Archive for the 'EEUU' Category

Por la puerta grande

Raymond CarverTodos nosotros

CARVER, Raymond

Bartleby Editores, 2007

Pese al reconocimiento y la admiración creciente que ha despertado la obra narrativa de Raymond Carver (1938-1988) en los últimos veinticinco años, puede decirse que no ha ingresado en el canon de la literatura contemporánea de los Estados Unidos hasta agosto de 2009, con la publicación completa de sus relatos en la Library of America, donde por fin su pluma inconfundible se codea con la de Nathaniel Hawthorne, Henry James, William Faulkner o Saul Bellow.

En sus más de treinta años de vida literaria, Carver fue más que un gran narrador: fue también un enorme poeta. O, mejor dicho, fue siempre poeta, un poeta que unas veces escribía en verso y otras veces, en prosa. Por eso hay que agradecer a Bartleby Editores y al traductor Jaime Priede su generosidad al ofrecernos un regalo de los que llegan pocas veces en la vida de un lector: Todos nosotros, una edición bilingüe que recoge los cuatro libros de poesía de Carver y que se basa, a su vez, en la recopilación que hizo su mujer, Tess Gallagher, de sus versos en 1996 bajo el título All of us.

La poesía de Carver es poesía, sobre todo, porque no lo parece:

Si no tengo suerte, si no la merezco, bueno,
me tendré que ir sin decir adiós ni darle la mano a nadie.
Sin poder decirte lo mucho que te quise y lo mucho que disfruté
de tu compañía todos estos años. Quiero que sepas
que fui feliz contigo.
Y recuerda que te dije esto hace tiempo, en abril de 1984.
Pero alégrate por mí si puedo morir en presencia
de mis amigos y de mi familia. Si es así, créeme,
salí de mi vida por la puerta grande. No perdí esta vez.

Cuatro años después de escribir estos versos pertenecientes al poema “Mi muerte”, Raymond Carver fallecía en su casa de Port Angeles, Washington, vencido finalmente por el cáncer. Junto a él estaba Tess Gallagher, a quien había conocido diez años antes y con la que se había casado hacía apenas seis semanas.

Como era de esperar en alguien que luchaba por sobrevivir al alcoholismo y la bancarrota, la muerte tenía que ser uno de los ejes primordiales de su poesía. No sólo de los últimos poemas y, en general, de Un sendero nuevo a la cascada, el magnífico libro en el que Carver trabajó al final de su vida y fue publicado póstumamente. Está presente en sus innumerables poemas sobre el alcoholismo (”Vino”), la soledad (”Miedo”), el amor (”Mi mujer”), la caza (”Límites”), la escritura literaria (”Tu perro se muere”) o las relaciones entre padres e hijos (”La cartera de mi padre”). Y la muerte es también el mejor pretexto posible para darle la vuelta al tópico latino del Ubi sunt? (”Dormir”).

Pero, al final, cuando llega la muerte, lo importante es haber amado la vida y a quienes la han compartido con nosotros, como en el poema “Cierras la puerta por fuera, luego tratas de entrar”:

Me quedé allí un rato bajo la lluvia.
Me consideraba el hombre más afortunado del mundo.
Incluso cuando me pasó por encima una ola de pena.

O en “Último fragmento”, inscrito como epitafio en la tumba de Carver:

¿Y conseguiste lo que
querías en esta vida?
Lo conseguí.
¿Y qué querías?
Considerarme amado, sentirme
amado sobre la tierra.

Published in: EEUU, Poesía | on Enero 25th, 2010 | No Comments »

Perdedores en la desesperanza

carver1.gifTres rosas amarillas

CARVER, Raymond

Anagrama, 1989

Coincide la crítica en señalar a Raymond Carver como uno de los más grandes escritores de relatos del último tercio del siglo XX. El autor estadounidense es capaz de hacer de lo ordinario una magna construcción narrativa, de tejer con hilos de la cotidianeidad y vidas vulgares, vívidos tapices que son retazos de realidad urbana.

En su universo habitan seres castigados por la vida, solitarios que viven en ciudades llenas de gente, con míseros trabajos, adictos al alcohol, con neveras vacías, salones impersonales y televisiones encendidas… extraños en sus propias casas y en sus propias vidas.

A Carver le bastan treinta páginas para desde ese mundo de perdedores transmitir sentimientos de soledad, desamparo y desamor; para ponernos delante de un escaparate tan creíble como conmovedor, de un cristal lleno de suciedad y polvo de cotidianeidad.

Los seis relatos que incluye el libro están plagados de vidas grises y días grises que se elevan por encima de nuestras existencias, y así Carver, con una prosa límpida y nada afectada nos hace sentir emociones humanas universales. Llama la atención su estilo seco y minimalista, que consigue que la ausencia de retórica sea herramienta de desolación y correa de transmisión de sus sentimientos, reduciendo los enunciados a ocho o diez palabras a lo sumo.

Las historias se mueven entre la cuasi-autobiográfica “Intimidad”, que narra el encuentro de un matrimonio cuatro años después de su ruptura y el claro homenaje a su maestro, Chejov, de “Tres rosas amarillas”. Predomina el narrador autobiográfico y los símbolos que mutan en finales abiertos y poderosos.

Particularmente brillante es el penúltimo relato del libro, titulado “Caballos en la niebla”, la historia de la ruptura de un matrimonio de larga duración que se cierra con una mágica y simbólica aparición equina, pero que sobre todo es un ejercicio literario de muchos quilates de fuerza narrativa.

En definitiva, un maravilloso libro de relatos, que condensando la expresión logra expandir los sentimientos hasta altísimas cotas.

Published in: Cuentos, EEUU, Narrativa, Reseñas | on Enero 1st, 2009 | 1 Comment »

Historia de perdedores o, tal vez, de realidad

untitled-2.jpgEl Palacio de la Luna

AUSTER, Paul

Anagrama, 2005

El acercamiento a la cultura estadounidense se hace actualmente bien por el cine, bien por los best-sellers, pero aunque existen varios escritores con mayúsculas, no alcanzan a tener tanta presencia. Sin embargo, la lectura de Paul Auster reivindica una narrativa de EE.UU. que se caracteriza por su gran fuerza y unas imágenes literarias que se acercan mucho al lector.

Esta novela de Auster, publicada en 1989, año de la caída del Muro de Berlín, se ambienta desde los años sesenta hasta principios de los setenta. El eje es un joven, Marco Stanley Fogg, y su relación con cinco personas, que ejercen una profunda impronta en el protagonista. Es una historia de perdedores, donde algunas escenas que aparecen como azarosas, son profundamente elegidas por los personajes.

La prosa de Auster me recuerda la brutalidad de Henry Miller en sus “Trópico de Cáncer” y “Trópico de Capricornio”, que sólo se asemeja en la forma, ya que Auster no recurre en ningún momento a la pornografía. No obstante, las situaciones descritas se presentan de una forma muy vívida y las reflexiones del protagonista llegan a ser profundamente demoledoras. Supuestamente, Fogg es un joven que está en la veintena, pero gasta un realismo que le aleja de los tópicos sobre la ingenua juventud.

Auster peca de una cuestión: acaba forzando el final para redondear el título y una frase que encuentra Fogg en una galleta de la suerte y reaparece a modo de “fatos”. Parece que quiera determinar ese final, aunque, en cierto modo, tiene coherencia si se tiene en cuenta que las escenas son decisiones de los personaes, como se ha dicho más arriba. En cualquier caso, subraya el continuum de la novela: un perdedor frente a la vida misma.

Por último, quiero rescatar un párrafo que me conmovió por ser una punta de esperanza en una realidad desesperanzadora:

“Hicimos el amor durante varias horas en la decreciete luz vespertinadel apartamento de Zimmer. Sin duda, fue una de las cosas más memorables que me han sucedido nunca y creo que al final estaba completamente transformado por la experiencia. No estoy hablando solamentede sexualidad ni de las permutaciones del deseo, sino de un espectacular derrumbe de muros interiores, de un terremoto en el corazón de mi soledad. Me había acostumbrado de tal modo a estar solo que no creí que algo semejante pudiera ocurrirme. Me había resignado a cierta clase de vida y luego, por razones totalmente oscuras para mí, aquella preciosa muchacha china había caído ante mí, descendiendo de otro mundo como un ángel. Hubiera sido imposible no enamorarse de ella, imposible no quedar arrebatado por el simple hecho de que estuviera allí”.

Published in: EEUU, Novela, Reseñas | on Octubre 27th, 2008 | 1 Comment »

Camino de destrucción

La carretera
McCARTHY, Cormac
Mondadori , 2007

¿Quién es Cormac McCarthy? Aunque unas pocas fotografías nos dan idea de su semblante concentrado, cuidar de su intimidad y rehuir las entrevistas le ha permitido forjarse una biografía casi tan secreta como la de J. D. Salinger (El guardián entre el centeno, 1951) o Thomas Pynchon (El arco iris de la gravedad, 1973).

Al menos, el éxito de la película No es país para viejos, de los hermanos Coen, basada en una novela suya, le ha brindado la oportunidad de ganar más lectores.

La carretera (Premio Pulitzer, 2007) tiene vocación de apocalipsis. Desde el punto de vista de la historia, nos presenta un mundo asolado que la catástrofe ha cubierto de una pátina de ceniza permanente; desde el punto de vista del relato, la fragmentariedad del discurso adelgaza el estilo a una prosa seca con intermitentes rescoldos de lirismo.

Un padre y su hijo peregrinan hacia el sur por una carretera que podría llevarlos a la salvación. Sólo el contrapunto de las ciudades calcinadas y los pueblos de donde apenas puede rescatarse nada los aparta de la ruta en busca de alimento. En un cambio de era donde la naturaleza es ajena al sufrimiento y donde la ética es un terreno baldío, la ambigüedad lo penetra todo: la trampilla del sótano de una casa abandonada puede llevar al espanto o a la felicidad como si entre ellos no existiera gradación alguna.

Que nadie espere una novela experimental al uso: aquí importa la intensidad del símbolo, no el alarde técnico. No obstante, más allá del admirable logro de atraparnos en una desolación sin límites, una cierta monotonía descriptiva, sobre todo en el primer tercio de la obra, y un exceso de esquematismo en el retrato de los personajes amenaza la perfección de La carretera.

Published in: EEUU, Narrativa, Novela, Reseñas | on Mayo 22nd, 2008 | No Comments »