Archive for Enero, 2010

Por la puerta grande

Raymond CarverTodos nosotros

CARVER, Raymond

Bartleby Editores, 2007

Pese al reconocimiento y la admiración creciente que ha despertado la obra narrativa de Raymond Carver (1938-1988) en los últimos veinticinco años, puede decirse que no ha ingresado en el canon de la literatura contemporánea de los Estados Unidos hasta agosto de 2009, con la publicación completa de sus relatos en la Library of America, donde por fin su pluma inconfundible se codea con la de Nathaniel Hawthorne, Henry James, William Faulkner o Saul Bellow.

En sus más de treinta años de vida literaria, Carver fue más que un gran narrador: fue también un enorme poeta. O, mejor dicho, fue siempre poeta, un poeta que unas veces escribía en verso y otras veces, en prosa. Por eso hay que agradecer a Bartleby Editores y al traductor Jaime Priede su generosidad al ofrecernos un regalo de los que llegan pocas veces en la vida de un lector: Todos nosotros, una edición bilingüe que recoge los cuatro libros de poesía de Carver y que se basa, a su vez, en la recopilación que hizo su mujer, Tess Gallagher, de sus versos en 1996 bajo el título All of us.

La poesía de Carver es poesía, sobre todo, porque no lo parece:

Si no tengo suerte, si no la merezco, bueno,
me tendré que ir sin decir adiós ni darle la mano a nadie.
Sin poder decirte lo mucho que te quise y lo mucho que disfruté
de tu compañía todos estos años. Quiero que sepas
que fui feliz contigo.
Y recuerda que te dije esto hace tiempo, en abril de 1984.
Pero alégrate por mí si puedo morir en presencia
de mis amigos y de mi familia. Si es así, créeme,
salí de mi vida por la puerta grande. No perdí esta vez.

Cuatro años después de escribir estos versos pertenecientes al poema “Mi muerte”, Raymond Carver fallecía en su casa de Port Angeles, Washington, vencido finalmente por el cáncer. Junto a él estaba Tess Gallagher, a quien había conocido diez años antes y con la que se había casado hacía apenas seis semanas.

Como era de esperar en alguien que luchaba por sobrevivir al alcoholismo y la bancarrota, la muerte tenía que ser uno de los ejes primordiales de su poesía. No sólo de los últimos poemas y, en general, de Un sendero nuevo a la cascada, el magnífico libro en el que Carver trabajó al final de su vida y fue publicado póstumamente. Está presente en sus innumerables poemas sobre el alcoholismo (”Vino”), la soledad (”Miedo”), el amor (”Mi mujer”), la caza (”Límites”), la escritura literaria (”Tu perro se muere”) o las relaciones entre padres e hijos (”La cartera de mi padre”). Y la muerte es también el mejor pretexto posible para darle la vuelta al tópico latino del Ubi sunt? (”Dormir”).

Pero, al final, cuando llega la muerte, lo importante es haber amado la vida y a quienes la han compartido con nosotros, como en el poema “Cierras la puerta por fuera, luego tratas de entrar”:

Me quedé allí un rato bajo la lluvia.
Me consideraba el hombre más afortunado del mundo.
Incluso cuando me pasó por encima una ola de pena.

O en “Último fragmento”, inscrito como epitafio en la tumba de Carver:

¿Y conseguiste lo que
querías en esta vida?
Lo conseguí.
¿Y qué querías?
Considerarme amado, sentirme
amado sobre la tierra.

Published in: EEUU, Poesía | on Enero 25th, 2010 | No Comments »

Construyendo país lejos de Euzkadi

La patria de todos los vascos

ZALDUA, Iban

Lengua de trapo, 2009

“Al nacionalista le obsesiona la idea de que el pasado puede ser alterado. Malgasta parte de su tiempo en un mundo de fantasía en el que los hechos ocurren tal como deberían haber ocurrido”. George ORWELL

Esta cita, que abre el libro, guía los pasos de esta “nouvelle” de Iban Zaldua, una de las voces más pujantes de la literatura vasca actual, junto con Unai Elorriaga, autor de “Tranvía a SP” y el recientemente galardonado Kirmen Uribe, cuyo nombre saltó a los medios por ser el autor del poema que leyó Patxi López en su toma de posesión como Lehendakari, amén de obtener el Premio Nacional de Narrativa en 2009.

Joseba Anabitarte es un profesor que decide aceptar un puesto temporal durante un semestre en la Universidad de Anchorage (Alaska) para impartir a una docena de estudiantes la asignatura de “Introducción a la historia y cultura vascas”. Este exilio voluntario le permitirá aislarse de las tribulaciones políticas de su tierra. Tras la desidia inicial, y un poco por diversión, irá entusiasmándose con el temario hasta crear una historia alternativa anclada en la ficción, más propia de un nacionalista desquiciado y megalómano (y tremendamente cáustico) que de un serio y riguroso profesor universitario.

El asunto tiene su gracia pues con un humor corrosivo y certero, el retrato histórico del País Vasco resulta grotesco, a pesar de acumular tópicos euskaldunes y ser en ocasiones algo liviano y superficial. Ejecutada con ingenio y agilidad, algunos episodios como el divertido retrato del alumnado extranjero fascinado con la mitología euskalduna y el desarrollo de la programación de la asignatura son buenos ejemplos del enfoque humorístico del libro.

En definitiva, una novela corta en la que toda la trama, incluido el giro argumental de la última parte, no es más que la metáfora de esa distorsión de la realidad que todos y cada uno de nosotros tenemos hacia nuestra patria, con todos los condicionamientos del caso vasco en este caso, claro está, pues Iban Zaldua también es profesor de la Universidad del País Vasco y, sin duda, sabe de lo que habla.

Published in: Sin categoría | on Enero 17th, 2010 | No Comments »

Dos libros para aprender a “leer”

resena-conjunta.JPGEscribir un poema

GARCÍA, Eduardo

Ediciones y Talleres de Escritura Creativa Fuentetaja, 2003

Un pistoletazo en medio de un concierto: Acerca de escribir de política en una novela

GOPEGUI, Belén

Editorial Complutense, 2008

A veces las cosas no son lo que parecen. A veces resulta que los libros que se dirigen a futuros escritores desbordan sus propios objetivos y acaban depositándose en la antesala de la lectura, de la simple lectura. A veces incluso el arte de escribir transmuta en el arte de leer, un desafío mucho más audaz, necesario y difícil que la propia creación. A veces los libros orientados hacia la técnica acaban por desvelar el misterio de la mirada, el sentido íntimo de la contemplación. Esto es lo que sucede, a mi juicio, con los dos textos que reseñamos hoy.

Se trata de propuestas muy distintas. En el primero el excelente poeta Eduardo García desmenuza sin ampulosidad los fundamentos del arte poético, de tal modo que cualquier potencial autor puede a través de sus páginas bucear en las contradicciones, tensiones, hábitos e, incluso, atajos por donde transcurre la labor lírica. El segundo de los textos es una conferencia pronunciada por Belén Gopegui en la Universidad de California en 2006, donde la narradora madrileña, emboscada tras la máscara de un joven militante revolucionario, da buena cuenta de las dificultades y necesidades de hablar de política en la novela. A priori nada parece unir estos dos libros. Nada parece orientarlos hacia el arte de la lectura. Sin embargo, tal y como ha sugerido Vicente Luis Mora en su estupendo libro “Pasadizos” (Páginas de Espuma, 2008), existen vasos comunicantes inconscientes entre distintas manifestaciones artísticas. En este caso, Eduardo García y Belén Gopegui más que radiografiar desde la perspectiva del escritor aspectos técnicos, dibujan todo un mapa sobre el hecho lector, sobre la necesidad de rigor en el propio ejercicio de lectura, sobre la necesidad de “ampliar” el espectro y la mirada, rescatando muchas laderas de la realidad o la imaginación escondidas o, en ocasiones, erosionadas por una educación y un pensamiento hegemónico contrario a la propia complejidad del hecho literario. Me explicaré. En su libro Escribir un poema más allá de ofrecernos una guía (que también) sintética de las herramientas conceptuales disponibles para un potencial escritor, lo que emerge es toda una panoplia de posibilidades para “descubrir” lo poético, desterrado de la temible educación “acumulativa” recibida en las aulas. Frente al poema entendido como acertijo, como objeto para iniciados, Eduardo García reivindica su carácter emocional, visual, contemporáneo y directo. La poesía no se trata de un conciliábulo para minorías, porque se proyecta hacia un campo de juego lleno de posibilidades para cualquier lector. Es, ante todo, un texto orientado a la difusión de la palabra poética y hacerla accesible a todos aquellos que deseen bucear en ella. Se evita lo retórico, lo afectado, para entrar de lleno en el mundo de la palabra libre de prejuicios y volcado hacia una generosidad de taller. El misterio de la escritura poética se pone al alcance de todos nosotros. En el mismo sentido pero en un eje conceptual diferente, Belén Gopegui, más que reivindicar (que también) la necesidad de construir propuestas narrativas que vuelvan a repensar lo político dentro de lo artístico, lo que esboza es un modo de volver a mirar la novela. A través de su intervención descubrimos hasta qué punto un personaje no es algo inocuo, alejado de su contexto. Hasta qué punto la arquitectura narrativa, la elección de las situaciones, los referentes literarios, el tipo de héroe no son meros aciertos (o desaciertos) estilísticos. Está en juego toda una concepción del mundo que habitamos y por eso es necesario posicionarse como escritores pero también como lectores.

La lectura tampoco se trata de un acto inocuo. Al elegir qué libro leemos estamos escogiendo un mundo, estamos optando por comprender o enceguecer, por huir o ser partícipes, por impregnarnos de la complejidad de lo existente o por escondernos detrás del puro placer. Decir esto no es elegir entre realidad o ficción, entre razón o emoción, ni tampoco entre estéticas realistas o imaginativas. Lo que estamos diciendo es que “la lectura”, implica un acto creativo tan importante como el propio ejercicio de escribir, y estos dos textos ponen encima de la mesa hasta dónde esta aseveración es algo más que una frase más o menos ingeniosa. Por encima de escritores una sociedad necesita lectores, buenos lectores, atentos a las tensiones de lo vivo pues no se crean que es fácil ser un buen lector. Se requiere esfuerzo, tiempo, apertura intelectual, curiosidad, disciplina, rigor, sentido crítico, generosidad… En contraprestación la lectura nos regala placer, deleite, comprensión, amplificación de la experiencia, conocimiento de lo extraño, desborde de nuestros propios límites, memoria de nosotros mismos. Eduardo García y Belén Gopegui parecen ayudarnos (o, al menos, esa ha sido mi interpretación) en este ejercicio y por eso su lectura, más que recomendable para futuros escritores, se hace necesaria para nosotros, lectores, necesitados de afianzar esta labor tan precaria pero a la vez tan imprescindible.

Published in: España, Reseñas | on Enero 7th, 2010 | No Comments »