Archive for Noviembre, 2009

Sangre, sexo, política y exotismo

Un reptil por habitante

Anannisoh, Théo

Alpha Decay, 2009

Théo Ananissoh es un profesor togolés que vive en Alemania (trabaja como profesor de Literatura Africana en la Universidad de Colonia) y escribe en francés. La editorial Alpha Decay ha tenido a bien publicar ésta su segunda novela corta, que apareció el año pasado en Continents Noirs, una colección de la editorial Gallimard que recoge nuevas voces narrativas de procedencia africana.

En las apenas cien páginas del libro encontramos un vigoroso y exótico cóctel de sangre (un asesinato es el eje argumental de la novela), sexo (las aventuras de alcoba del protagonista) y política (la convulsa situación del imaginario país del África tropical donde transcurre la acción).

Sin tregua, en secuencias de unas pocas páginas, seguimos el asesinato del general Katouka, un importante preboste del ejército que detenta el poder en el país. Nos lleva de la mano Narcisse, el protagonista, profesor de un Liceo y activo amante, que por casualidad se ve implicado en el descubrimiento del cadáver. Pero la trama inicial de novela negra, de asesinato sin autor y crimen debidamente oculto, abre la caja de los truenos: una operación de depuración política en el país y acusaciones de alta traición. Todo derivará en un intento de golpe de estado y disturbios en las calles; bajo un argumento policiaco más o menos convencional se camufla una profunda crítica social de la situación de un país cualquiera del África subsahariana.

Entre los aciertos de la obra está su estilo ágil y fluido, que utiliza hábilmente la elipsis intersecuencial, el dinamismo en el cambio de escenarios y el uso del diálogo con inteligencia. Por el contrario, quizá la perspectiva y elección del narrador no sea muy acertada. Parece imposible que un alumno de Narcisse, encargado de contar la historia, pueda conocer las inquietudes tan íntimas del profesor, su activa y clandestina vida sexual y la trama del asesinato con tanto detalle.

Con todo, lo más interesante es el último tercio de la novela, cuando la narración se entremezcla con el retrato del país y la reflexión sobre las causas que lo han llevado a su situación de populismo y dictadura, diseccionando su descomposición social. También el final, inexorable y suspendido en el abismo de un callejón sin salida, de un país que alberga un reptil por habitante, en el que todos son cómplices y a la vez víctimas de los que están encima de la pirámide. Justo entonces, apenas Zupitzer, un compañero de Narcisse, se erige en justiciero, en vengador, en suicida dispuesto al sacrificio baldío, aunque una muerte no cambiará las cosas, igual que un ladrillo menos no hará caer la estructura.

“África bulle de traidores como un animal podrido. Castigarlos, suprimirlos… Porque le quitan a la vida colectiva todo su sentido, anulan una sociedad.”

Published in: Narrativa, Novela, Reseñas | on Noviembre 22nd, 2009 | 1 Comment »

En el origen fue el Bien

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Las linternas flotantes

ROFFÉ, Mercedes

Bajo la luna, 2009

Más que una reseña se trata de un adelanto. El pasado cuatro de noviembre se presentó en Buenos Aires (en el barrio de San Telmo) el nuevo libro de la argentina Mercedes Roffé que, muy pronto, llegará a las librerías españolas de la mano del sello Bajo la luna. Para quiénes anden despistados decirles que esta editorial constituye una referencia ineludible dentro del panorama argentino y latinoamericano, con nombres que van de César Aira a José Watanabe, pasando por Alda Merini, María Negroni, Lorenzo García Vega y un largo etcétera de autores de ancho registro. Pues bien, en ese marco podemos contextualizar el nuevo y desasosegante poemario de Mercedes Roffé.

Empezaremos diciendo que Las linternas flotantes es un libro-poema. Una torrentera que va desnaciéndose de los efectos a las causas en un viaje germinal de enorme potencia simbólica. Porque antes que nada, este libro parece un llamado desolador sobre las infamias del mundo que se proyectan ante nosotros. La poesía de Mercedes Roffé huye de lo figurativo, evita poner un rostro específico a las cosas pues prefiere rondar lo oculto, rebuscar la verdadera faz del dolor detrás de la apariencia de lo real. Toda la primera parte del poema-libro se articula en torno a la consciencia del mal, la notación exacta de lo abyecto y su impacto sobre la vida. La poeta no levanta distancias entre esa realidad y ella, muy al contrario, se funde, evita la evitación y sabe de su completa residencia en ella: No hay distancia / Soy ella / soy la insomne / la reencontrada maltratada en el desierto / soy sus ojos / soy su espejo / soy su distancia de mí y de sí misma. Cada verso es un zarpazo lacerante que nos desvela la auténtica dimensión del derrumbe ético y social. Ahora bien Las linternas flotantes es, ante todo, un viaje interior-exterior hacia el Bien, hacia las parcelas intocadas de lo humano que pueden reverdecer en forma de liberación o, simplemente, de consciencia.

Sin embargo la consciencia es un hábito que se trabaja. La consciencia no parece ser un don ni una operación epidérmica. Lejos de este aserto, el viaje que late detrás de las Linternas flotantes supone una verdadera vivisección interior (individual y colectiva) hacia las entrañas de lo intocado. Por ahí camina toda la segunda parte del libro. Porque sólo desde la contemplación del origen y su desnudez es posible la expiación. Poesía-llama que va hacia el adentro sin olvidar el afuera. Poesía-llama que repite y repite (multiplica) las palabras como conjurándolas contra su desgaste. Poesía-llama que aprieta los nombres, los lanza, los proyecta contra el lector que deja (por un instante) de ser lector para fundirse en ese cuerpo. Si alguna virtud atesora este libro (y son muchas) sería el perfecto ensamblaje entre emoción y hallazgos estilísticos. Ningún poema desfallece. Ninguna fase del texto traiciona su mecanismo original: seguir buceando en apnea hasta las fuentes del Bien. Porque Mercedes Roffé no se deja atrapar por el nihilismo ni por el acabamiento de los grandes relatos. Ella refuerza el “gran relato” del ser humano en su propia consciencia viva (ya sea precaria o generosa).

Les dije que ésta no iba a ser una reseña sino más bien un adelanto. Déjenme pues que haga, si quiera por un momento, de antólogo. Aquí les dejo algunos versos que anticipan este magnífico libro:

Residir la vida toda en duermevela.

*

Residamos la noche en el seno urgente del día

*

Porque el Ángel vigila.

Vela.

Alerta está sobre un costado del hombre.

Ángel-lechuza.

Sutil está.

Ve sin ser visto.

Trabaja.

Los ángeles trabajan.

A veces

una bala perdida los hiere

—primero a ellos—

luego se abre camino y mata.

*

Somos aún ese alba.

*

No hay traducción posible.

—o sí la hay:

de lo uno a sí mismo,

de lo uno a aquello que tantea y vence

de lo que sabe de sí

—su pobre imperio.

*

Tú en la guerra

Tú en la miseria

Tú apedreador

Tú constructor de casas

Tú que insistes en que busquen tu nombre

en el registro de lo humano

Tú que buscas o finges que buscas un nombre que no encuentras

Tú que sabes que te humillan hasta cuando pronuncian tu nombre

Dime que la gracia

al menos

no nos separa

*

Otro tono. Otra

modulación de la luz.

Allá en origen.

Después no me digan que no les avisé.

Published in: Argentina, Poesía, Reseñas | on Noviembre 12th, 2009 | No Comments »

Hiroshima y los sueños del futuro

Lluvia negra

IBUSE, Masuji

Libros del Asteroide, 2007

Recuerda el escritor mexicano Jorge Volpi en su desesperanzado prólogo a Lluvia negra, del japonés Masuji Ibuse (1898-1993), que hemos sido capaces de repetir Auschwitz, pero Hiroshima y Nagasaki no, “todavía”. Ojalá ese “todavía” sea “nunca”, porque cuando la bomba atómica cayó sobre Hiroshima el 6 de agosto de 1945 y, tres días después, sobre Nagasaki, la historia del ser humano cambió para siempre. A partir de ese momento, tras el horror del paisaje calcinado, del espanto de los cuerpos carbonizados y de la agonía de la muerte demorada por la radiación, nuestra especie aprendió una verdad aterradora: podía aniquilarse a sí misma con sólo pulsar un botón y esperar el silencio eterno.

Para Ibuse, sobrevivir no está muy lejos de haber muerto. Por eso esboza en Lluvia negra la historia de los Shizuma, una familia de un pueblo cercano a Hiroshima que, pese a sobrevivir a la bomba atómica, queda marcada para siempre por una precisa cartografía de la devastación, a caballo entre la enfermedad del cuerpo y la mutilación del alma. Shigematsu, porque resulta herido y manifiesta leves síntomas de la “enfermedad de la radiación”; su mujer Shigeko, porque asiste a los escenarios de la destrucción con aparente estoicismo; y su sobrina, Yasuko, en edad casadera, porque vive asediada por la incertidumbre después de que la lluvia tóxica le manchara la piel.

Aunque una parte mínima de la novela tiene como voz a un narrador omnisciente, lo más importante es el protagonismo de las palabras de las víctimas, ya sean las de Shigematsu o las del soldado Iwatake en su carta después de curarse milagrosamente. Esta vertiente testimonial de la novela, que no ahorra detalles por crueles, inhumanos y duros que parezcan, lejos de ser un lastre para la narración le otorga una terrible sobrecarga de realidad y crudeza que nos desarma como lectores, nos sobrecoge como personas y nos rebela contra la condición humana.

No deja de ser curioso comprobar cómo Ibuse, que trabajó como propagandista al servicio del gobierno japonés durante la II Guerra Mundial, utilice como detonante del relato el intento de Shigematsu de acallar los rumores sobre la salud de su sobrina. Al final lo de menos es maquillar la verdad o la mentira y averiguar si huyen o no todos los pretendientes de Yasuko. En el fondo, con Hiroshima ya se han hecho trizas todos los sueños del futuro.

Published in: Narrativa, Novela, Reseñas | on Noviembre 6th, 2009 | No Comments »