Hiroshima y los sueños del futuro

Lluvia negra

IBUSE, Masuji

Libros del Asteroide, 2007

Recuerda el escritor mexicano Jorge Volpi en su desesperanzado prólogo a Lluvia negra, del japonés Masuji Ibuse (1898-1993), que hemos sido capaces de repetir Auschwitz, pero Hiroshima y Nagasaki no, “todavía”. Ojalá ese “todavía” sea “nunca”, porque cuando la bomba atómica cayó sobre Hiroshima el 6 de agosto de 1945 y, tres días después, sobre Nagasaki, la historia del ser humano cambió para siempre. A partir de ese momento, tras el horror del paisaje calcinado, del espanto de los cuerpos carbonizados y de la agonía de la muerte demorada por la radiación, nuestra especie aprendió una verdad aterradora: podía aniquilarse a sí misma con sólo pulsar un botón y esperar el silencio eterno.

Para Ibuse, sobrevivir no está muy lejos de haber muerto. Por eso esboza en Lluvia negra la historia de los Shizuma, una familia de un pueblo cercano a Hiroshima que, pese a sobrevivir a la bomba atómica, queda marcada para siempre por una precisa cartografía de la devastación, a caballo entre la enfermedad del cuerpo y la mutilación del alma. Shigematsu, porque resulta herido y manifiesta leves síntomas de la “enfermedad de la radiación”; su mujer Shigeko, porque asiste a los escenarios de la destrucción con aparente estoicismo; y su sobrina, Yasuko, en edad casadera, porque vive asediada por la incertidumbre después de que la lluvia tóxica le manchara la piel.

Aunque una parte mínima de la novela tiene como voz a un narrador omnisciente, lo más importante es el protagonismo de las palabras de las víctimas, ya sean las de Shigematsu o las del soldado Iwatake en su carta después de curarse milagrosamente. Esta vertiente testimonial de la novela, que no ahorra detalles por crueles, inhumanos y duros que parezcan, lejos de ser un lastre para la narración le otorga una terrible sobrecarga de realidad y crudeza que nos desarma como lectores, nos sobrecoge como personas y nos rebela contra la condición humana.

No deja de ser curioso comprobar cómo Ibuse, que trabajó como propagandista al servicio del gobierno japonés durante la II Guerra Mundial, utilice como detonante del relato el intento de Shigematsu de acallar los rumores sobre la salud de su sobrina. Al final lo de menos es maquillar la verdad o la mentira y averiguar si huyen o no todos los pretendientes de Yasuko. En el fondo, con Hiroshima ya se han hecho trizas todos los sueños del futuro.

Published in: Narrativa, Novela, Reseñas | on Noviembre 6th, 2009 | No Comments »

Los horrores del nazismo a través de la ficción

Las benévolas

Las benévolas

LITTELL, Jonathan

RBA, 2007

La historiografía y el testimonio (ver reseña de Si esto es un hombre, de Primo Levi) son el camino más corto para conocer los horrores del nazismo, pero hay otra posibilidad, muy arriesgada: dar rodeos en el espanto a través de la ficción. Es lo que hace Jonathan Littell en Las benévolas, novela ganadora en 2006 del Premio Goncourt, el más prestigioso de las letras francesas.

En una entrevista concedida a Babelia, Littell explica que su objetivo ha sido explorar “la naturaleza del crimen de Estado”.”En un mundo sin Dios”, advierte, “era difícil implantar un sistema ético y moral. Las ideologías vinieron a reemplazarlo, pero también fracasaron, así que ahora no tenemos nada.” A diferencia de Vida y destino, de Vasili Grossman (ver reseñas), cuyo vigor literario se asienta en la conciencia libre del ser humano más allá de la opresión y del espanto, Las benévolas apenas deja resquicio para la ética. Y esta desesperanza es la clave de la obra.

El narrador, Maximilian Aue, es un antiguo oficial de las SS que asistió al exterminio de los judíos durante el avance de las tropas alemanas durante la II Guerra Mundial y supervisó el funcionamiento de los campos de concentración como burócrata a las órdenes de Heinrich Himmler. Pasado el tiempo, nos desvela sus infiernos personales y airea la corrupción que había detrás de la aparente locura colectiva.

Dar voz a los asesinos a través de un personaje fascinante, culto, inteligente y refinado, al que resulta tan fácil comprender como execrar, nos recuerda un viejo dilema estético: ¿hasta qué punto podemos soportar la ausencia de arrepentimiento y expiación en una obra de arte? No olvidemos que Madame Bovary, de Gustave Flaubert, y Lolita, de Vladimir Nabokov, fueron cuestionadas por este motivo.

El peso de lo que sucedió y el alarde de documentación, que dotan a la novela de asombrosa verosimilitud histórica, menoscaban, sin embargo, la fluidez narrativa. Pese a construirla hábilmente como una suite barroca, con personajes y temas entrelazándose en un complejo contrapunto, Littell no siempre consigue remontar el vuelo. Se comprende que Mario Vargas Llosa haya dicho de Las benévolas que “es un libro extraordinario por lo que hay en él de cierto y verdadero y no por la muy precaria estructura ficticia y truculenta que envuelve a la historia real”.

Published in: Narrativa, Novela, Reseñas | on Septiembre 7th, 2008 | 1 Comment »

No son personajes, son seres humanos

Vida y destinoVida y destino

GROSSMAN, Vasili

Galaxia Gutenberg / Círculo de Lectores, 2007

El nacimiento y la muerte, la libertad y la sumisión, la conciencia y el poder, la verdad y la mentira, el progreso y la barbarie, el individuo y el Estado, la trinchera y el hospital, la fábrica y el hogar, los padres y los hijos, el pasado y el futuro… De todo esto y de mucho más nos habla Vida y destino, la obra cumbre de Vasili Grossman (1905-1964). Pocas veces se enfrenta el lector a tal densidad narrativa y aún menos se sumerge en un caudal de emociones tan intensas.

De forma similar a como hiciera León Tolstoi, sirviéndose de la invasión de Rusia por los ejércitos de Napoleón como inspiración para dar vida en Guerra y Paz a un cambio de paradigma en la Europa del siglo XIX, Grossman acude a la batalla de Stalingrado y la vida en la Rusia soviética para forjar una novela total, un compendio de las miserias y las luces del ser humano contemporáneo.

La magia literaria de Grossman arranca de la historia para alcanzar cotas insospechadas de universalidad y profundidad literaria. “Stalingrado se convirtió en la señal del futuro”, dice quien, habiendo sido rechazado como soldado, vivió como corresponsal junto al Ejército Rojo una de las batallas clave de la II Guerra Mundial. En efecto, fue allí, en febrero de 1943, donde se produjo un hecho decisivo, no sólo de la guerra, sino de toda la historia del siglo XX: la victoria de la Unión Soviética de Stalin sobre la Alemania nazi de Hitler tras más de siete meses de enfrentamientos. Apenas dos meses después de la entrada de EEUU en el conflicto, la primera gran derrota de Hitler fue el punto de inflexión de la guerra y significó el nacimiento de una nueva potencia mundial.

Vida y destino va mucho más allá de Stalingrado y de un retrato del régimen estalinista cuya influencia penetraba la vida cotidiana del ama de casa, la disciplina del frente, la rutina de las fábricas, la investigación en los institutos científicos. Y también va mucho más allá la supervivencia y la destrucción de los judíos en los campos de exterminio nazis y del horror de las cámaras de gas. Tanto tiempo después de la II Guerra Mundial, nuestras debilidades, nuestras inquietudes, nuestras injusticias, nuestros temores siguen siendo los mismos.

Más de ciento sesenta personajes aparecen y desaparecen de las más de mil cien páginas de Vida y destino. Con su estilo desnudo, a la vez poético y descarnado, con su asombrosa capacidad para arrojarnos a un amasijo de cuerpos mutilados por un bombardeo o para hacernos sentir cómo aman y desaman las víctimas de una guerra, Grossman consigue atrapar en sus personajes la vida de los instantes. Pero no nos engañemos: no son personajes, son seres humanos, como nosotros, que vienen del pasado y se proyectan hacia un futuro incierto.

Published in: Novela, Reseñas | on Julio 22nd, 2008 | 2 Comments »