Cajón desastre

Soy una caja

CARRERO, Natalia

Caballo de Troya, 2008

Debuta Natalia Carrero con esta novela siguiendo una premisa clara que siembra en una de sus páginas: “tú, lector del siglo XXI, observas las huellas que voy dejando en el papel y con ellas te formas una idea que nada tiene que ver con lo que te cuento”.

En primera persona, la narradora y coprotagonista, Nadila, es una insegura escritora primeriza que quiere crear y confía en la fuerza imparable de la literatura. Un día encuentra casualmente un libro de Clarice Lispector y la prosa de la escritora brasileña la atrapa irremisiblemente. También la fascinación por la mujer que está detrás del texto, por la creadora y por sus circunstancias vitales. A raíz de este acercamiento ambas mantendrán tres sustanciosos diálogos sobre vida y literatura.

Nadila busca conocerse a través de la inmersión en la obra y biografía de Lispector, y cualquier soporte es útil para lograrlo. Precisamente por eso en el interior de este libro caben desde textos de correos electrónicos, hasta fotografías de cajas decoradas, pasando por cartas, dibujos esquemáticos, notas manuscritas y minipoemas. Es esta “novela posmoderna”, un collage, un trasunto de ficción, biografía ajena y autobiografía propia dominada toda ella por el fragmentarismo y la introspección. Autobiografía porque Nadila es un alter ego de la propia Natalia Carrero, biografía porque sigue episódicamente la vida de Lispector y realismo mágico en los ya mencionados diálogos entre ambas o en las apelaciones a los lectores.

“Soy una caja” es para muchos críticos una de las más destacadas novedades del pasado año, “una novela del siglo XXI”. Ciertamente así parece, pues muchas de las narraciones que reciben este calificativo son, por lo general, obras en las que la historia no importa, en las que no hay trama. En la caja de estas novelas posmodernas hay sitio para muchas cosas, albergando en su interior materiales gráficos y materias primas narrativas, pero el hilo argumental no aparece por casi ningún lugar, carecen de historia. Eso mismo ocurre en este caso.

Se agradece la audacia de tratar de romper fronteras entre ficción y realidad (narrar de otra forma es posible), pero el texto resulta desigual y alterna momentos de intensidad (por lo general relacionados con las circunstancias biográficas de Lispector) con pasajes tediosos, protagonizados generalmente por Nadila y sus reflexiones. Es lo que tienen las cajas: en ellas cabe casi de todo, pero luego las cosas pueden salir algo dañadas si no se colocan siguiendo algún orden o criterio, más allá de la hagiografía como eje conductor.

Published in: Sin categoría | on Diciembre 2nd, 2009 |

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