uno de esos recuerdos, amargo, desasosegante, pero recuerdo a fin de cuentas. Una de esas razones por las cuales al regreso seguimos leyendo con la misma devoción más allá del verano o más acá del invierno…

Published in: Reseñas | on Agosto 30th, 2009 | No Comments »

“No es suficiente ver de nuevo: también debemos crear”

Canciones del encantamiento

OKRI, Ben

La otra orilla, 2008

El título de esta entrada es el de uno de los últimos capítulos de Canciones del encantamiento (1993), de Ben Okri (1959), y expresa con inaudita transparencia la finalidad última de su narrativa. Según parece, a este cada vez más reputado escritor nacido en Nigeria no le gusta que lo cataloguen como una versión africana del realismo mágico americano, pero sin duda alguna se trata de una etiqueta intuitiva que ayuda a comprender el alcance de su obra literaria.

Okri lleva los últimos treinta años de su vida en Inglaterra. En la actualidad es miembro de la Royal Society of Literature y vicepresidente del English Centre of International PEN. Naturalmente, escribe en inglés y su factura literaria es la propia de cualquier escritor occidental. Sin embargo, la fuerza de su prosa, los resquicios irracionales de su estilo y la belleza subyugante de sus imágenes ponen de manifiesto sus raíces y su inspiración africana. No en vano pasó una infancia muy dura y parte de su juventud en Nigeria.

En Canciones del encantamiento, Okri retoma los personajes y el mundo de El camino hambriento, su novela más leída (y reconocida, por cierto, con el prestigioso Booker Prize). Entre los vivos y los muertos se mueve el niño-espíritu Azaro, que actúa de narrador y da unidad al leve hilo argumental que sostiene esta compleja textura narrativa en la que bestias, hechiceros y paisajes entre naturales e imaginados van conformando una elaborada mitología de la violencia, la miseria y la corrupción, pero también del amor, la comprensión y la amistad. En la novela chocan, por lo tanto, dos planos: lo real (la sangrienta guerra civil entre etnias y bandos irreconciliables) y lo mágico (la encarnizada lucha cósmica entre el bien y el mal). Y de esta tensión entre lo local y lo eterno se deriva la potente universalidad de la obra.

No obstante, por atroz que sea la tragedia, por cruel que sea la mano del hombre y por desesperanzada que parezca la historia de Nigeria (y, por extensión, del mundo contemporáneo), en el fondo Ben Okri, a través de Azaro, nos está advirtiendo de que “quizá algún día veamos que tras nuestro caos puede haber siempre un nuevo rayo de luz”.

Published in: Narrativa, Novela, Reseñas | on Agosto 24th, 2009 | No Comments »

ARACNÉ Ó LA TEORÍA DE LA HILACHA

ana_gorria.jpgAraña

GORRÍA, Ana

El Gaviero, 2005

Juan Eduardo Cirlot en su Diccionario de Símbolos decía que “hilar”, históricamente, se asoció a la acción de crear, mantener la vida. Por eso, las hilanderas que perdían sus madejas sufrían de tristezas y censuras. Pero si echamos la mirada hacia el pasado, el mito que más poderosamente ha influido en la configuración del arte de tejer como arte de la vida fue el de Aracné. Ya saben, esa gran tejedora que alardeó de ser más habilidosa que Atenea. Por eso la diosa ofendida organizó un concurso entre la dos, pero el tema elegido por Aracné, los amores de los dioses, resultó ofensivo a los ojos de la diosa, lo que hizo que Atenea la transformase en una araña. No voy a ahondar más en este mito porque, a quién le interese, nuestra autora le dedica un magnífico epílogo en el libro que nos ocupa. Ahora bien, hay un aspecto dentro del texto que, a mi juicio, presenta una poderosa novedad frente a otros acercamientos más o menos conocidos a la vez que se constituye en piedra de toque del mismo. Ana Gorría en Araña, lejos de tejer un discurso firmemente hilvanado, corriente continua de un pensar poético acumulativo, nos deslumbra con la articulación madura de hilachas (agrupadas en siete secciones: Como comer arcilla, El cielo en construcción, Luz no usada, Texturas, Y de pronto anochece, La ley del plomo, y una séptima sin título) cuya potencia semántica y expresiva duplica, con mucho, el carácter ordenado de la hilatura. Recordemos la definición que nos ofrece el D.R.A.E. antes de explicar esto con más detalle: f. Pedazo de hilo que se desprende de la tela. f. Porción insignificante de algo. f. Resto, residuo, vestigio. La voz de Ana Gorría no se comporta como una inteligencia omnívora y totalizadora. Sabe que la realidad actual es porosa, atravesada de inconsistencias, fragilidades, cuya traducción poética desborda los límites, más o menos trillados, del decurso ordenado. Lo rizomático, lo fragmentario, lo desasido muestran con más claridad aquello que hoy parece emboscarse detrás de la realidad objetiva y subjetiva. Por eso, frente a la hilatura, Ana Gorría parece decantarse por la hilacha. Poemas breves, intensos, muy condensados, que se proyectan en su significación más allá de lo aparente: “La opacidad, / morir en el silencio, / parpadear lentamente, / no ver nada. / Saber del desarraigo. / Retrasarse / en alfabetos rotos.” La hilacha se transforma así, en manos de esta poeta, en un camino indagatorio de gran hondura a pesar de su aparente fragilidad. Araña, Aracné, que es la propia autora o cualquiera de nosotros, se comporta como ser consciente que interroga (al mundo, a sí mismo), pero sabe de la debilidad de su instrumento cognitivo. De ahí la hilacha, de ahí el poema anoréxico, adelgazado. Sin retóricas, sin estertores, el poemario avanza en un proceso continuo de acendramiento cuyo fondo es la propia levedad, la propia debilidad y todos los fantasmas que habitan el ser humano. “Límite entre lo orgánico y lo otro, la araña, la hilandera, no lleva a cabo un producto ajeno en su obra, se lleva a cabo en la actividadrealizada, metáfora, de algún modo, de sí misma.”

Pero Araña es mucho más. Tomado como itinerario cultural, por él atravesamos el Land Art (Richard Long, Robert Smithson) y su mirada preciosista, reinterpretativa de la naturaleza, convertida no ya en escenario o espectáculo, sino en protagonista del propio quehacer artístico. Descubrimos autores poco o nada conocidos en nuestro país como Milan Rufus, Louise Bourgeois, Mariano Brull, Anne Carson. Visionamos las películas de la belga Marion Hänsel e, incluso, volvemos una y otra vez a la inolvidable Blade Runner. Nos dejamos abrasar por la música apasionada de Rimski-Kórsakov y nos dejamos seducir por las reflexiones filosófico-lingüísticas de Paul Ricoeur. En definitiva, una pléyade, una juntura de hilachas que muestran la riqueza de tonalidades y “texturas” intelectuales de la poeta Ana Gorría. Un estupendo libro lleno de verdad y emoción lírica que no se agota con su lectura, sino que vuelve, una y otra vez, en forma de eco y de perplejidad.

Published in: España, Poesía | on Agosto 13th, 2009 | No Comments »