Archive for the 'Novela' Category

Suena música de unas vidas

De música ligera

CRUZ, Aixa de la

451 Editores, 2009

El resultado de escribir una novela (siempre empresa titánica) con 21 años suele ser las más de las veces un fracaso, una toalla arrojada sobre la lona, y como el menor de los males, un artefacto pueril, vacuo o maniqueo de trama simple y tono adolescente. He aquí la cuerda floja de la creadora suspendida; con mayor altura si cabe al encarar una “novela adulta” escrita por una joven. Más temeraria aún al tratar de cruzar el vacío con personajes rotos y de forma fragmentaria.

Al anochecer, un encuentro casual en un pub irlandés. Solitario, sentado en la barra, Dylan, un pianista cuarentón que vive en el mutismo y se expresa y siente gracias a la música. Recién llegada, Julia, ex–alumna en la academia en la que él trabaja, una joven que rozando los 30 años, está a punto de embarcarse en una vida que no desea: hipoteca, pareja y coche. Una conversación…

… y en diez movimientos en forma de capítulos, se va desplegando el atlas vital de los dos protagonistas durante cuatro horas de conversación mezclada con flash-backs, cervezas de barril, metaficción por boca de una autora que va desembalando el puzzle, la hora del cierre que se acerca, canciones que suenan de fondo y varios textos periodísticos ficticios que difunden la importancia de la música. Juntos, en un diálogo con tragos amargos de vida, de cruel confrontación entre deseo, realidad y deriva.

Entretanto la ficción cobra vida en un texto que funde música y palabras, banda sonora de esas vidas. Aún postreramente sorprende la juventud de esta autora, su osadía, transida de bisoñez en determinados momentos, atrevida en las técnicas narrativas que emplea, en la cultura musical que tiñe todo el relato, casi temeraria por la superposición de escenas y ejes temporales, por la variedad de tipologías textuales. Esta ¡¡¡segunda novela!!! de Aixa de la Cruz (Bilbao, 1988) muestra ocasionalmente un punto de exhibicionismo técnico pero página tras página va ganando peso el relato, al proporcionar las claves del fragmentarismo con el que suena la música de unas vidas, de las que seguro quedará un eco en nuestros oídos lectores.

Published in: España, Narrativa, Novela, Reseñas | on Marzo 11th, 2010 | No Comments »

Últimos fulgores de una época

Los días contados

BÁNFFY, Miklós

Libros del Asteroide, 2009

La historia del siglo XX no se entiende sin la desintegración del Imperio Austrohúngaro en 1918 al finalizar la I Guerra Mundial. Forjado en 1867, el Imperio tenía la forma de una monarquía dual, pero en realidad integraba numerosos territorios, como Bohemia y Galitzia al norte y los fragmentados Balcanes al sur. La Europa de hoy en día es heredera de las contradicciones de este polvorín que no tardó en saltar y, de un modo u otro, sigue dando coletazos, como se pudo comprobar a raíz de la proclamación de independencia de Kosovo en 2008.

Hacernos comprender el alcance de la disolución política, social, económica e incluso moral del Imperio Austrohúngaro a comienzos del pasado siglo es el gran acierto del aristócrata, diplomático y novelista húngaro Miklós Bánffy (1873-1950) en Los días contados (1934). Ambientada en los primeros años del siglo XX, esta obra es una creación portentosa que nos acerca a los últimos fulgores de una época. Sin embargo, su valor como obra de arte va mucho más allá, puesto que nos enfrenta a la realidad de cualquier sociedad al borde del abismo, de cualquier momento histórico, pasado, presente o futuro.

Al fresco incomparable de la Hungría rural y urbana de hace ya un siglo, que late en carne viva en el escalpelo estilístico de Bánffy, se superponen diversos argumentos entrecruzados con extraordinaria maestría entre banquetes y neveros, entre bailes y cabañas, ente duelos de honor e ilusiones campesinas. En ellos, los avatares que zarandean a los personajes nos van revelando poco a poco su compleja psicología de funámbulos de la Historia, incapaces de reconocer los signos de que el final de su tiempo acecha dramáticamente: las camarillas que conspiran en los pasillos del Parlamento y tratan de arrastrar a Bálint Abády o las interminables partidas de póker de las que Lászlo Gyeroffy no se retira casi nunca o el matrimonio sin amor y el amor sin matrimonio de Adrienne Miloth.

Los días contados es la primera parte de la Trilogía transilvana, publicada entre 1934 y 1940 por Miklós Bánffy y que Libros del Asteroide acaba de empezar a editar con cuidado primoroso. Ojalá salgan pronto de las prensas Las almas juzgadas y El reino dividido.

Published in: Hungría, Narrativa, Novela, Reseñas | on Diciembre 10th, 2009 | No Comments »

Sangre, sexo, política y exotismo

Un reptil por habitante

Anannisoh, Théo

Alpha Decay, 2009

Théo Ananissoh es un profesor togolés que vive en Alemania (trabaja como profesor de Literatura Africana en la Universidad de Colonia) y escribe en francés. La editorial Alpha Decay ha tenido a bien publicar ésta su segunda novela corta, que apareció el año pasado en Continents Noirs, una colección de la editorial Gallimard que recoge nuevas voces narrativas de procedencia africana.

En las apenas cien páginas del libro encontramos un vigoroso y exótico cóctel de sangre (un asesinato es el eje argumental de la novela), sexo (las aventuras de alcoba del protagonista) y política (la convulsa situación del imaginario país del África tropical donde transcurre la acción).

Sin tregua, en secuencias de unas pocas páginas, seguimos el asesinato del general Katouka, un importante preboste del ejército que detenta el poder en el país. Nos lleva de la mano Narcisse, el protagonista, profesor de un Liceo y activo amante, que por casualidad se ve implicado en el descubrimiento del cadáver. Pero la trama inicial de novela negra, de asesinato sin autor y crimen debidamente oculto, abre la caja de los truenos: una operación de depuración política en el país y acusaciones de alta traición. Todo derivará en un intento de golpe de estado y disturbios en las calles; bajo un argumento policiaco más o menos convencional se camufla una profunda crítica social de la situación de un país cualquiera del África subsahariana.

Entre los aciertos de la obra está su estilo ágil y fluido, que utiliza hábilmente la elipsis intersecuencial, el dinamismo en el cambio de escenarios y el uso del diálogo con inteligencia. Por el contrario, quizá la perspectiva y elección del narrador no sea muy acertada. Parece imposible que un alumno de Narcisse, encargado de contar la historia, pueda conocer las inquietudes tan íntimas del profesor, su activa y clandestina vida sexual y la trama del asesinato con tanto detalle.

Con todo, lo más interesante es el último tercio de la novela, cuando la narración se entremezcla con el retrato del país y la reflexión sobre las causas que lo han llevado a su situación de populismo y dictadura, diseccionando su descomposición social. También el final, inexorable y suspendido en el abismo de un callejón sin salida, de un país que alberga un reptil por habitante, en el que todos son cómplices y a la vez víctimas de los que están encima de la pirámide. Justo entonces, apenas Zupitzer, un compañero de Narcisse, se erige en justiciero, en vengador, en suicida dispuesto al sacrificio baldío, aunque una muerte no cambiará las cosas, igual que un ladrillo menos no hará caer la estructura.

“África bulle de traidores como un animal podrido. Castigarlos, suprimirlos… Porque le quitan a la vida colectiva todo su sentido, anulan una sociedad.”

Published in: Narrativa, Novela, Reseñas | on Noviembre 22nd, 2009 | 1 Comment »

Hiroshima y los sueños del futuro

Lluvia negra

IBUSE, Masuji

Libros del Asteroide, 2007

Recuerda el escritor mexicano Jorge Volpi en su desesperanzado prólogo a Lluvia negra, del japonés Masuji Ibuse (1898-1993), que hemos sido capaces de repetir Auschwitz, pero Hiroshima y Nagasaki no, “todavía”. Ojalá ese “todavía” sea “nunca”, porque cuando la bomba atómica cayó sobre Hiroshima el 6 de agosto de 1945 y, tres días después, sobre Nagasaki, la historia del ser humano cambió para siempre. A partir de ese momento, tras el horror del paisaje calcinado, del espanto de los cuerpos carbonizados y de la agonía de la muerte demorada por la radiación, nuestra especie aprendió una verdad aterradora: podía aniquilarse a sí misma con sólo pulsar un botón y esperar el silencio eterno.

Para Ibuse, sobrevivir no está muy lejos de haber muerto. Por eso esboza en Lluvia negra la historia de los Shizuma, una familia de un pueblo cercano a Hiroshima que, pese a sobrevivir a la bomba atómica, queda marcada para siempre por una precisa cartografía de la devastación, a caballo entre la enfermedad del cuerpo y la mutilación del alma. Shigematsu, porque resulta herido y manifiesta leves síntomas de la “enfermedad de la radiación”; su mujer Shigeko, porque asiste a los escenarios de la destrucción con aparente estoicismo; y su sobrina, Yasuko, en edad casadera, porque vive asediada por la incertidumbre después de que la lluvia tóxica le manchara la piel.

Aunque una parte mínima de la novela tiene como voz a un narrador omnisciente, lo más importante es el protagonismo de las palabras de las víctimas, ya sean las de Shigematsu o las del soldado Iwatake en su carta después de curarse milagrosamente. Esta vertiente testimonial de la novela, que no ahorra detalles por crueles, inhumanos y duros que parezcan, lejos de ser un lastre para la narración le otorga una terrible sobrecarga de realidad y crudeza que nos desarma como lectores, nos sobrecoge como personas y nos rebela contra la condición humana.

No deja de ser curioso comprobar cómo Ibuse, que trabajó como propagandista al servicio del gobierno japonés durante la II Guerra Mundial, utilice como detonante del relato el intento de Shigematsu de acallar los rumores sobre la salud de su sobrina. Al final lo de menos es maquillar la verdad o la mentira y averiguar si huyen o no todos los pretendientes de Yasuko. En el fondo, con Hiroshima ya se han hecho trizas todos los sueños del futuro.

Published in: Narrativa, Novela, Reseñas | on Noviembre 6th, 2009 | No Comments »

El fin de la trilogía

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Nocilla Lab

FERNÁNDEZ MALLO, Agustín

Alfaguara, 2009

Pues sí, parece que esta reseña va a ser extraña. Extraña porque con Nocilla Lab se cierra una trilogía sobre la cual se han vertido más páginas que las que ella misma contiene. Extraña porque, independientemente de su valor o no literario, esta obra ha levantado suspicacias y cuestionamientos dentro de buena parte del Parnaso institucional. Extraña porque, pese a su aparente carácter rupturista, se encuentra instalada cómodamente ya en el salón de los grandes grupos editoriales. Extraña porque su éxito, su eco mediático, parecen no corresponderse con un contenido no apto para mayorías. Extraña porque quizá sea demasiado pronto para conocer el impacto que tiene y/o tendrá en el devenir de la última promoción narrativa española.

Les voy a ser franco. Con Nocilla Dream me sentí interpelado, percibí que ese artefacto literario era capaz de traducir una de las características de nuestro tiempo: la fragmentación. Sentí que, más allá del extrañamiento producido por los personajes y las historias contenidas, Fernández Mallo atesoraba un discurso propio, una herramienta simbólica genuina que lo hacían necesario. Con Nocilla Lab me ha vuelto a suceder lo mismo. Y eso muy a mi pesar. Digo, a mi pesar, porque para seguir siéndoles franco desconfío enormemente de cierto discurso postmoderno. No es que no tome en cuenta dicho paradigma (algunos de sus teóricos, véase Jameson, me parecen fundamentales para comprender nuestra contemporaneidad), sino que en ocasiones tengo la sensación, como bien nos recuerda el profesor de filosofía de la UNED Ramón del Castillo, que más que mensaje hay masaje. Esto mismo se podría aplicar a algunas declaraciones de la supuestamente mal llamada Generación Nocilla o Afterpop (como la denomina, con más acierto, Eloy Fernández Porta), un cierto exceso de masaje. Ahora bien, si dejamos a un lado las intervenciones públicas de Fernández Mallo (¿dónde acaba el escritor y comienza el personaje?), la lectura de Nocilla Lab presenta aciertos indudables. Para empezar su arquitectura es inteligente, bien armada, eficaz respecto a la trama. Su capacidad de traducir obsesiones, paradojas,  cadáveres exquisitos, sigue siendo sugerente. Los tiempos narrativos aparecen difuminados, rotos, generando un puzzle imaginativo libre de ataduras académicas. Se trata de una narración fluida no exenta de indagación intelectual. Hay vuelo y ganas de explorar la trastienda de nuestro mundo. No se imponen fronteras ni límites y se reivindica la imaginación como un poderoso bálsamo contra las normatividades instaladas. Sin embargo, todos estos hallazgos están trufados (en esta ocasión) de un, digámoslo así, anhelo de paradigma: el del acabamiento de los grandes relatos, el de la artificiosidad como única temperatura de nuestro tiempo. Y aquí es donde, a mi juicio, esta entrega de Nocilla se muestra más dogmática que otras. Si en Nocilla Dream o Nocilla Experience la proyección de lo fragmentario, sin retóricas ni posicionamientos apriorísticos, las hacía sugerentes como instrumentos explicativos de nuestra realidad sociocultural, Nocilla Lab (a pesar de sus indudables aciertos literarios) parece dar un pasito más allá desplazando la pura creación a la más cuestionable del adoctrinamiento. Porque una cosa es estar convencido que nuestra postmodernidad se caracteriza por el fin de las ideologías y otra muy distinta hacernos creer que esta tesis es la única y verdadera. No sé. Quizá me equivoque. Pero observo en esta última entrega un cierta dosis de autocomplacencia, un deslizamiento de lo connotativo (Nocilla Dream, Nocilla Experience) a lo denotativo. Y ahí, insisto, la propuesta de Fernández Mallo, en mi opinión, pierde fuerza.

Ya les decía que la reseña iba a ser extraña. ¿Estaríamos delante de un texto que nos ayudará, dentro de unos años, a comprender mejor el tiempo que vivimos? ¿O nos encontraríamos delante de un artificio demasiado encerrado en su propio discurso, poco sensible a las complejidades de un mundo atravesado por enormes conflictos sociales? Que la fragmentación es signo de los tiempos no me cabe la menor duda; que los grandes relatos se hayan acabado, por el contrario, me cuesta más aceptarlo. ¿O acaso la situación de crisis civilizatoria que estamos viviendo no es una muestra de ello?

Al menos, lo reconozco, este libro ya ha conseguido uno de sus objetivos: colocarnos ante nuestra propia extrañeza y contemplarla sin miedos ni añagazas. Con eso, creo, basta.

Published in: España, Narrativa, Novela, Reseñas | on Octubre 29th, 2009 | 3 Comments »

Balada de lo que se hizo para ser roto

Deseo de ser punk

GOPEGUI, Belén

Anagrama, 2009

Supongo que lo peor de la premisa inicial del punk (“No future”) es darse cuenta de que es verdad, aunque no pertenezcas a esta tribu urbana. Eso es justo lo que le ocurre a Martina, voz narradora y protagonista de este libro. Afortunadamente aún tiene tiempo y energía para tratar de cambiar las cosas con una herramienta poderosa: las canciones.

El resultado es que Belén Gopegui se aleja conscientemente de sus anteriores novelas de tesis, de ideología más profunda y focalizadas en generaciones perdidas y aburguesadas de mediana edad. En cambio, mantiene con acierto las referencias a la cultura popular y a la historia más reciente y así, de la mano de Martina, escuchamos sus tribulaciones acerca del mundo de los adultos, de la muerte, del fracaso y la rebeldía. La protagonista es una adolescente de 16 años inadaptada y melancólica que persigue canciones para alcanzar su música. Pero no cualquier música, sino la que dé respuestas, la que tenga un final y consiga expresar rabia sin sensiblería. Música que construye historias y pequeñas historias, como ésta, construidas con Música. Por eso sus confesiones y reflexiones íntimas vertidas en un cuaderno están trufadas de canciones, de aquellas que atraviesan las líneas de texto y llegan a nuestros oídos; de las que dicen cosas y hacen sentir.

Con medida construcción, tono y pulso, el resultado final es una novela corta que parece más universal y cercana que otras obras de la autora y que, además, resulta menos sentimental e irreal de lo que pudiera aparentar en un principio; más anclada en el hoy y ahora. Sí, quizá Martina no sea un reflejo real de la mayoría de los adolescentes; quizá también la música para muchos sólo sea cientos de megas descargados y avasalladoras campañas de promoción de multinacionales, quizá el letargo y la parálisis social estén firmemente arraigados y extendidos en cada uno de nosotros. Pero gracias a cómo actúa y reflexiona esta joven consuela pensar que no todo sea como creemos o nos hacen creer.

Por eso, en sus páginas puede escucharse una banda sonora plagada de desgarro y alta tensión, que se mueve entre los Beatles, Still, Crosby and Nash y grandes mitos como AC/DC, Guns´n Roses, Johnny Cash o Iggy Pop. Y definitivamente sí; al acabar la lectura uno no puede menos que correr al Spotify o YouTube para (re) escuchar los sonidos que envuelven a Martina. Lo único cierto es que si lo mejor del rock son las baladas, aquí Belén Gopegui logra componer una llena de confusión, rabia e inconformismo adolescente, de deseo de acción y expresión frente a un entorno siempre anestesiante.

Published in: España, Narrativa, Novela, Reseñas, Sin categoría | on Octubre 21st, 2009 | 3 Comments »

La belleza de las matemáticas y la emoción de la literatura

La fórmula preferida del profesor

OGAWA, Yoko

Funambulista, 2008

Muy pocas personas no despiertan a la emoción de la literatura, pero muchas no encuentran nunca la belleza de las matemáticas aunque resuelvan con solvencia las operaciones sencillas que exige el día a día en la vida cotidiana. Afortunadamente, La fórmula preferida del profesor, de la novelista japonesa Yoko Ogawa (1962), no sólo gustará a los amantes de la literatura: fascinará por igual a quienes adoran las matemáticas y a quienes las evitan.

Una asistenta empieza a trabajar para un profesor de matemáticas cuya memoria sólo dura ochenta minutos después de que, siendo joven, sufriera un accidente de tráfico. Lo que al principio es una relación estrictamente profesional va poco a poco convirtiéndose en una amistad entrañable de la que también pasa a formar parte el hijo de la asistenta. Dos vínculos los une: la teoría de números, el campo más abstracto de las matemáticas, y el béisbol, verdadero fenómeno de masas en Japón.

La simplicidad desarmada y ajena a cualquier tipo de retórica de La fórmula preferida del profesor puede resultar engañosa, pues aquí vale más lo que apenas se sugiere que lo que se menciona expresamente. Y en este sentido lo más admirable de Ogawa es cómo sortea el peligro del sentimentalismo para acercarnos a la emoción pura. Del mismo modo que al contemplar un fenómeno matemático, tras la serenidad inicial ante su aparente equilibrio, vienen primero el estupor y después el escalofrío que provoca su belleza, en esta novela, tras el haz de un argumento sencillo y un estilo desnudo, se oculta el envés de una arquitectura muy pensada, ejecutada con calculada precisión, en la que palpita un torrente de sentimientos complejos y a veces contradictorios.

El mundo ideal, transparente y esquivo de las matemáticas está muy alejado de la realidad convulsa, improvisada e intensa que vivimos. También lo está, como cualquier deporte, el béisbol, que en un partido cifra el dilema existencial entre la victoria y la derrota, entre la vida y la muerte, entre la memoria y el olvido. Y quizá el denodado esfuerzo en la creación estética no sea sino otro intento paralelo más de superación de las limitaciones y miserias de este mundo.

Published in: Narrativa, Novela, Reseñas | on Septiembre 26th, 2009 | No Comments »

“No es suficiente ver de nuevo: también debemos crear”

Canciones del encantamiento

OKRI, Ben

La otra orilla, 2008

El título de esta entrada es el de uno de los últimos capítulos de Canciones del encantamiento (1993), de Ben Okri (1959), y expresa con inaudita transparencia la finalidad última de su narrativa. Según parece, a este cada vez más reputado escritor nacido en Nigeria no le gusta que lo cataloguen como una versión africana del realismo mágico americano, pero sin duda alguna se trata de una etiqueta intuitiva que ayuda a comprender el alcance de su obra literaria.

Okri lleva los últimos treinta años de su vida en Inglaterra. En la actualidad es miembro de la Royal Society of Literature y vicepresidente del English Centre of International PEN. Naturalmente, escribe en inglés y su factura literaria es la propia de cualquier escritor occidental. Sin embargo, la fuerza de su prosa, los resquicios irracionales de su estilo y la belleza subyugante de sus imágenes ponen de manifiesto sus raíces y su inspiración africana. No en vano pasó una infancia muy dura y parte de su juventud en Nigeria.

En Canciones del encantamiento, Okri retoma los personajes y el mundo de El camino hambriento, su novela más leída (y reconocida, por cierto, con el prestigioso Booker Prize). Entre los vivos y los muertos se mueve el niño-espíritu Azaro, que actúa de narrador y da unidad al leve hilo argumental que sostiene esta compleja textura narrativa en la que bestias, hechiceros y paisajes entre naturales e imaginados van conformando una elaborada mitología de la violencia, la miseria y la corrupción, pero también del amor, la comprensión y la amistad. En la novela chocan, por lo tanto, dos planos: lo real (la sangrienta guerra civil entre etnias y bandos irreconciliables) y lo mágico (la encarnizada lucha cósmica entre el bien y el mal). Y de esta tensión entre lo local y lo eterno se deriva la potente universalidad de la obra.

No obstante, por atroz que sea la tragedia, por cruel que sea la mano del hombre y por desesperanzada que parezca la historia de Nigeria (y, por extensión, del mundo contemporáneo), en el fondo Ben Okri, a través de Azaro, nos está advirtiendo de que “quizá algún día veamos que tras nuestro caos puede haber siempre un nuevo rayo de luz”.

Published in: Narrativa, Novela, Reseñas | on Agosto 24th, 2009 | No Comments »

La memoria incómoda

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Llamando a las puertas del cielo

ANSÓN, Antonio

Artemisa ediciones, 2007.

Aprovechamos la reciente aparición de la última novela del aragonés Antonio Ansón, “El arte de la fuga” (en Eclipsados, Zaragoza), para recuperar su anterior libro y detenernos en él. Con el fin de concentrar la mirada en uno de los aspectos que hacen valiosa y necesaria la lectura de este libro, me adelanto varios pasos y anticipo que, más allá de lo que a continuación expondré, nos encontramos ante un ejemplo acendrado de buena literatura, de estilo directo, eficaz, coherente con la materia literaria que aborda, así como una obra que sabe amalgamar tiempo histórico y tiempo personal dentro de su arquitectura narrativa. El argumento es simple: un recorrido más o menos subjetivo por las entrañas de un pueblo español imaginario (Valcorza) desde las postrimerías del franquismo hasta bien entrados los años de engorde de los 80 y 90. En resumen, una esquirla de memoria colectiva. Ahora bien, si sólo esbozáramos esto, poco o nada harían atractiva esta novela pues son muchos los autores que, utilizando estrategias variopintas, se han adentrado por esta senda. Sin embargo, este libro es diferente. Este libro, entre las muchas cualidades que atesora, muestra una especial sabiduría a la hora del manejo del tiempo. Me explicaré. Allá por 1937, en su ensayo “Las formas del tiempo y del cronotopo en la novela”, el ruso Batjin postuló que la primera función del “cronotopo” (entralazamiento del tiempo y el espacio en una única dimensión) era figurativa: concretar, dar imagen y encarnar. Esta idea de entrelazamiento, que él supo desenterrar de manera detallada en la obra “Gargantúa y Pantagruel” de Rabelais, configuraba lo que denominó “tiempo folklórico”, entendiendo por tal aquel que remite a las sociedades agrícolas o pre-capitalistas. Las características de este tiempo “folklórico” son su carácter colectivo, su vinculación a las labores de la cotidianeidad y el campo, al crecimiento productivo de los seres humanos, su no separación de la tierra y de la naturaleza, su carácter unitario y cíclico. En definitiva, un tiempo que no se desdobla y separa de la particularidad del hombre, sino que se imbrica e incrusta en la propia naturaleza del hombre. “Tiempo antropológico” que denominan los científicos sociales. Pues bien, Antonio Ansón, con mano exquisita, ha sabido captar y poner en movimiento ese “tiempo folklórico” de la España tardofranquista, convirtiendo Valcorza en un “cronotopo” ejemplar. La voz del narrador (que no desvelaré pues aquí radica, creo, uno de los hallazgos del libro) se articula en hilacha capaz de unir el tiempo (la transición política) y el espacio (el ámbito rural) en un mismo cuerpo proyectado como un todo, imposible de desgajar ni descomponer en partes. Porque uno de los efectos de la pretendida modernidad y postmodernidad a la que nuestro país tuvo que montarse de manera precipitada implicó, entre otros muchos pagos, esa descomposición, ese mismo desgajamiento. Valcorza nos devuelve de forma magistral lo unitario que hay en la realidad sociocultural, de modo que no es posible barrer de un plumazo las estructuras de poder, de representación, simbólicas, de intrahistoria, como si fueran incómodos restos de una historia olvidada. Desde este prisma nuestra cacareada y casi siempre impoluta “Transición” ofrece unos tonos más ocres, desdibujados, donde la continuidad de ciertos fantasmas se hace mucho más presente que en la historia oficial. Por eso este libro, este cronotopo, trata de la versión incómoda del cuento de Caperucita. Una versión manchada, literariamente inscrita en los nervios del cuerpo social, que nos pone delante las continuidades de una sombra alimentada durante cuarenta años y que, a pesar de la agitada pátina de modernidad institucional, todavía se guarece entre nosotros y sale.

Published in: España, Narrativa, Novela, Reseñas | on Mayo 21st, 2009 | No Comments »

Desnudos ante la muerte

photo_13.jpgMatar y guardar la ropa

SALEM, Carlos

Salto de página, 2008

La segunda novela de Carlos Salem, escritor argentino afincado en Madrid, es una de serie negra que nos lleva de vacaciones a un camping nudista para seguir las peripecias de un hombre con problemas familiares, laborales y de identidad. Número Tres es Juan Pérez Pérez, un anti–héroe bipolar que se debate entre su trabajo discreto y frío como asesino a sueldo (con quince “pedidos” entregados por encargo a sus espaldas) y el indolente y gris padre de familia que no es respetado en su casa. Leticia acaba de divorciarse de Juanito, y para encontrar tiempo e intimidad con su nueva pareja, le encarga a éste que se lleve de vacaciones a sus dos hijos: una adolescente decidida y un niño de diez años bastante introvertido. Lo que comienza como unas grises vacaciones con los niños, acaba por cuestionar las ideas del protagonista y por hacerle dudar de todas sus certezas familiares y laborales. En definitiva, Juan Pérez es un hombre cansado de llevarse puesto, de ser clandestino en su vida y en su trabajo.

Su historia, narrada siempre en primera persona y con un calculado uso del monólogo interior, comienza de forma vertiginosa y muy cinematográfica, con una escena en un ascensor para entregar un “pedido”. Después azares laborales y familiares le llevan con sus hijos a un camping nudista de la costa murciana, donde esconder la pistola resultará imposible. Se inicia aquí una de las partes más brillantes de la novela, en la que desfilan una galería de personajes paródicos muy logrados. Uno de ellos es Andrés Camilleri (sosias del escritor italiano Andrea Camilleri), un sabio anciano que aconseja al protagonista y comparte confidencias y borracheras nocturnas con él y que sueña en conocer Sicilia y retirarse allí para escribir novelas policiacas. Muy logrado resulta también Gaspar Beltrán (en esta ocasión sosias de Baltasar Garzón), un juez estrella, pareja actual de la ex-mujer de Juan Pérez. En la segunda mitad de la novela se agranda la figura del inspector Arregui, que persigue y admira al protagonista. Lo único desnudo que exhiben todos durante muchas páginas son sus cuerpos; sus motivaciones e intereses permanecerán ocultos, aportando suspense a la trama.

Esta vuelta de tuerca a la novela negra se convierte en un exceso que, aunque en ocasiones cae en los tópicos del género, está escrito con frescura, humor e inteligencia. Con todo, el resultado final presenta altibajos, y la novela pierde algo de fuerza en su último tercio, pero remonta en un final que cierra todos los cabos sueltos. La muerte planea en toda la obra pero repleta de humor, de fina ironía y Carlos Salem sabe guiarla con un estilo variado y sencillo, ejecutado con eficacia y constante ironía, manejando el ritmo y dosificando la trama para lograr una constante sorpresa en el lector. Esta novela resulta un fresco y divertido ejercicio de género llevado al límite que, como lector, te agarra por la pechera y termina dándote un palmetazo en el hombro y riéndose contigo; aunque no sea cosa de tomarla demasiado en serio.

Published in: Argentina, Narrativa, Novela, Reseñas | on Abril 19th, 2009 | 1 Comment »