Archive for Septiembre, 2009

La belleza de las matemáticas y la emoción de la literatura

La fórmula preferida del profesor

OGAWA, Yoko

Funambulista, 2008

Muy pocas personas no despiertan a la emoción de la literatura, pero muchas no encuentran nunca la belleza de las matemáticas aunque resuelvan con solvencia las operaciones sencillas que exige el día a día en la vida cotidiana. Afortunadamente, La fórmula preferida del profesor, de la novelista japonesa Yoko Ogawa (1962), no sólo gustará a los amantes de la literatura: fascinará por igual a quienes adoran las matemáticas y a quienes las evitan.

Una asistenta empieza a trabajar para un profesor de matemáticas cuya memoria sólo dura ochenta minutos después de que, siendo joven, sufriera un accidente de tráfico. Lo que al principio es una relación estrictamente profesional va poco a poco convirtiéndose en una amistad entrañable de la que también pasa a formar parte el hijo de la asistenta. Dos vínculos los une: la teoría de números, el campo más abstracto de las matemáticas, y el béisbol, verdadero fenómeno de masas en Japón.

La simplicidad desarmada y ajena a cualquier tipo de retórica de La fórmula preferida del profesor puede resultar engañosa, pues aquí vale más lo que apenas se sugiere que lo que se menciona expresamente. Y en este sentido lo más admirable de Ogawa es cómo sortea el peligro del sentimentalismo para acercarnos a la emoción pura. Del mismo modo que al contemplar un fenómeno matemático, tras la serenidad inicial ante su aparente equilibrio, vienen primero el estupor y después el escalofrío que provoca su belleza, en esta novela, tras el haz de un argumento sencillo y un estilo desnudo, se oculta el envés de una arquitectura muy pensada, ejecutada con calculada precisión, en la que palpita un torrente de sentimientos complejos y a veces contradictorios.

El mundo ideal, transparente y esquivo de las matemáticas está muy alejado de la realidad convulsa, improvisada e intensa que vivimos. También lo está, como cualquier deporte, el béisbol, que en un partido cifra el dilema existencial entre la victoria y la derrota, entre la vida y la muerte, entre la memoria y el olvido. Y quizá el denodado esfuerzo en la creación estética no sea sino otro intento paralelo más de superación de las limitaciones y miserias de este mundo.

Published in: Narrativa, Novela, Reseñas | on Septiembre 26th, 2009 | No Comments »

Hombre enfermo, pianista genial, legado imperecedero

Vida y arte de Glenn Gould

BAZZANA, Kevin

Turner, 2007

Entre los muchos personajes reales que pueblan la narrativa de Thomas Bernhard hay uno especialmente singular: Glenn Gould (Toronto, 1932-1982). En efecto, como el propio Bernhard, si en la segunda mitad del siglo XX hay alguien artísticamente indiscutible, aunque polémico; de salud difícil y precaria, aunque de carácter superviviente; y elusivo y misterioso, aunque en el fondo afable y bromista, ése es Gould, cuya inquietante figura resplandece como paradigma del genio en El malogrado.

Sobre este pianista canadiense se han escrito muchas páginas y se han rodado muchos metros de película, si bien, como suele suceder, lo más elocuente para acercarse a él es escuchar sus imperecederas grabaciones de la obra de Johann Sebastian Bach, Johannes Brahms o Arnold Schönberg. Y, por supuesto, también ahora, leer la extraordinaria biografía Vida y arte de Glenn Gould, en la que Kevin Bazzana consigue lo más difícil: desentrañar el itinerario vital de uno de los músicos más importantes de la historia haciendo comprender al lector quién fue y cómo era.

Fue un pianista excepcional que destacaba por su técnica prodigiosa, su capacidad para hacer cantar su instrumento (mientras él mismo también cantaba) y su inteligente (y discutible) revisión de algunas tradiciones interpretativas. Era una personalidad compleja, tanto para sus conocidos como para el mundo entero, que no cedía en su asombro ni cuando lo veía contorsionándose sobre el teclado desde su silla de patas cortadas ni cuando decidió retirarse de los escenarios para consagrar su arte a la industria discográfica. Era capaz de ir embozado en abrigo, bufanda y gorro hasta en verano, horrorizado ante la menor posibilidad de coger un resfriado y que consumía medicamentos de toda clase. Y fue un comunicador sugestivo e irrepetible, que creó innovadores programas de radio; por ejemplo, La idea del Norte, en la que diversas voces van entrando paulatinamente como sujetos y contrasujetos en una fuga.

Para acercarnos a este artista fascinante, Bazzana nos aproxima también a todo lo que rodeaba a Gould: el Toronto conservador del primer tercio del siglo XX y el ambiente familiar protector en que vivió su infancia; la importancia de su profesor, el chileno Alberto Guerrero, y sus proyectos con otros artistas, como Leonard Bernstein, o su pasión por compositores contemporáneos, como Paul Hindemith, Alban Berg o Ernst Krenek.

Published in: Ensayo, Reseñas | on Septiembre 12th, 2009 | No Comments »