Archive for the 'Argentina' Category

En el origen fue el Bien

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Las linternas flotantes

ROFFÉ, Mercedes

Bajo la luna, 2009

Más que una reseña se trata de un adelanto. El pasado cuatro de noviembre se presentó en Buenos Aires (en el barrio de San Telmo) el nuevo libro de la argentina Mercedes Roffé que, muy pronto, llegará a las librerías españolas de la mano del sello Bajo la luna. Para quiénes anden despistados decirles que esta editorial constituye una referencia ineludible dentro del panorama argentino y latinoamericano, con nombres que van de César Aira a José Watanabe, pasando por Alda Merini, María Negroni, Lorenzo García Vega y un largo etcétera de autores de ancho registro. Pues bien, en ese marco podemos contextualizar el nuevo y desasosegante poemario de Mercedes Roffé.

Empezaremos diciendo que Las linternas flotantes es un libro-poema. Una torrentera que va desnaciéndose de los efectos a las causas en un viaje germinal de enorme potencia simbólica. Porque antes que nada, este libro parece un llamado desolador sobre las infamias del mundo que se proyectan ante nosotros. La poesía de Mercedes Roffé huye de lo figurativo, evita poner un rostro específico a las cosas pues prefiere rondar lo oculto, rebuscar la verdadera faz del dolor detrás de la apariencia de lo real. Toda la primera parte del poema-libro se articula en torno a la consciencia del mal, la notación exacta de lo abyecto y su impacto sobre la vida. La poeta no levanta distancias entre esa realidad y ella, muy al contrario, se funde, evita la evitación y sabe de su completa residencia en ella: No hay distancia / Soy ella / soy la insomne / la reencontrada maltratada en el desierto / soy sus ojos / soy su espejo / soy su distancia de mí y de sí misma. Cada verso es un zarpazo lacerante que nos desvela la auténtica dimensión del derrumbe ético y social. Ahora bien Las linternas flotantes es, ante todo, un viaje interior-exterior hacia el Bien, hacia las parcelas intocadas de lo humano que pueden reverdecer en forma de liberación o, simplemente, de consciencia.

Sin embargo la consciencia es un hábito que se trabaja. La consciencia no parece ser un don ni una operación epidérmica. Lejos de este aserto, el viaje que late detrás de las Linternas flotantes supone una verdadera vivisección interior (individual y colectiva) hacia las entrañas de lo intocado. Por ahí camina toda la segunda parte del libro. Porque sólo desde la contemplación del origen y su desnudez es posible la expiación. Poesía-llama que va hacia el adentro sin olvidar el afuera. Poesía-llama que repite y repite (multiplica) las palabras como conjurándolas contra su desgaste. Poesía-llama que aprieta los nombres, los lanza, los proyecta contra el lector que deja (por un instante) de ser lector para fundirse en ese cuerpo. Si alguna virtud atesora este libro (y son muchas) sería el perfecto ensamblaje entre emoción y hallazgos estilísticos. Ningún poema desfallece. Ninguna fase del texto traiciona su mecanismo original: seguir buceando en apnea hasta las fuentes del Bien. Porque Mercedes Roffé no se deja atrapar por el nihilismo ni por el acabamiento de los grandes relatos. Ella refuerza el “gran relato” del ser humano en su propia consciencia viva (ya sea precaria o generosa).

Les dije que ésta no iba a ser una reseña sino más bien un adelanto. Déjenme pues que haga, si quiera por un momento, de antólogo. Aquí les dejo algunos versos que anticipan este magnífico libro:

Residir la vida toda en duermevela.

*

Residamos la noche en el seno urgente del día

*

Porque el Ángel vigila.

Vela.

Alerta está sobre un costado del hombre.

Ángel-lechuza.

Sutil está.

Ve sin ser visto.

Trabaja.

Los ángeles trabajan.

A veces

una bala perdida los hiere

—primero a ellos—

luego se abre camino y mata.

*

Somos aún ese alba.

*

No hay traducción posible.

—o sí la hay:

de lo uno a sí mismo,

de lo uno a aquello que tantea y vence

de lo que sabe de sí

—su pobre imperio.

*

Tú en la guerra

Tú en la miseria

Tú apedreador

Tú constructor de casas

Tú que insistes en que busquen tu nombre

en el registro de lo humano

Tú que buscas o finges que buscas un nombre que no encuentras

Tú que sabes que te humillan hasta cuando pronuncian tu nombre

Dime que la gracia

al menos

no nos separa

*

Otro tono. Otra

modulación de la luz.

Allá en origen.

Después no me digan que no les avisé.

Published in: Argentina, Poesía, Reseñas | on Noviembre 12th, 2009 | No Comments »

Desnudos ante la muerte

photo_13.jpgMatar y guardar la ropa

SALEM, Carlos

Salto de página, 2008

La segunda novela de Carlos Salem, escritor argentino afincado en Madrid, es una de serie negra que nos lleva de vacaciones a un camping nudista para seguir las peripecias de un hombre con problemas familiares, laborales y de identidad. Número Tres es Juan Pérez Pérez, un anti–héroe bipolar que se debate entre su trabajo discreto y frío como asesino a sueldo (con quince “pedidos” entregados por encargo a sus espaldas) y el indolente y gris padre de familia que no es respetado en su casa. Leticia acaba de divorciarse de Juanito, y para encontrar tiempo e intimidad con su nueva pareja, le encarga a éste que se lleve de vacaciones a sus dos hijos: una adolescente decidida y un niño de diez años bastante introvertido. Lo que comienza como unas grises vacaciones con los niños, acaba por cuestionar las ideas del protagonista y por hacerle dudar de todas sus certezas familiares y laborales. En definitiva, Juan Pérez es un hombre cansado de llevarse puesto, de ser clandestino en su vida y en su trabajo.

Su historia, narrada siempre en primera persona y con un calculado uso del monólogo interior, comienza de forma vertiginosa y muy cinematográfica, con una escena en un ascensor para entregar un “pedido”. Después azares laborales y familiares le llevan con sus hijos a un camping nudista de la costa murciana, donde esconder la pistola resultará imposible. Se inicia aquí una de las partes más brillantes de la novela, en la que desfilan una galería de personajes paródicos muy logrados. Uno de ellos es Andrés Camilleri (sosias del escritor italiano Andrea Camilleri), un sabio anciano que aconseja al protagonista y comparte confidencias y borracheras nocturnas con él y que sueña en conocer Sicilia y retirarse allí para escribir novelas policiacas. Muy logrado resulta también Gaspar Beltrán (en esta ocasión sosias de Baltasar Garzón), un juez estrella, pareja actual de la ex-mujer de Juan Pérez. En la segunda mitad de la novela se agranda la figura del inspector Arregui, que persigue y admira al protagonista. Lo único desnudo que exhiben todos durante muchas páginas son sus cuerpos; sus motivaciones e intereses permanecerán ocultos, aportando suspense a la trama.

Esta vuelta de tuerca a la novela negra se convierte en un exceso que, aunque en ocasiones cae en los tópicos del género, está escrito con frescura, humor e inteligencia. Con todo, el resultado final presenta altibajos, y la novela pierde algo de fuerza en su último tercio, pero remonta en un final que cierra todos los cabos sueltos. La muerte planea en toda la obra pero repleta de humor, de fina ironía y Carlos Salem sabe guiarla con un estilo variado y sencillo, ejecutado con eficacia y constante ironía, manejando el ritmo y dosificando la trama para lograr una constante sorpresa en el lector. Esta novela resulta un fresco y divertido ejercicio de género llevado al límite que, como lector, te agarra por la pechera y termina dándote un palmetazo en el hombro y riéndose contigo; aunque no sea cosa de tomarla demasiado en serio.

Published in: Argentina, Narrativa, Novela, Reseñas | on Abril 19th, 2009 | 1 Comment »

El hombre de Luxemburgo

foto-de-arnaldo-calveyra.jpgPoesía reunida

CALVEYRA, Arnaldo

Adriana Hidalgo Editora, 2008

Acaba de aparecer en España por parte del magnífico sello editorial argentino Adriana Hidalgo uno de esos tomos que merecen una reseña. Prácticamente desconocido en nuestro país, el escritor argentino afincado en París Arnaldo Calveyra recoge en un solo volumen toda su obra poética hasta el momento. Ahí están desde su ya lejano Cartas para que la alegría de 1959, hasta el más reciente Diario de Eleusis de 2006 publicado por este mismo sello editorial. En todo este recorrido nos encontramos con varias señas de identidad constantes que hacen de Calveyra una voz sólida y homogénea en el panorama poético latinoamericano: la poesía en prosa como territorio de búsqueda, la contemplación como participación, la yuxtaposición de mundos, eras y paisajes en una misma voz. Con mayor precisión lo señala Daniel Samoilovich en el prólogo significativamente titulado Arnaldo Calveyra: El mundo como biografía, donde dice así: «Yo estoy allá y no estoy allá, rápidamente estoy acá”, dice Arnaldo Calveyra en una entrevista: es casi su divisa, una divisa que explica un movimiento que no es sólo geográfico –del “allá” de su barrio parisino al paisaje y los ríos del “acá”-, sino también lingüístico, de la lengua de Francia, el país en que vive hace casi cincuenta años, a los matices más delicados del habla argentina.
Si tuviera que destacar del conjunto de su obra algunos títulos, sin duda me quedaría con El hombre del Luxemburgo y Diario del fumigador de guardia, porque ambos textos condensan, a mi modo de ver, la mirada del poeta desde una gran precisión y contundencia literaria. Leer a Calveyra es moverse en un terreno de incertidumbre, sincopado, donde la ausencia de lo no dicho dice tanto como lo nombrado precariamente, metido en un mundo a veces irreal a veces figurativo que traspasa los límites de la cotidianedidad, como si “lo real” fuera un objeto poroso, agujereado. La palabra de Calveyra restituye al lenguaje su capacidad de horadar el sentido literal (y en superficie) de la palabra.
Y aprovechando que nos encontramos ante un autor argentino, queremos desde esta reseña dar la bienvenida a un nuevo colaborador de Pájaros de papel también argentino. Durante los próximos meses, comenzará a participar en este blog literario reseñando obras y autores del otro lado del océano Gabriel Vommaro, narrador argentino que ha publicado hasta la fecha el libro Nuestra distancia. 2003. Editorial Simurg. Premio Fondo Nacional de las Artes 2002; así como diversos relatos como por ejemplo El imbécil del Foliz para la antología La joven guardia (Editorial Norma). Seguro que con su participación estos pájaros llegarán más lejos y nos acercarán a nuevas costas literarias.

Published in: Argentina, Poesía | on Noviembre 10th, 2008 | No Comments »

Volver a Sábato

El túnel (1948),
Ernesto SÁBATO

 

“Bastará decir que soy Juan Pablo Castel, el pintor que mató a María Iribarne”. Ése es el primer bocado que Ernesto Sábato (Buenos Aires, 1911) nos sirve de El túnel, la historia de un crimen, la historia de un amor, pero, sobre todo, la historia desesperada de un hombre que intenta en vano una comunión imposible con otro ser. Como en el mito de las almas que se buscan para completarse, Castel se lanza a una loca persecución cuando, en un salón de pintura, ve que una joven queda fascinada por un detalle de la obra que él ha presentado. El cuadro es una maternidad, pero en la parte superior izquierda hay una pequeña ventana en la que se ve a una mujer en una playa, mirando al mar, que pasa desapercibida a todos los visitantes menos a la entonces desconocida.
Descubrir que hay alguien que ha visto lo “esencial”, intuir que existe una persona que puede entenderlo a él mismo, mueve al pintor a buscar por caminos inciertos y vacilantes a María Iribarne, hasta encontrarla, por casualidad, meses después. Todo el proceso que acaba desembocando en el crimen –cómo la conoció, cómo la amó y cómo acabó con su vida- es el que quiere contar Castel en su manuscrito, que convierte en una mezcla de novela policial y ensayo filosófico, delirante y desesperado sobre la existencia y la incomunicación humanas.
Esa primera persona que nos hace espectadores privilegiados del delirio de Castel, de su realidad deformada, y ese recurso al manuscrito que nos convierte en interlocutores nos fuerzan también a sentirnos implicados y nos obliga además a poner todo nuestro afán en comprender lo que parece incomprensible. “…y aunque no me hago muchas ilusiones acerca de la humanidad en general y de los lectores de estas páginas en particular, me anima la débil esperanza de que alguna persona llegue a entenderme. AUNQUE SEA UNA SOLA PERSONA”, subraya el propio Castel. La locura del pintor lo envuelve y lo ahoga como a un barco las olas del temporal y, sin embargo, de vez en cuando recupera la lucidez y, como si sacase la cabeza del agua para respirar, se enciende ante sus ojos una luz, pero una luz negra: “…había un solo túnel, oscuro y solitario: el mío (…) en uno de esos trozos transparentes del muro de piedra yo había visto a esta muchacha y había creído ingenuamente que venía por otro túnel paralelo al mío, cuando en realidad pertenecía al ancho mundo, al mundo sin límites de los que no viven en túneles”.

Published in: Argentina, Narrativa, Novela, Reseñas | on Febrero 28th, 2008 | 1 Comment »