La belleza de las matemáticas y la emoción de la literatura
La fórmula preferida del profesor
OGAWA, Yoko
Funambulista, 2008
Muy pocas personas no despiertan a la emoción de la literatura, pero muchas no encuentran nunca la belleza de las matemáticas aunque resuelvan con solvencia las operaciones sencillas que exige el día a día en la vida cotidiana. Afortunadamente, La fórmula preferida del profesor, de la novelista japonesa Yoko Ogawa (1962), no sólo gustará a los amantes de la literatura: fascinará por igual a quienes adoran las matemáticas y a quienes las evitan.
Una asistenta empieza a trabajar para un profesor de matemáticas cuya memoria sólo dura ochenta minutos después de que, siendo joven, sufriera un accidente de tráfico. Lo que al principio es una relación estrictamente profesional va poco a poco convirtiéndose en una amistad entrañable de la que también pasa a formar parte el hijo de la asistenta. Dos vínculos los une: la teoría de números, el campo más abstracto de las matemáticas, y el béisbol, verdadero fenómeno de masas en Japón.
La simplicidad desarmada y ajena a cualquier tipo de retórica de La fórmula preferida del profesor puede resultar engañosa, pues aquí vale más lo que apenas se sugiere que lo que se menciona expresamente. Y en este sentido lo más admirable de Ogawa es cómo sortea el peligro del sentimentalismo para acercarnos a la emoción pura. Del mismo modo que al contemplar un fenómeno matemático, tras la serenidad inicial ante su aparente equilibrio, vienen primero el estupor y después el escalofrío que provoca su belleza, en esta novela, tras el haz de un argumento sencillo y un estilo desnudo, se oculta el envés de una arquitectura muy pensada, ejecutada con calculada precisión, en la que palpita un torrente de sentimientos complejos y a veces contradictorios.
El mundo ideal, transparente y esquivo de las matemáticas está muy alejado de la realidad convulsa, improvisada e intensa que vivimos. También lo está, como cualquier deporte, el béisbol, que en un partido cifra el dilema existencial entre la victoria y la derrota, entre la vida y la muerte, entre la memoria y el olvido. Y quizá el denodado esfuerzo en la creación estética no sea sino otro intento paralelo más de superación de las limitaciones y miserias de este mundo.


